Código Tlaxcala
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Congreso: Plantan Panistas a Carreón… y por Serafín Ortiz

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Agobiada Croniquilla de una Descortesía Inexplicable

*

Don Víctor Fernández arribó al congreso, acompañado de una hija y su guapo nietecito, poco antes de la hora anunciada.

Saludó afable en la puerta, donde se presentó a los reporteros.

Muy dueño de sí el nuevo secretario del PAN, con gravedad de hombre maduro, cae bien a la primera.

-¿Cómo se llama? –pregunto por el niño rubio que toma en brazos para la foto.

-El Temerario –devuelve con orgullo mal disimulado.

-Se le parece –piropea la fotógrafa.

-Pero mejorado –dice, y se sonríe.

Por si alguna duda había, quien guía a los dirigentes electos en su visita al congreso de Tlaxcala es… sí, el vocero de Adriana Dávila, Víctor Loranca.

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En el salón de sesiones, Salvador Méndez Acametitla está leyendo cuando entramos, el punto 6 del orden del día de la tercera sesión ordinaria del segundo periodo.

Se trata de un exhorto a la Junta Directiva de la UPT de Tepeyanco, el Gobierno estatal y el Órgano de Fiscalización, para “revisar el actuar del rector (Narciso Xicohténcatl) y del personal directivo, docente, administrativo y de servicios escolares de la institución”.

La Comisión de Educación que preside Armando Ramos busca que no quede impune el asesinato de un estudiante abusado por un profesor calenturiento. Al parecer, los directivos y los catedráticos de la UPT están encubriendo al abusador sexual.

Al parecer creen que encubriendo al asesino salvan el “prestigio” de esa universidad.

Para no variar, acaso envalentonados por el aval del sibarita Cristóbal Luna, que el lunes desautorizó la postura de Calyécac de hacer respetar el reglamento, la banda de los reporteros chifladores se da vuelo.

Todo porque el ex alcalde de San Pablo del Monte tiene una problemilla de orden físico que le impide leer con fluidez. Como sea, sirve de excusa a las ansias bulliyneras de los émulos de chiveros.

Lo mejor está por llegar, pues en el punto 7 la misma comisión abordará el asunto de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Tlaxcala (UPAET), una paráfrasis ideada por Serafín Ortiz de la poblana UPAEP.

*

En el Salón Blanco hallamos, sola y su alma, a la secretaría de la diputada Lourdes Huerta Bretón.

Hace rato que se venció la hora de la cita para presentar a los nuevos dirigentes del partido ante la bancada del PAN.

-Hola, ¿por qué tan sola? –pregunto.

-Hola. Ya ve –responde con amabilidad.

-¿Dónde están todos?

-Por a’i deben de andar.

-¿Que no es aquí la rueda de prensa?

-Pues sí –pasea ella la mirada por el cuarto vacío.

-No me diga que prefirieron quedarse a defender a Serafín… -pico.

-No sabría decirle… -algo confundida.

-¿Y Carreón?

-Acaba de bajar, debe estar en el salón de sesiones.

-Ah. No lo vi; voy a buscarlo –me despido.

*

Armando Ramos lee en tribuna un segundo exhorto a la SEPE sobre el caso UPAET, ahora para proceder contra la institución “patito” (el primero, durante la primavera, fue para investigar el nuevo negocio educativo de la familia Ortiz).

En efecto, a la puerta del salón de sesiones hallamos, solo también, a Carlos Carreón.

Aunque la cita lleva ya media hora de retraso, se lo ve sereno.

Con un fuerte apretón de manos rubrica nuestra autopresentación.

Imperturbable, el ex diputado accede a posar para la foto de rigor.

Debiera estar molesto, pero ni se le nota.

Lleva esperando casi una hora el flamante presidente electo.

*

En el salón de sesiones, la bancada del PAN se aburre: cinco escuderos sentados a espaldas del dueño de la cuestionada UPAET.

Nada hacen por cierto, pues su papel se limita a abstenerse en la votación.

Solamente Humberto Macías sube a tribuna para justificar su inacción.

Inopinadamente, el diputado por el XVIII distrito da razón a Armando Ramos y Florentino Domínguez, y se limita a solicitar a los partidarios de sancionar a la UPAET “fortalecer el dictamen”.

Nada que ver con la exaltada arenga del menor de los Ortiz Ortiz, que fiel a su costumbre tilda de ignorantes a sus críticos, aunque no responde en realidad a los graves cuestionamientos.

Para entonces Carreón y don Víctor han hallado refugio en el cubículo de Huerta Bretón, quien tampoco da señales de querer ausentarse del presídium.

Va para las tres de la tarde y los panistas son los únicos diputados que no se han levantado de sus asientos ni para ir al baño.

*

Aproximadamente a las 3 de la tarde, el pleno aborda los asuntos generales.

Nueva sorpresa: mientras Carreón se aburre en el cubículo de Huerta, ¡tres legisladores panistas piden, ahora sí, la palabra!

Lo que no habían hecho en toda la sesión, se les ocurre al final.

Justo entonces, nieto en brazos, reaparece don Víctor Fernández en la puerta del salón de sesiones.

-¿Ya vio, don Víctor, que tres panistas se apuntaron para asuntos generales? –pico.

-Vamos a ver –responde sin perder nunca la calma, e ingresa tomado de la mano del querubín.

-¡Mándelos al cuerno! Qué les costaba salir tres minutos a recibirlos, si ni siquiera votaron ni subieron a tribuna –sugiero con malicia.

COLOFÓN

-¿Sigue aquí Carreón? –pregunto en el cubículo de Huerta.

-Sí. ¿Para qué? –una secre.

-Quiero preguntarle si a los diputados del PAN les importa más la UPAET de Serafín Ortiz que sus nuevos dirigentes.

-Es que ahorita está muy ocupado.

-¡Pero qué tan ocupado puede estar si lleva más de dos horas esperando! –replico.

Sonríe con nerviosismo.

-¿Podría preguntarle si quiere recibirme? –entregando mi tarjeta.

Desaparece la secre de Huerta.

Pasan los minutos y no sale de la oficina.

A través del cristal exterior, veo a la hija de don Víctor con una expresión francamente molesta en el rostro. La dejaron afuera, con las secretarias.

“Debe ser por el plantón”, me digo.

Son ya las tres y media cuando emprendemos la retirada.

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