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The Duke

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Boda con Josephine Alicia, en casa de la actriz Loretta Young
Boda con Josephine Alicia, en casa de la actriz Loretta Young

“Todos los mexicanos son iguales: un beso, ¡y ya están sonando los violines!”, dice Jennifer O’Neill al grandote John Wayne (193 cmts) mientras mira de soslayo a Jorge Rivero que se aleja pistola en mano entre un chaparral de mezquites. En Río Lobo (1970), peli que cierra la trilogía de Howard Hawks iniciada con Río Bravo (1959) y proseguida con El Dorado (1966).

El pasaje ilustra la estrecha relación entre Marion Mitchel Morrison -alias John Wayne y The Duke, este por el nombre de su perro alredale terrier- y México.

Wayne (26 mayo 1907-11 junio 1979) es campeón eterno de protagónicos de Hollywood con 142 de un gran total de 153 papeles, 20 de los cuales bajo la conducción de John Ford (La diligencia, Centauros del desierto, El hombre tranquilo, Río Grande, La legión invencible, El hombre que mató a Liberty Valance, Fort Apache, etc.). Se hicieron amigos en el plató de la filmación de ¡Madre mía! (1928), cuando el entonces novel director planteó al joven ayudante de los estudios Fox un reto de futbol americano que terminó con el malhumorado cineasta en el piso. Entre otras curiosidades de un pionero ejemplar que no quiso ser candidato a la presidencia de Estados Unidos, John Wayne (nombre que le dio Raoul Walsh al confiarle en 1930 el protagónico de The big trail, el primer western épico sonoro)compartió en The lawless frontier (Bradbury, 1934) créditos con un tal… Buffalo Bill jr.

Todo el futuro John Wayne está en La última frontera, un filme rudimentario cuya primera escena es un reward de 5 mil dólares por la captura vivo o muerto de Pandro Santi (“se viste como mexicano y habla su lengua, pero no es mexicano”), un acusado de robo de ganado y asesinato que mató a la familia de John. Sobre todo, en la secuela memorable cuando recoge al galope a Rubí y se cuelga luego de un árbol a fin de sorprender a los perseguidores saltando sobre el último jinete; y así, tras frustrar la persecución contra la chica y el abuelo, el héroe se tira a un río desde un barranco con todo y cabalgadura. Finalmente, claro, conseguirá el hombrón irlandés noble y valiente como nadie, hacer brillar la justicia…

wed22Con primer hijo de Josephine, Michael Wayne

AMORES LATINOS

Afirma Fátima Uribarri que The Duke prefería a las mujeres “latinas, vivas y raciales”, tras recordar que lo pretendieron sin éxito Joan Crawford, Susan Hayward, Marlene Dietrich y casi seguramente Maureen O’Hara (cuya amistad fue tan cercana que el público llegó a creer que eran pareja). Sus matrimonios posteriores confirman tal opinión. En efecto, The Duke se enamoró siendo estudiante presbiteriano de derecho en la Universidad del Sur de California de una panameña católica de 15 años e hija de un cónsul, Josephine Alicia Sáenz (1909-2003), con quien casó en 1933 y procreó 4 hijos aunque se acabaron divorciando en 1944. Su segunda esposa fue una mexicana culta y otélica, Esperanza Baur; y la tercera Pilar Pallete, una peruana que hacia la época en que se conocieron ignoraba quién era su famoso pretendiente.

La mexicana, cuyo nombre real era Esperanza Díaz Ceballos (1924-1961), fue actriz segundaria en películas como Guadalajara(1943), El Conde de Montecristo (1942), Luz en mi camino (1939),La Valentina (1938) y Jalisco Nunca Pierde (1937), entre otras.Esta mujer apodada La Chata conoció a The Duke en 1941, durante unas vacaciones pasadas por el actor en Ciudad de México; y se casaron en 1946, veintiséis días después del divorcio del centauro del celuloide. No tuvieron hijos, circunstancia que agravó el talante celoso de la mexicana, quien murió de un ataque al corazón en 1961. “Nuestro matrimonio era como sacudir dos sustancias químicas volátiles en un frasco,” contó The Duke a posteriori.

Pilar era hija de un senador; y cuando conoció a Wayne en 1953 –quien a la sazón buscaba locaciones en Perú para El Alamo– se hallaba casada. La mujer de 25 años con pretensiones de actriz viajó semanas después, presuntamente para copiar una película, a Los Ángeles, donde se reencontró con el hombre del que al cabo enviudaría. Se casaron en 1954, días después -menos que los mediados entre el divorcio del primero y el segundo matrimonio- de concretarse la viudez del actor de 47 años,  y con ella procreó otros tres hijos.

w222Con Esperanza Baur. (dukewayne.com)

ESTAMPA WINCHESTER

Dos biógrafos, el español Juan Tejero (John Wayne, el vaquero que conquistó Hollywood, 2007) y Scott Eyman (The life and legend, 2014) coinciden en la primacía de The Duke en el afecto del pueblo norteamericano desde aquel momento crucial cuando, enLa diligencia (Stagecoach, Ford, 1940), Ringo Kid hace girar como una pistola el Winchester en una de sus manazas en respuesta al amago de arresto de Rizado Curly.

Tal gesto disipó la intención de los estudios de ofrecer el papel a Gary Cooper. No obtuvo un Oscar personal porque hubo de competir con Lo que el viento se llevó; pero Wayne se abrió a partir de entonces un ancho camino hacia millones de corazones. “Es un símbolo de América. Es algo más que una estrella de cine, está asociado con América misma”, ha resumido Eyman. Y Tejero:“Wayne no ha tenido buena prensa entre los intelectuales, pero la gente siempre lo ha querido”. La eterna discrepancia entre los amantes del poder y la gente sencilla, en suma.

vdeeLa Chata y The Duke. (dukewayne.com)

Coinciden todos los testimonios sobre algunos ejes básicos de quien primero fue bautizado Marion Robert (cambiado después por Marion Mitchel, a fin de reservar el Robert para un hermanito). Fue niño sereno que resistió con estoicismo las burlas por el femenino Marion; adolescente obediente y disciplinado en los duros trabajos de la granja familiar, en el desierto de Texas; emprendedor y solidario jugador de futbol americano que perdió la beca tras lesionarse; empeñoso extra de cine que con perseverancia alcanzó el éxito, pese a lo cual siguió siendo el mismo sujeto de siempre. “No es suficiente que un actor diga sus frases. Al público le tiene que llegar algo más, algo que no puede crear un director: la cualidad de ser un hombre real”, explicó Ford acerca del inigualable impacto conseguido por el hijo de un empleado de farmacia y una madre egoísta y neurótica que se elevó desde una infancia muy modesta hasta la cima del estrellato.

Algunos críticos han enfatizado inútilmente sus divorcios y las infidelidades propias de los sets cinematográficos; al final, sin embargo, su autorretrato sigue siendo bastante fiel al niño grandote en el que tantos nos vimos reflejados en las pantallas.

EL ALAMO

Para 1956 era ya The Duke el actor mejor pagado del mundo, dueño de un contrato de dos millones de dólares por cuatro películas, según Fátima Uribarri. Pero un lustro después lo arriesgó todo en un largometraje de 202 minutos producido y actuado por él mismo para UA: El Alamo, epopeya monumental sobre la independencia de Texas, con Laurence Harvey (Col. William Travis), Richard Widmark (Col. Jim Bowie), Richard Boone (Sam Houston) y Frankie Avalon (Smitty) como coprotagonistas.

wdwdwdPilar, belleza peruana. (dukewayne.com)

Media familia de The Duke colaboró en el proyecto. Reservó para sí el papel del coronel Davy Crockett, e incluyó en el reparto dos vástagos: Patrick, hijo de Josephine Alicia, como el capitán James Butler; y Aissa, hija de Pilar, como Lisa Angelica Dickinson. Participaron además como extras (sin créditos) Pilar y Toni. Michel Wayne, el primogénito del actor, la hizo de productor asociado y primer asistente de producción.

Participaron por supuesto numerosos actores y extras latinos: Carlos Arruza (Lt. Reyes) y Ricardo Padilla (Santa Ana); Julián Treviño (Silvero Seguin), Rogelio Estrada (muchacho mexicano), Rosita Fernández (cantinera), Ediee Jáuregui (tennessean), Antonia Morales (mujer mexicana) y Ray Ochoa (uno de los hombres de Bowie). Por allí se ve (en una escena inicial) a Julio Aldama. En los papeles de charros de Bowie, aparecen Vicente Castro, Raúl de Luna, Miguel Garza, Yndalecio González, Lupe Reyes, Cruz Rodríguez, Eleno Rodríguez, Ricardo Rosales, Alberto Sandoval, Guadalupe Santoya, Martín Torres, Efraín “Maldonada”, Jesse Valdez y Manuel Farías.

Santa Ana es retratado en la epopeya como un tirano ególatra a cuya opresión opone un puñado de texanos las armas de la rebelión. La película fue nominada a siete Oscar, pero sólo ganó el de sonido.

dveeFoto de boda con Pilar Pallete, 1954. (dukewayne.com)

LA GRAN C

Cuando por fin la academia le concedió un Oscar por True grit, en 1969, The Duke estaba tocado, pues desde 1964 el cáncer le había cobrado un pulmón izquierdo y parte del derecho, más una costilla. Logró la codiciada estatuilla por su mítico papel de un marshall tuerto aunque sensacional con el revólver, mascador de tabaco y bebedor como en la vida real, lacónico e inclinado a evitar problemas pero que -en palabras de Tejero- “si no queda más remedio se levanta y dinamita a los malos”.

Tengo la gran C, pero he vencido al hijo de puta», había expresado años atrás el cowboy invencible durante una comparecencia pública en la que anunció su regreso a las pantallas en otro western: Las cuatro hijas de Katie Elder (Henry Hathaway, 1965). En respuesta, en el transcurso de las semanas siguientes el actor recibió más de 50 mil cartas de apoyo. Hasta ese año, The Duke había generado para Hollywood arriba de 400 millones de dólares, más que ninguna otra estrella del celuloide.

wdwwd3Con bebé Marisa, en 1966. (www.pinterest.com)

MÁCULA

Una supuesta mácula en la vida de The Duke fue no haberse alistado en ninguna guerra (alegó una incapacidad auditiva), a pesar de su anticomunismo y patriotismo. Fue un republicano activo, presidió tres veces la Alianza Cinematográfica para la Conservación de los Ideales Norteamericanos, defendió la intervención gringa en Vietnam y dirigió e interpretó el filme apologético Boinas verdes; aunque es un hecho comprobado que jamás testificó contra ninguna figura de Hollywood durante la caza de brujas del macarthismo. El partido conservador le ofreció varias veces la candidatura presidencial, mas la rechazó por pensar que nadie se tomaría en serio a un simple actor (y sin embargo apoyó al también actor Ronald Reagan, para Gobernador de California). Pese a todo, su inasistencia al frente fue una losa en la vida de The Duke. Lo acusaron de hipócrita y de aprovechar la ausencia de otros actores como Henry Ford, James Stewart, Clark Gable y Tyrone Power, para predominar en las carteleras.

Los críticos olvidan acaso que finalmente The Duke era un simple actor bondadoso: tal vez no habría podido asesinar a un hombre de carne y hueso en la vida real, él que tantos malhechores liquidó -siempre lealmente- en las pantallas.

El pasado fin de semana volví a cabalgar con John Wayne. Hoy desperté con una antigua sensación de libertad y quise pergeñar esta nota de agradecimiento.

BUSCAPIÉS

Agrego al sueño de la cabalgata con John Wayne un desasosiego.

Sigo conmovido por la agresión contra Ana Gabriela Guevara en el Edomex que gobernó Peña Nieto, gobierna su correligionario Eruviel Ávila y donde según las malas lenguas meta-manda Don Carlos Salinas de Gortari. La atacaron “escoltas”, una profesión francamente delictuosa en México, donde parecen actuar al margen del estado de derecho lo mismo el seudo “justiciero” de la Narvarte, el #LordFerrari, los policías, los jueces, losmilitares y ahora éste tipejo, en fin, sobran ejemplos.

Desconcierta sobre todo una corriente en Twitter y Facebook que en vez de mostrar empatía con la mujer herida le espeta parecer “marimacha”, como si el fenotipo fuese algo malo que las personas pudiesen elegir. Ninguno de los agresores mediáticos de la atleta infinitamente superior a ellos por sus logros personales, al menos en lo que leí, expresó pesar además de tal desprecio por las mujeres del tipo “hombruno”. ¿Y qué si fuera gay?

Lo dije y lo repito: esta clase de prejuicios -reiterados en el desprecio hacia homosexuales, la marihuana, etc.- deben tener un fondo común que sólo puede consistir en la educación. Y son, por cierto, prejuicios compartidos por la iglesia católica de México. Insisto: nuestro verdadero libro de texto, donde aprendimos a pensar, es el Catecismo de Ripalda. Prueba de ello es que los mexicanos podremos no saber multiplicar ni entender lo que se lee; pero eso sí, todos nos sabemos sin saber siquiera cuándo ni dónde lo aprendimos, los primeros recitativos recomendados por el evangelizador vasco e inquisidor de la Nueva España: “Padre nuestro que estás en los cielos” y “¡Ave María!, llena eres de gracia”. Seguramente se los sabe el delincuente de marras. ¡Ah que sí!

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