Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Los Buenos Deseos

47

Cuando se acerca el final de un año, es inevitable el percibir sentimientos encontrados: por un lado, la satisfacción y la felicidad que nos causa el haber logrado las metas planeadas, el disfrute de la fiestas decembrinas y el cúmulo de propósitos que avizoramos para el nuevo año; y, por otro lado, ese sabor de nostalgia que nos deja la conclusión de un lapso que nos dejó huellas de hechos que fueron placenteros.

Desde luego, los seres humanos tenemos el privilegio y la capacidad de poder diferenciar entre lo uno y lo otro, de reflexionar y valorar, bien sea para templar ánimos y reiniciar proyectos, o bien para disimular emociones y buscar el equilibrio entre lo terrenal y lo espiritual. Después de todo, la vida entraña una gama de posibilidades.

Sin duda habremos de hacer un balance de lo que realizamos o dejamos de hacer en este año que está por finalizar. Hemos alcanzado logros e ideas tangibles, pero también se van muchas de las expectativas no cumplidas; han sido 12 meses de sorpresas, retos e innumerables cambios en nuestra vida cotidiana.

Muchos de nosotros nos sentimos satisfechos, pero otros no, porque han sido tiempos difíciles donde todos participamos y donde muchos ganamos y perdemos, es la ruleta de la vida. Pero hemos salido adelante gracias a nuestro desempeño en conservar la tranquilidad y la calma para resolver los tantos problemas que nos afectaron durante este año.

Es por ello que en esta temporada es necesario que los seres humanos nos reconciliemos con la vida y abramos las puertas a Dios y al amor. Hay destellos de alegría, crece la solidaridad, se comparte en familia y somos más sensibles.

Aunque reinen el consumismo y lo superfluo, esta época saca lo mejor de muchas personas. Navidad es llenar de amor cada espacio y cada instante, sobre todo en el hogar. Una de las sabias enseñanzas de esta temporada pone de relieve una virtud escasa: la humildad. Esa que nos ennoblece cuando somos sencillos y no despreciamos a los otros.

Nuestra Navidad será feliz si irradiamos la entrega y la generosidad. Si damos gracias por una mano amiga, un consejo oportuno, una ayuda generosa y tantos gestos de auténtico amor. Pensemos en los seres que nos han sostenido y orientado durante este caminar. Valoremos los detalles aparentemente insignificantes y cambiemos las quejas por una gozosa gratitud.

Y para el fin de año, hagamos el firme propósito de cumplir con algunos anhelos postergados, cambiar aspectos de nuestra vida que necesitan renovarse desde hace tiempo. Quizá la partida de este 2016, que para la gran mayoría de mexicanos ha sido muy pesado, nos ayude a reflexionar sobre nuestros deseos. Puede que al echar un vistazo a los meses que estamos dejando atrás, nuestro corazón sepa apreciar las cosas que importan y que nuestras intenciones no se centren en cuestiones materiales. Prometámonos esas cosas sencillas: encontrarnos con aquellos buenos amigos que no vemos desde hace tiempo, escuchar con cariño y atención las anécdotas de los amigos y familiares que no se cansan de repetir; estar más cerca con los seres queridos, saludar a esa persona que solemos ignorar, recordar a nuestros familiares cuánto los amamos; tomarle el gusto a estar vivos.

Finalmente, quiero en estas festividades de análisis y reflexión, desearles que el Señor Nuestro Dios los colme de bendiciones a todos ustedes junto con sus familias. Que el próximo año sea próspero, de dicha y felicidad, y que todos sus más fervientes deseos se cumplan dentro del margen de la amistad, la paz y la prosperidad.

Alimentemos nuestro espíritu para que los dulces que compartamos en la mesa sean más dulces. Aferrémonos a la común esperanza de que el nacimiento de Jesús y la llegada del 2017 nos traigan días mejores.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

Comentarios
Cargando...