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Si no Tuvieras Miedo, ¿qué Estarías Dispuesto a Hacer?

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Hay emociones como el miedo que de tan presente en nuestras vidas nos hacen creer falsamente que así somos y no podremos cambiar; por lo tanto, nos resignamos a vivir con tal sentimiento. La definición que maneja la Real Academia Española dice que el miedo es la angustia por un riesgo o un daño real o imaginario. También define que es el recelo o la aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Al confirmar lo que sentimos, de acuerdo a la definición, podremos decir que cada uno de nosotros tiene miedo de algo, afectando nuestras vidas y limitado nuestro crecimiento como seres humanos, en nuestras relaciones personales y en el disfrute de la vida.

Te pido que te hagas la siguiente pregunta: si no tuvieras miedo, ¿qué estarías dispuesto a hacer?

En estos momentos podrás decir que no has hecho muchas cosas porque no tienes tiempo, que las circunstancias no se han dado; pero si te sinceras contigo mismo, en el fondo sigue existiendo el deseo de hacerlo. Por tanto, ¿podría caber la posibilidad de qué todo lo que no has hecho en la vida es por un miedo escondido?

Si crees que es así, no te debes sentir mal. Recordemos que desde pequeños fuimos educados bajo la estructura del miedo y el castigo, pues no es muy usual que los padres le digan a sus hijos pequeños: “Hazlo, arriésgate”. Las palabras acostumbradas son aquellas que nos limitan; ten cuidado, no lo hagas, te vas a lastimar, te vas a caer, te dolerá, etcétera, etcétera.

El psicólogo argentino Bernardo Stamateas describe el funcionamiento del miedo como un círculo que se alimenta de sí mismo; inicia cuando damos rienda suelta a nuestra mente, imaginando los peores escenarios, y al continuar con esos pensamientos activamos más intensamente la percepción negativa de la realidad, distorsionándola. El miedo hace que nos volvamos torpes, que la voz se aflaute, y los nervios se activen, que suden la frente y las manos, que el corazón se aceleré.

Juntas, estas respuestas corporales harán que, efectivamente, se cumpla lo que desde un principio pensaste que iba a suceder. En ese momento sucederán dos cosas: te paralizas o te aceleras. En el caso de que te aceleres, en la mayoría de los casos el miedo te hará huir hacia el lado equivocado. Todo este proceso genera en nosotros una experiencia, la cuál quedará grabada en nuestro cerebro formando lo que se llama “mi primer recuerdo”, re-vivido cuando te enfrentas a una situación similar.

En todo este proceso perdemos de vista todo lo nuevo, la mejor gente, el mejor negocio y las mejores oportunidades que están por venir.

vbvvb(holisticaemocional.com)

Bernardo Stamateas opina que no es un miedo a lo desconocido, que es miedo a perder lo conocido -y por tanto nos ofrece algunas recomendaciones.

Uno. Aprendamos a eliminar los miedos tóxicos y reemplazarlos por emociones verdaderas. Cuanto más pienses en una cosa, más pasará a formar parte de tu realidad. En lugar de decir “tengo que dejar de pensar en esa idea”, directamente remplázala por otra positiva; en vez de pensar en que no vas a ocultar tus emociones, puedes decidir: “Voy a expresar mis temores correctamente”.

“No podemos modificar las conductas de los otros; pero sí tener dominio sobre nuestras conductas y nuestra mente”.

Dos. Confiemos en nosotros mismos. Evaluemos las capacidades de cada uno en su circunstancia, pues al identificar tus puntos fuertes y la situación en la que te mueves, tu sentido de autoconfianza crecerá y eso afectará de manera proporcional la conducta y la forma de afrontar los miedos y las inseguridades.

vs(entredoslineas.com)

Tres. Reconozcamos que tenemos miedo; no le tengamos miedo al miedo. El miedo indica que estás haciendo algo nuevo, que estás saliendo de tu comodidad y estás aceptando un desafío nuevo para tu vida. Cada desafío nos permitirá dar un paso más grande que el que ya hemos dado, nos hará hablar y hacer lo que nunca hemos hecho. Avanzar significa no tener miedo, sino ir hacia lo nuevo a pesar de los temores que podamos sentir y saber que con o sin miedo seguiremos adelante.

Cuatro. Generemos pensamientos de acción. En primer lugar haz una lista de tus miedos, y luego agrégale una acción posible de tu parte. Se trata de hacer un inventario de todo lo peor que te podría pasar y, paralelamente, generar pensamientos de respuesta. En lugar de permitir que el temor dispare nuestra imaginación, comenzaremos a elaborar pensamientos de solución.

Cinco. Afirmemos nuestra estima, creamos en nosotros mismos.

Seis. Decidamos compartir nuestra vida. Algunas personas viven refugiadas en sus miedos, pensando solo en sí mismas y en sus propios temores; así es como los síntomas crecen en quienes no pueden aprender a sacar algo de sí mismos y compartirlo con otros.

El miedo lo que hace es transmitirnos un mensaje interno: “Estas saliendo de tu zona de seguridad”. Hasta ahora lo que has hecho te ha mantenido a salvo, no has arriesgado nada, pero tampoco has logrado nada, porque para lograr algo en la vida hay que arriesgarse.

La vida es hermosa y emocionante, pero hay que animarse a correr riesgos aunque asuste.

Espero que estos consejos te ayuden a trabajar en tu persona y puedas fortalecer la mejor versión de ti.

Santo Tomás de Aquino resumió el tema en esta sentencia: “Conócete, acéptate, supérate”.

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