Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Egon Schiele y el Cuerpo Como Mensaje

80

La mirada que proyecta el pintor desde su retrato traspasa la materia y cobran vida esos ojos orgullosos, melancólicos y tristes. Hay una zozobra permanente en esos cuerpos que Egon Schiele pintó para cada uno de sus modelos, ahora habitantes del mundo sempiterno de la obra artística. Hay una inquietante verdad en esa fealdad hecha arte que encamina a pensar más allá de ese cínico estilo descarnado. Nos orienta a ver que tras la estética particular, esos cuerpos gritan angustia.

Tenía 28 años cuando una gripe lo postra en una cama y en poco tiempo le arrebata la vida un 31 de octubre de 1918, tres días después de que su esposa Edith Harms falleciera por la misma enfermedad. Su muerte estuvo enmarcada, además, por la caída de un antiguo sistema, la del imperio Habsburgo, que deja a Viena a la expectativa del avance de nuevo siglo.

Egon Schiele (Tulln, Austria, 1890), un artista que vivió en la ebullición de la era industrial moderna, se desarrolló en un ambiente en el que los motores, el vapor de las fábricas y el ferrocarril eran los ritmos que movían a la gente. Pero aún en ese mundo, Schiele se atrevió a explorar el lado erótico de los cuerpos marginados en una sociedad conservadora y reprimida.

Con la precocidad del genio, Schiele muy pronto en su vida conoció la tragedia y se alimentó de ella. Adolf Schiele, su padre, enloqueció a causa de la sífilis. En una silla de ruedas, intentó suicidarse en Navidad ante los ojos de su hijo, quien días después, en año nuevo, velaría sus restos.

El joven artista viviría bajo la mirada de la enfermedad. Al igual que dos hermanas que sobrevivieron, fue parido por una madre también enferma de sífilis, que por años dio a luz hijos muertos. La enfermedad de sus padres fue como una predisposición a su forma de comprender el mundo.

El cuerpo de su madre, marchito y enfermo, sería por años su obsesión. El misterio de la maternidad y la vida -pero también de la decrepitud y muerte- fue su proyecto de investigación creativa.

Totes Mädchen acuarela 1910. es.wikipedia.orgTotes Mädchen acuarela 1910. es.wikipedia.org

La producción artística de Schiele fue de sólo diez años, pero esta abarca 334 óleos y 2.503 dibujos. Realizó retratos, paisajes naturales y urbanos, aunque fueron sus retratos los que lo hicieron famoso. Acuarelas en las que aparecen mujeres desnudas frente a un espejo, despojadas de la ropa y también de la voluptuosidad de los cuerpos de las damas burguesas.

El pintor buscaba para sus acuarelas cuerpos descarnados, marginados, extraídos de la rudeza de la calle. Fueron prostitutas, jóvenes proletarias, niñas las que él prefería para sus pinturas, situación que lo llevó a la cárcel. Una de sus modelos favoritas fue su hermana menor, Gertrude, que se prestó dócilmente.

Cuerpos andróginos, liberados de los corsés y de la ropa incómoda de la época, fueron los que el pintor prefirió. Cuerpos jóvenes y flacos, a veces con marcas, frágiles casi a punto de romperse, pero al mismo tiempo en tensión, guardando en su sexo el lujurioso fruto, rojo, voraz y violento.

En el retrato “Schiele dibujando a una modelo desnuda, ante el espejo”, de 1910, se aprecia también la obsesión que el artista tenía por captar espacios y tiempos distintos al de la realidad común. A través de espejos pudo lograr una mirada que se quiebra, se alarga y se hace más compleja.

La modelo de pie frente al espejo, posando con una erótica postura, se muestra casi completa mientras está abstraída contemplando su cuerpo, ignorante de que es vista, porque ella misma es su principal observadora. La imagen de la mujer que está desnuda frente al espejo y al mismo tiempo dando la espalda, mientras el pintor la inmortaliza, nos convierte, cuando lo vemos, en el espejo en el que ellos se miran, capaces de ver lo que hay en su interior. “Todo está dentro de mí, pero nunca lo mostraré todo a la vez”, dijo el pintor una vez, por eso era necesario que recurriera a la mirada ampliada y quebradiza de un espejo.

Schiele es un pintor que a pesar de su prematura muerte no deja de ser controvertido, incapaz de dejar indiferente a nadie con su obra, tan llena de obsesiones por su fascinación con la muerte y el erotismo, obsesiones que sólo a través del cuerpo humano pueden apreciarse, ya que “el cuerpo es una herida”, escribió Werner Hoffman. Una herida que nos revela una parte del alma humana.

- Publicidad -
Comentarios
Cargando...