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Septiembre 2017, la Nueva Independencia

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Septiembre, Mes de la Patria. Y, sí. Septiembre, desde 1810, proyectó para el futuro, el nacimiento de un país con un pueblo indómito.

Dígase lo que se diga, desde la época prehispánica, los pueblos que eran sometidos por otros más poderosos, lo eran durante un tiempo, pues siempre estaban al asecho de la primera oportunidad para liberarse del yugo que les era impuesto. En la época colonial, hubo decretos del Rey español que fueron dados a conocer en Nueva España y demás Virreinatos y dominios españoles, mediante una fórmula que ayudó a mantener la gobernabilidad de las colonias: “Obedézcase, pero no se cumpla”. En la Independencia, la Reforma, el Porfiriato, la Revolución, la Postrevolución y el siglo XXI, hay leyes que fueron y son letra muerta, para “no despertar al México bronco”.

Las mexicanas y mexicanos han aprendido a construir sus propios espacios de libertad, a pesar de tenerlos vedados. Así ha sido a lo largo de toda su historia, evidenciado a través de su música, de su poesía, de su pintura, de su escultura y de usos y costumbres que han sobrevivido a través del tiempo, a pesar de prohibiciones expresas o tácitas, que incluso la propia Iglesia Católica, con todo su poder político y espiritual, surgido desde la época colonial, nunca los pudo suprimir.

Ahora, con tres terremotos de graves consecuencias, vividos en el mes de septiembre, uno en 1985 y dos en éste 2017, volvió a resurgir ese espíritu indómito de las y los mexicanos.

Se desempolvó la solidaridad nacional, en el sentido más nítido de Nación, en tanto mexicanas y mexicanos, somos y nos identificamos como personas de un mismo origen étnico que compartimos vínculos históricos, culturales, religiosos, etc., que tenemos conciencia de pertenecer a un mismo pueblo o comunidad, hablamos el mismo idioma y compartimos un territorio.

Lo anterior con las acotaciones de que México, tiene un origen pluriétnico y por lo tanto hablamos más de un idioma y tenemos más de una religión, como está plenamente reconocido constitucionalmente, lo que constituye, sea como sea, una garantía para todas y todos los que habitamos en México país.

Y volvió por sus fueros, lo que se ha denominado genéricamente, “sociedad civil”. Es decir, ciudadanas y ciudadanos, aprovechando la coyuntura y las circunstancias nacionales, nuevamente a través de las redes sociales lograron empujar ahora, en septiembre, a los partidos políticos, a la reducción obligada de sus participaciones multimillonarias.

Tal logro, que desde luego hay que esperar a que se materialice en los hechos, en tanto estamos hablando del presupuesto 2018 y por lo tanto, esa sociedad civil, tiene que mantener la fuerza que logró la toma de dicha decisión, hasta su consumación y aplicación en las entidades afectadas por los sismos.

A la par, estamos viendo a esa misma sociedad civil, que se está dirigiendo a las comunidades afectadas, a entregar directamente a las mexicanas y mexicanos de carne y hueso, su ayuda, para que tome agua, se alimente, se cobije, se vista y se asee.

Las dos acciones apuntan a servir a nuestros compatriotas, para que se levanten y nuevamente se pongan de pie, para seguir adelante, a pesar de todo, a pesar del dolor por haber perdido algún ser querido y perdido también, el patrimonio construido con tanto esfuerzo y sacrificio.

Ahora, esa sociedad civil tiene que darse cuenta que si tiene poder, que siempre lo ha tenido, y para ejercerlo, tiene que participar, hacerse escuchar, organizarse y dirigir a los poderes, tanto los legalmente constituidos como los que actúan al margen de la ley y aún, a los que actúan en contra de la ley, a su participación en México, de manera pacífica y legal.

La sociedad civil, puede lograr, como ha logrado otras muchas conquistas que hasta el siglo pasado parecían imposibles, que se restablezca la paz y que ya no haya una impunidad tan rampante tanto en la esfera pública como en la privada y en la social. Si se restablece la paz y se va reduciendo la impunidad, México podrá ver su horizonte cercano e inmediato, prometedor.

Este horizonte prometedor de paz y de justicia necesaria y vital, no depende de un hombre o de una mujer, depende precisamente de “esa”, de “esta” sociedad civil que está participando, que se está organizando, que se está haciendo escuchar, sin marchas ni plantones, sin violencia, simplemente, haciendo, dirigiendo esa acción en beneficio de todas y todos los mexicanos.

Septiembre, Mes de la Patria. La Patria es esa, esta sociedad civil, todas y todos los mexicanos, capaces de hacer posible un México en paz y justo, independiente de la violencia y de la corrupción.

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