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Psicología del Abuso de Poder: la Iglesia y el Ejército

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Miguel Wiñazki /Clarín (Argentina), 19 Ene

En un texto clave de Sigmund Freud; “La Iglesia y el ejército, dos masas artificiales” se abre una compuerta para pensar en el vínculo psíquico y político que une respectivamente a clérigos y a militares. Todo funciona según un lazo de sometimiento a las jerarquías. La clave profunda de las relaciones humanas en esos espacios es la sumisión a los altos mandos.

Se instituye una pedagogía del sometimiento. Para perdurar y para avanzar en el escalafón jerárquico hay que obedecer. La pasividad del sometido va revirtiéndose con el tiempo: el sometido se convierte en sometedor cuando asciende. Los integrantes de los rangos inferiores se dejan mandar, y los jerárquicos que han sabido tolerar esa violación que implica obedecerlo todo, pasan a comandar luego la tropa en base a la potencia acumulada tras el aguante de la subordinación.

Se accede al poder después de haberlo sufrido como opresión.

Ese verticalismo arraiga en una falta de libertad esencial. Obedecer primero para mandar luego, esa es la cuestión.

La Iglesia y el Ejército se organizan desde la jefatura. Allí no hay institucionalización sin jefe.

La historia de las jefaturas en la Argentina requiere una lectura en clave de esas organizaciones.

Perón fue militar, ungido general, y máximo líder de la historia contemporánea del país. Y el Papa es argentino, lo que de ningún modo es un dato menor para entender a ésta sociedad.

La Argentina incubó un Pontífice y eso indica una voluntad de poder conjunta y revela también el potencial teológico político de un cuerpo social que ve como un nativo nacido en Flores se sienta en el trono evangélico imperial de la Iglesia católica.

El papado es la única monarquía eficiente por sí misma del planeta. El Pontífice es elegido por un colegio de pares, y luego, a diferencia de los otros modelos monárquicos existentes aún en el mundo; el Papa reina y también gobierna.

Su magisterio es amplio y es arduo, pero no puede resolver con sermones las heridas de los abusados.

Esa es su Cruz.

Hay algún tipo de distorsión psíquica profunda en ciertos espacios de la iglesia en los que se confunden las jerarquías intra institucionales con el derecho al abuso y la pedofilia.

En Chile el Pontífice pidió perdón por los abusos y defendió al obispo Juan Barros acusado de encubrir a un pedófilo serial; el padre Fernando Karadima.

Es necesario analizar el origen y el alcance de esas perversiones que son manifiestas.

La historia del imperio político abusador de los señores feudales en la Argentina está asociado al vínculo de la cruz y la espada aunadas para conquistar y construir el sistema político latinoamericano.

La psicología del abuso de poder se ha extendido, ha desbordado a la iglesia y al ejército y se ha propagado hacia los sindicatos, otra rama en la que las jefaturas son eternas y abusivas.

Las barras bravas son un ejemplo de grupos verticalistas donde la lucha por la jefatura admite cualquier dislate, incluyendo el asesinato.

El modelo vertical de las pandillas continúa vigente en ciertas formas de militancia, en esas “Iglesias” con jefaturas tácitas o explícitas.

La Cámpora tuvo y tiene un jefe; Máximo Kirchner. Militar en La Cámpora ha sido decirle que sí a Máximo.

En diversas provincias argentinas con feudos eternos como San Luis o Formosa, los jefes políticos lograron instituir la creencia de que son ellos los abastecedores excluyentes de las necesidades de sus subordinados que a cambio de esa deuda de gratitud le prodigan alabanzas, votos y más poder.

Los presagios se diluyen en perplejidades.

Muchos analistas auguraron el fin de los feudos, que sin embargo persisten e insisten manejando provincias enteras a su antojo.

El sistema judicial tampoco es ajeno al efecto infeccioso producido por la bacteria originaria del abuso de poder y aún quedan muchos magistrados que mantienen la astucia de acoplarse pasivamente a los vientos políticos que corren.

En el ámbito psicosocial de los órdenes jerárquicos con jefaturas verticalistas hay una base profunda que posibilita la distorsión delirante de la convivencia: el miedo.

El jefe es temido. Y hay diversos casos históricos de luchas masivas para imponer caudillos temidos y temibles en el poder.

El caso de Hugo Chávez en Venezuela es paradigmático. Ahora Venezuela naufraga en el militarismo que custodia al poder político que se convirtió en narco militarismo institucionalizado. El Papa es muy criticado por haber sido demasiado tibio para condenar al régimen de Nicolás Maduro.

Aquí aún quedan dinosaurios K que todavía alaban a ese gobierno trágico.

El temor y el temblor son allí política de Estado diseñando relatos para exportar el miedo. El Pacto con Irán ha sido uno de los subproductos de exportación de ese lazo con la toxicidad del chavismo amedrentador.

El peronismo hoy en la Argentina ya no sabe a quién temer, y esa es la clave de su crisis interna. Obedeció y temió a Cristina Fernández, pero hoy ella es menos temible y por eso menos poderosa.

Casi llamada a silencio no es genuinamente recatada, simplemente tiene menos audiencia.

Pareciera que ya no es el momento de liderazgos carismáticos y verticalistas. Pero en éste país nunca se sabe.

Link  https://www.clarin.com/opinion/psicologia-abuso-poder-alla-iglesia-ejercito_0_SkenH2gHf.html

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