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El Toisón de la Princesa Leonor

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Aníbal Malvar /Público (España), 20 Ene

Con gran pompa y alborozo han anunciado los medios que nuestro preparao Felipe VI va a concederle a la princesa Leonor el Toisón de Oro. Nos explica la corresponsal áurea de La Razón, Aurora G. Mateache, que “se trata de la más alta distinción de la orden dinástica y de mayor prestigio en el mundo”, de ahí que Bob Dylan declinara viajar a Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura: él prefería el toisón.

Según Zarzuela, Felipe VI tiene este gesto con su hija inspirado en “el deseo de institucionalizar la figura de la Princesa de Asturias como heredera de la Corona”. Como monárquico de toda la vida, vasallaje incluido, me disgusta la tibieza declarativa. Si a la princesa Leonor se le cuelga el toisón de oro, es porque ella lo vale. Por la prensa nacional ya sabíamos que la rubia y encantadora heredera es afecta al cine de Akira Kurosawa y a la literatura de Charles Dickens, a pesar de no haber cumplido aún los trece años. Así lo reflejó en celebrado, objetivo y contrastado  reportaje El Español de Pedro J. allá por junio del año pasado. Allí además nos enteramos de que “también frecuenta los teatros alternativos de la capital”, y de que tiene “una perra de raza labrador color chocolate llamada Sara, a la que adora y cuida con devoción y responsabilidad”.

O sea, que la niña es depositaria de virtudes que, por sí solas, haría merecedor del toisón de oro a cualquier niño de España, exceptuando a los hijos de algunos catalanes. Que se lo den solo por heredera me parece machista, como nuestra Constitución, que la convierte solo en futura reina caso de que sus padres no le regalen un hermanito.

Sin embargo y otrosí, también es cierto que esta distinción la iguala a personajes de indudable importancia histórica que también lo han lucido, como el rey de Arabia Saudí, que con el collar vio recompensados sus desvelos en defensa de los derechos humanos en todo el orbe mundo. Qué Gandhi, el tío.

Dando por sentado que la coqueta princesilla es merecedora de todas las distinciones y honores habidos y por inventar–ya se ha dicho aquí que es experta en el cine de Shakira Kurosawa–, no estaría mal que nuestros jefes de Estado recordaran de dónde sale el toisón de oro. Atentos, porque me voy a autoplagiar. El Toisón o Vellón de Oro es la más bella distinción que la corona borbónica puede otorgarle a uno, a pesar de que tengas que devolverla cuando te mueres. Se trata de un collar rematado por un dorado rizo, que algunos interpretan que es un pelo de carnero y otros aseguran que es el rizo de un coño, con perdón.

El toisón se basa en el mito de Jasón sobre piel de oro de un carnero colgada de un árbol en la Cólquida.

Esta última versión, sostenida por algunos historiadores y genealogos o como se diga, es la que más nos gusta a los poetas y a los vagos y maleantes. Cuenta que Felipe III de Borgoña entró una tarde de 1430 en la cámara privada de una de sus amantes acompañado de unos amigotes, y allí encontraron un dorado rizo de procedencia indudablemente púbica, ya que la dama lucía pelo liso. Como los nobles son de naturaleza más bien simple, el descubrimiento les desató una carcajada que ruborizó a la chica y encolerizó al Borgoña.
Como hijo de Juan Sin Miedo y nieto de Carlos el Temerario que era el francés –no es broma–, en vez de mandarlos matar, el duque encargó tantos collares como amigos habían entrado en la cámara de su amante, y los nombró a todos caballeros de la Orden del Toisón de Oro borrándoles para siempre la carcajada.

Franco conocía esta historia, y por eso rechazó el Toisón cuando se lo quiso otorgar don Juan, padre de nuestro monarca: “Deberíais pedir información sobre la materia”, le dijo el dictador al rey de Nunca Jamás con su aflautada voz de asesino.

Por tanto, ¿otorgarle el toisón de oro a Leonor, con 12 añitos, no se podrá interpretar como áurea perversión de menores? Yo creo que sí, pero no lo voy a decir aquí porque me aplican la ley mordaza.

Me quedé mucho más tranquilo cuando dejé horrorizado La Razón y me refugié en ABC, que no destaca en subportada lo del toisón, pero sí el premio que ha otorgado el periódico a la infanta Elena, ex de Marichalar, por su “ilusionada pasión por el arte del toreo y la bravura, soportando incluso ataques ilegales”, y por “su fiel asistencia a muchas plazas”.

Esta mezcla de rizos de coño y cuernos de toro creo que representa esencialmente la modernidad de nuestra monarquía, y no se entiende así que los catalanes estén tan empeñados en instaurar una anacrónica república.

Y no lo digo yo solo. Millones de cuñaos de toda España os lo podrán refrendar. Ese ejército de coños, toros y cuñaos es la grandeza de España. Y el imperecedero blasón de nuestra monarquía.

Link  http://blogs.publico.es/repartidor/2018/01/20/el-toison/

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