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Paridad

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A pesar de que el debate público sobre la equidad de género es cada vez más común y en sociedades como la occidental las mujeres han venido ganando espacios de representación, el liderazgo y la participación política de las mujeres en el mundo continúan en peligro.

La Organización de la Naciones Unidas (ONU), advierte que las mujeres tienen poca representación, no sólo como votantes, también en los puestos directivos, ya sea en cargos electos, la administración pública, el sector privado o el mundo académico. Una realidad contradictoria de la innegable capacidad que tienen como líderes y agentes de cambio y su claro derecho a participar de los procesos democráticos.

Sin embargo, en 2015, la ONU estimó que sólo un 22 por ciento de los parlamentarios del mundo eran mujeres, lo que significa que la participación política de este sector ha aumentado muy lentamente desde 1995, cuando se situaba en 11.3 por ciento.

Solo en la República de Rwanda las mujeres ocupan el 63.8 por ciento de los asientos legislativos, una cifra sin precedentes que consiguió ubicar a ese país como el único del mundo con un parlamento mayoritariamente femenino. El Principado de Andorra lo sigue con una cifra 50 por ciento de mujeres en su parlamento.

Sin embargo, la equidad prevalece en ese ámbito: de los 152 jefes y jefas de Estado que hay en el mundo, solamente nueve son mujeres, es decir, 5.9 por ciento. Y si hablamos de jefas de Gobierno, son 16 de un total de 193, 8.3 por ciento.

Al respecto, el estudio “La participación política de las mujeres. De las cuotas de género a la paridad”, publicado en 2010 por el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género CEAMEG, señala que “… es preciso subrayar que las restricciones en la participación política que padecen las mujeres no están determinadas por sus cualidades individuales (aptitudes, personalidad y habilidades personales), sino que son expresión de una cultura política que legitima y realza los valores masculinos y establece oportunidades desiguales en el ejercicio de la ciudadanía, cuyo resultado es la tendencia general de que la participación política de las mujeres se concentre en las posiciones de base, mientras que las de liderazgo, aquellas de mayor estatus y altamente valoradas, sean ocupadas, en su mayoría, por hombres”.

Por su parte la ONU advierte que “Las mujeres se enfrentan a dos tipos de obstáculos a la hora de participar en la vida política. Las barreras estructurales creadas por leyes e instituciones discriminatorias siguen limitando las opciones que tienen las mujeres para votar o presentarse a elecciones. Las brechas relativas a las capacidades implican que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de contar con la educación, los contactos y los recursos necesarios para convertirse en líderes eficaces”.

En este sentido, recientemente la magistrada Yasmín Esquivel Mossa, del Tribunal de los Contencioso Administrativo de la Ciudad de México, dijo que aún existen obstáculos para que las mujeres obtengan cargos de mayoría o titularidades dentro del sector público y de justicia. “Nos interesa –dijo– que la mujer participe en cargos de importancia, no nada más que sean mayoría en una dependencia, pueden ser mayoría, pero no lo son en las posiciones de titulares, sino son mayoría en posiciones inferiores, y son minoría en mandos o jefaturas de departamento de titulares de las unidades”.

“Ya hay mayor participación de la mujer, pero no están a la vista, no ha habido la respuesta al ciento por ciento, donde la mujer está participando cada día más, pero aún no se llega a todos los sectores que se tiene que llegar, esa concienciación y capacitación para que la mujer pueda activamente participar”, agregó la magistrada Esquivel Mossa.

Sin embargo, pese a que México está comprometido con la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), para que las mujeres estén representadas en la vida política y pública de manera paritaria, en muchas ocasiones las féminas son utilizadas como estrategia política para ganar votos o como relleno en las listas de candidatos, y no se les miran sus calidades profesionales para darles la oportunidad de surgir y mostrar su potencial en ese sector.

Es por ello que la pugna en busca de la paridad, no solo en la vida política, debe continuar para asegurar la participación equilibrada de mujeres y hombres en los espacios públicos de toma de decisiones.

Recuerden que: “Igualdad de derechos para todos, privilegios especiales para nadie”. Thomas Jefferson.

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