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A Propósito de la Violencia Contra las Mujeres

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La violencia contra las mujeres en México es un mal endémico y su “erradicación” ha estado presente en todos los discursos, ofertas y programas de campaña y de gobierno desde que uno tiene memoria. También, desde que uno tiene memoria el problema sigue siendo el mismo o peor. Una de dos. O los gobernantes no han acertado en las políticas públicas para lograr su aniquilación o simplemente lo han minimizado y han conseguido que se piense que es pecata minuta.

Es una vergüenza para la humanidad en la que no hay justificación posible y que comienza por la falta de un mínimo respeto, y, a veces, termina de la manera más cruel.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, vigente desde febrero de 2007 y reformada en enero de 2009, aborda de manera amplia un problema que sufren día a día cerca de la mitad de las mujeres, la mayoría de veces en silencio.

En 2014 los resultados de un estudio de Gabinete y Comunicación Estratégica (GCE) muestran que 41.7 por ciento de los mexicanos percibe a los hombres como los principales responsables de la violencia de género. La encuesta de la casa consultora refiere que para 3.7 por ciento el problema se origina en la pareja; 1.7 por ciento en la familia.

La violencia contra las mujeres es una cuestión estructural, de carácter social, que va más allá de ser un problema de procuración de justicia o de seguridad pública. Este flagelo se gesta en los prejuicios, en las actitudes y las prácticas encaminadas a restringir sus derechos y a reprimir su capacidad en la discriminación laboral. En el hogar y la familia es un producto de la inseguridad masculina y el concepto erróneo de posesión, arraigado en tradiciones patriarcales del pasado.

El tipo de violencia que se ejerce a lo largo del mundo va mucho más allá de lo sexual. Es el caso de mujeres que han muerto apuñaladas, baleadas, quemadas vivas, atropelladas, descuartizadas, lanzadas al vacío y que, en muchos casos, se llevaron a su tumba el silencio de años de previas agresiones físicas y psíquicas.

En este caso, México lleva el estigma de los homicidios de Ciudad Juárez en Chihuahua, donde cientos de mujeres fueron por muchos años cruelmente asesinadas, sin que a la fecha haya una explicación clara de estos hechos. Y actualmente, es el Estado de México el que va a la cabeza en el rubro de feminicidios en este país

La violencia contra la mujer repercute en la familia y especialmente en los niños; por el impacto directo de ser testigos, también son víctimas. Y es lamentable que, ante el ejemplo de su hogar, repitan esa dinámica en su vida adulta.

Es justo reconocer los esfuerzos que han hecho algunas autoridades y ONG, pero también es importante señalar que el fenómeno de la violencia es muy grande en México y que una ley no la cambiará. Aquí se requiere mucho esfuerzo, educación y tiempo, pero sobre todo, que se denuncie, ya que de no hacerlo se invisibiliza este flagelo y así, hay muy poco por hacer.

Recuerden que: “La inteligencia crea, la violencia destruye. ¡Sé inteligente!”. Anónimo.

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