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Obrador en Tlaxcala, o la Última Esperanza de los “Proles”

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Croniquilla Híper Subjetiva del Cierre Progresista en la Capital

Los cálculos difieren mucho. Unos estiman que llegaron 5 mil; y hasta 15 mil los más optimistas, como el reaparecido Edilberto Algredo Jaramillo. Mas no es la cantidad de los congregados este mediodía frío en el zócalo para ver y escuchar a Andrés Manuel López Obrador lo que define el cierre de este jueves en Tlaxcala.

Lo más significativo se pudo observar al término del evento. En efecto, desde que el candidato Progresista descendió del templete, un afecto casi fanático lo envolvió en un largo  abrazo de esperanza.

“¡AMLO, AMLO, AMLO!”

“¡Presidente, presidente, presidente!”

“¡Es un honor, estar con Obrador!” – le gritaron a cada paso los proles de la tierra del Tlahuicole en el tumulto de una despedida con olor a tragedia.

Muchos minutos tardó en recorrer a pie los cinco metros entre el templete y su camioneta blanca entre ecos amorosos Obrador en Tlaxcala este jueves brumoso. Muchos más en abrirse paso el vehículo desde la avenida Juárez hasta San José, porque la muchedumbre ilusionada lo siguió, se adelantó una y otra vez para verlo bien, buscando acaso una confirmación de su esperanza en el rostro enmorenecido de su Peje de Oro; para volverlo a saludar, re-verlo bien, prolongar el gusto, la alegría de vivir con fe.

Uno acerca a su niño para que lo toque; otra estira el cuello para besarlo; una anciana rejuvenecida por la emoción por poco no fue atropellada…

Prevalecieron los proles -que diría Paulina- y los rebeldes. No faltaron académicos, como el asesor de un diputado o el empresario Julio César Cahuantzi y su distinguida esposa.

-Estoy con Obrador, pero no con los demás candidatos. ¡Y también votaré por Héctor Ortiz! –nos dijo al desgaire el propietario de los Freeway entre el tumulto de la despedida.

DOS

Si los intelectuales y académicos cebados del erario (¿quién más costearía sus vidas regaladas, sin obra significativa globalmente hablando?) ya no le creen a Obrador; en compensación, los proles reunidos hoy enfrente del Palacio de Gobierno de Tlaxcala no parecen creer absolutamente que Andrés Manuel López pueda ser un peligro para México.

Hoy deben haber besado a Andrés Manuel más mujeres en Tlaxcala que al agraciado Peña en toda la campaña. ¡También tiene lo suyo Andrés Manuel, y a su edad! Los sociólogos lo llaman carisma y se lo reconocen hasta sus enemigos.

“No quiero en mi cama un copetón, sino un hombre que haga bien su función”, reza ambiguamente una cartulina sostenida por una mujer madura todavía de buen ver.

TRES

Un poeta alfarero, Enrique Netzahual Cuecuecha, alias “El Cazuelas”, le escribió algo a López Obrador. Viajó desde su pueblo contra la voluntad de la mujer para leérselo personalmente, pero el politburó que rodea al tabasqueño no lo dejó subir al templete.

Nos pidió divulgarlo. Dicen algunos versos del poema “Aguilucho”:

Gran aguilucho de la tierra

Defensor del corazón

La nobleza y las estrellas:

Lleva en él la luz del sol.

Nadie mancha los honores

Del defensor y andador…

Es águila de esperanza

el vuelo de una promesa:

Una doncella que danza

Y un camino por la tierra.

CUATRO

“¡Habrá una gran fiesta la noche del primero de julio; ganaremos por segunda vez la presidencia de México!”, prometió Obrador a los hambrientos de fe en un estado que ha perdido ya 10 por ciento de su población, y donde uno de cada cuatro residentes actuales -250 mil, según José Luis Castro- sortea la miseria extrema gracias a las remesas que envían los exilados del hambre (aunque luego atribuyan el mérito a sus dudosos programas sociales los gobernantes de todos colores, sin mencionar nunca los envíos).

Como en 2006, de nueva cuenta apuntó Obrador contra la desigualdad en el país más injusto del orbe, a merced de una de las clases gobernantes mejor autopagadas, cuna miserable de varios hombres de Forbes. “Hoy son unas 30 familias solamente las dueñas de México”, corrigió la cifra de hace seis años.

Debe ser por poner más énfasis en estas paradojas obvias que sus tres contrincantes, que tantos ciudadanos han vuelto a creer en Obrador. Suficientes para poder batir a la candidata oficialista por lo pronto. ¿Suficientes para vencer al antipanismo aglutinado en torno al PRI?

Las encuestas dicen que no, pero los seguidores de Obrador no creen en las encuestas. No quieren verlas: prefieren suponer la hipótesis inverosímil de una conjura de encuestadores. La fe será siempre más fuerte que la estadística.

Si los dioses se interesaran en elecciones, sin duda se inclinarían por la fe de los obradoristas. Es una fe rabiosa, es cierto, pero igual agradaría a algunos porque nace del sufrimiento.

COLOFÓN

Muchas veces la rabia social ha cambiado el curso de la historia, podría ser.

Si no hay milagro, habrá muchos frustrados la noche del primero de julio.

El pesimismo enlutará muchos hogares y corazones el 2 de julio si Obrador no es presidente.

Curar tanto desaliento debería ser una prioridad para el próximo presidente o presidenta de México, si Obrador no ganara la elección.

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