Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

México, es Norteamérica y más que eso

63

Aunque no le parezca a Trump, México es Norteamérica y por lo tanto, América. Desde luego, también Latinoamérica.

Aunque a muchos de nosotras y nosotros mexicanos, también nos cuesta trabajo aceptarnos como Norteamérica. Nos vemos, aparte. Todo un mundo aparte.

Nos cuesta trabajo también aceptarnos como Hispanoamérica.

Hemos construido toda una Historia Patria muy aparte. Impoluta y sacra. La efeméride nacional, es una especie de santoral bendecido por el agua bendita laica.

El asunto es que las realidades están por encima de nosotros mismos y del propio Trump.

Desde la Época Prehispánica, México era un conjunto de pueblos, naciones independientes unas de otras, con su lengua propia y organización social y política, diferentes.

Tales diferencias no pudieron ser borradas durante la Época Colonial, teniendo que ajustar la distribución del país, en Reinos, Capitanías, Gobiernos, Intendencias y Provincias, preservando de alguna manera las diferencias existentes antes de su llegada y antes de la colonización.

Al consumarse la Independencia, de Intendencias pasamos a Estados, al proclamarse la República Federal.

En todos los casos, en tanto políticamente se hacían los arreglos limítrofes, tanto internacionales, como nacionales y estatales, la gente se movía según sus propias necesidades, sin importar si en un momento dado “ya no estaba en México –país-“ e igual, si estaba en una entidad o en otra, dentro del territorio nacional. Lo mismo ocurrió con los denominados hoy, centroamericanos.

Porque las fronteras territoriales no existen para la gente, éstas han sido acordadas para facilitar el gobierno de los territorios y sin embargo, en algunos o muchos casos, siguen siendo causa de disputas entre pobladores o entre gobiernos.

El asunto es que, como mundo y como continente, tenemos una historia común que nos hemos encargado de fraccionarla y segmentarla en torno a cada nación, perdiendo de vista que formamos parte de la misma especie y tenemos por tanto un origen común, lo que nos llevaría a concluir que deberíamos tener un destino, también común.

El planteamiento tiene el propósito de darnos cuenta que somos un mismo pueblo, sea Estados Unidos, México, España, Corea, China, Rusia, Japón, Sudáfrica, Egipto, Irak, Siria, etc., etc.

Y la Globalización económica puede ser el instrumento para restablecer esta igualdad humana que se pierde de vista y hasta se acepta como una “desigualdad natural”: estadounidense, mexicano, español, coreano, chino, ruso, japonés, sudafricano, egipcio, iraki, sirio, etc., etc.

Es hora de relativizar ésta y otras formas de diferencias y diferenciaciones.

Porque al final, todos somos extranjeros y todos somos connacionales, lo que debe dar lugar, ojalá sea pronto, a un nuevo concepto de habitante y de ciudadano, pues todos somos habitantes del mundo, que es uno solo y a ello debe llevarnos la Globalización, a borrar esas distinciones y diferenciaciones que estuvieron en boga: primer mundo, segundo mundo, tercer mundo.

Lo mismo ocurre cuando hablamos del pasado y del presente, creamos una frontera conceptual, para separar, para dividir. Lo real es que el pasado sigue presente y éste sigue mezclándose para conformar el futuro, un futuro que ya es, que ya está aquí y ahora.

Todos los países del mundo son mestizos.

Todos compartimos el mismo pasado y compartiremos el mismo futuro.

Pero igual, no se lo diga ni le pregunte al señor Trump. No lo entendería y ni quiere.

Comentarios
Cargando...