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María Catalina, una Mujer Policía Guapa y muy Profesional

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Tras Veinte Años de Servicio, ha Alcanzado el Grado de Cabo

Dimos los buenos días –era temprano, hacía frío esa mañana desolada- y ella se nos cuadró llevándose la mano a la sien, con gracia tal que tornó inevitable la conversación.

-¿Es usted militar?

-No. Pero aprendemos el saludo en la academia.

Se llama María Catalina Huerta Pastrana. Es madre soltera de tres hijos y, desde hace veinte años ya, toda una mujer policía. Empezó como raso o cuarto, y ha logrado ascender hasta tercero o cabo de policía.

-Le tocó trabajar en un lugar muy bonito.

-¿Verdad que sí? Esta parte del palacio es del siglo xvi. Dicen que aquí se hacían los cabildos abiertos.

Nos ayuda, mientras charlamos, la guapa integrante de la Policía Estatal Acreditable posando algunas fotos para la nota.

-¿Siempre en Palacio de Gobierno?

-No. Solamente estoy cubriendo unas vacaciones, nomás por quince días. A mí lo que más me gusta es la calle.

-La acción…

-Efectivamente. Andar por aquí y por allá. No me gusta estar fija, me gusta la aventura.

-Es de armas tomar…

-Sí. Así como somos amables, podemos cambiar, dependiendo del momento.

Le pedimos que nos cuente sobre lo mejor y lo peor que le ha pasado.

De lo primero, recuerda una vez que se halló un fino bolso de mano, con cosas de valor. Rememora haber indagado en los documentos y localizado al dueño, quien finalmente pasó a recuperarlo a las oficinas que se hallan detrás de la casa del ayuntamiento. “No lo podía creer”, comenta con mal disimulado orgullo por haber elegido cumplir con su deber.

De lo segundo, un trance muy difícil en San Miguel Xochicatitla. Una turba intentaba linchar a un conductor que atropelló a otra persona, pero ella y otras mujeres policía lo impidieron. Narra: “Nos querían quitar al asegurado. Éramos puras mujeres, pero los enfrentamos. Nos rodearon como treinta y nos amenazaron con muchos machetes. ¡A ver quién es el primero que nos pega!, los retamos. No se atrevieron”.

Mientras recuerda aquel mal trago, María Catalina posa inconscientemente una mano sobre la Pietro Beretta que le cuelga de la cadera.

-¿Cuántas veces la ha usado?

-Hasta hora no, gracias a dios; ninguna.

Para exorcisar el mal recuerdo, optamos por ahondar en la vida personal de la mujer policía que embruja con su marcialidad. Como seguramente le ocurrió a los dos hijos mayores que en su ejemplo hallaron un camino: Cristian, el mayor, se hizo militar; y el segundo, César, es escolta de funcionarios.

-¿Y el menor?

-¡Es mi ovejita negra! –revela con un dejo de ternura.

No pierde detalle mientras charlamos, María Catalina de la puerta que debe resguardar. Obviamente la estamos distrayendo. Pero no queremos terminar la entrevista mañanera sin plantearle una pregunta.

-¿Es conciente de la mala fama de la policía? Se cuenta que recurren a discreción a la tortura física y psicológica…

-Al menos yo no soy igual, no todos somos lo que piensan. Ando con la cara en alto, con mucho orgullo de ser policía  –responde tajante.

Cuando nos despedimos, María Catalina nos regala nuevamente uno de esos saludos que la hacen parecer una niña buena jugando a ser policía.

-Tal vez por eso, por ser una buena mujer policía, la han ascendido relativamente poco en veinte años de servicio –comenta el reportero mientras caminan en dirección al Congreso.

-Al menos debería ser comandante, ganaría mucho la policía con esta clase de servidoras –concuerda la fotógrafa. {jathumbnail off}

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