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Las Otras Realidades

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Foto: (Autora)

 

Cada vez que visito un museo termino muy cansada luego de ver las salas de pintura. Es sin duda la parte que más me gusta de cualquier museo, grande o pequeño, pero por alguna razón soy una mala espectadora.

Comienzo disfrutando los detalles de los cuadros en las primeras salas y a medida que avanzan las horas, y se acerca la hora de salir, me apresuro, corro tratando de prestar la mayor atención, de recordar los nombres, las fechas, para después buscar los cuadros y verlos con mayor detalle. Eso nunca funciona.

Aunque compre los catálogos, o busque los cuadros por Internet, sé que al distribuir mal el tiempo desaproveché una oportunidad única de disfrutar una pintura frente a mí en esa realidad única que construye y es de una materia que se asemeja al sueño. Pienso que las pinturas están directamente conectadas con la imaginación del artista, con su muy particular visión de la realidad que no puede replicarse.0046353Átropos, o Las Parcas. (ca 1820, óleo sobre muro trasladado a lienzo, Quinta del Sordo)

Las pinturas que más me gustan son aquellas que más distan de copiar la realidad en sus rasgos más obvios y se enfocan en presentar una situación llena de detalles minúsculos que logran un breve universo, mismo que el espectador se encarga de descifrar.

Un universo venido del sueño del artista, de sus sugestiones u obsesiones. Las veces que visité el Museo del Prado dediqué mucho tiempo a ver los cuadros de Goya y me apreció descubrir algo en la mayoría de ellos, que en cada cual hay un habitante que mira sugestivamente. Un personaje de esos universos mira de soslayo, como en “La gallina ciega”, mira inquisitivamente como en “La nevada” o desde la distancia como en “La vendimia”.

Los cuadros de su primera época, más luminosos y coloridos, tienen a un personaje extraño como en “Los jugadores de naipes” o “El triunfo de Baco”, poseedor de una mirada peligrosamente humana en su malicia o en su gracia, que está viva y sólo basta un parpadeo para que todo comience a moverse.

34tr3fPeregrinación a la fuente de san Isidro, o El Santo Oficio. (ca 1820, óleo sobre muro trasladado a lienzo, Quinta del Sordo)

Esas primeras pinturas nos van preparando en el misterio que luego apreciaremos en las pinturas negras, donde la locura, la enfermedad, la miseria, la maldad, la desesperación serán evidentes en las miradas de esos habitantes de las pesadillas de Goya, que viéndolo bien, no son muy diferentes a los de sus primeros cuadros (parecieran los mismos sólo que con la desgracia a cuestas, la cual abriga, a todo lo que toca, con una estela negra).

Me gusta la pintura porque es como asomarse a ventanas de los sueños de otros, o de sus pesadillas, y porque a diferencia de la fotografía, en la pintura se puede captar la materia, los trozos de óleo que se ven de cerca, informes, imprecisos, pero cuando se toma la correcta distancia, cobran forma, se organizan y recobran vida. Tal vez por eso termino más cansada luego de caminar por las salas de pintura, o al menos, esa es una de mis teorías.

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