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La Voz Femenina en el Poder Público

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Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo, afirma que “no se nace mujer, se llega a serlo”, así como esta, muchas frases de su autoría son retomadas en los movimientos feministas del mundo. Pero ¿es acaso el feminismo la oposición al machismo o más bien una nueva corriente que pretende tomar el poder frente a las decisiones comunes (en el sentido de comunidad)?

Hay que apuntar que la violencia hacia la mujer no sólo es un tema sexista. En el micromachismo del siglo XXI, a la mujer se le violenta por ser niña aparentemente débil, madre soltera, joven con idea renovada o participativa en temas de interés social, económico y político.

Pareciera bastante trillado pero definitivamente existe una brecha enorme entre una mujer empoderada y una mujer en el poder, esta última representa una de las causas por las cuales aún no figura la identidad femenina en la representación política de México. Sin embargo, sí podemos mencionar algunos nombres que incluso situándonos en lo local han trascendido un discurso hasta convertirlo en ideología; personajes como Beatriz Paredes, Adriana Dávila o Lorena Cuellar, siendo afines a tintes políticos variados y con una encomienda particular en cada caso han actuado como lideresas dentro de Tlaxcala y a nivel nacional en una escala unificadora de géneros. Pero qué pasa con las mujeres que participan en un gabinete, una cámara, grupo parlamentario o comisión legislativa para cubrir meramente el requisito de paridad; ser más mujeres no nos garantiza tener más poder sobre las decisiones ni un voto con más peso.

A lo largo de la historia, muchas mujeres han protagonizado luchas que hasta ahora siguen vigentes pero que tristemente tienen un motivo en común: participación de la mujer. Pareciera que es necesario reunir mujeres para hablar de mujeres y sus derechos, y lo vemos ordinariamente en conferencias, programas de televisión y pláticas de sobremesa. Donde podemos repetir mecánicamente que la exigencia de trabajo físico e intelectual se ha inclinado hacia la mujer bajo la coartada de corroborar sus capacidades desde que las doctrinas feministas hicieron su aparición; lo cual no es incorrecto ni ambiguo pues evidenciar las aptitudes simboliza la razón última de esos principios.

Se dice que las cosas que no se hablan no existen, el problema con la participación activa de la mujer es latente en cada espacio social. Te invito querido lector no sólo a reflexionar el tema que en diversos foros se aborda, que claramente es importante estar documentado pero las soluciones no rebasan el “empoderar a la mujer” siendo microempresaria o cabeza del hogar. Empoderar verdaderamente recae en una distinción necesaria de sexo en los niños pero implantando una ideología de respeto y dignidad. Esto es dejar de ubicar a las niñas en el plano de princesas que deben ser rescatadas y a los niños de superhéroes que salvan al mundo; ambos en distintos momentos pueden jugar el papel opuesto. Qué pasa con ofrecer una educación igualitaria desde casa.

Rosario Castellanos en su ensayo Mujer que sabe latín, hizo un trabajo esplendido abordando a la mujer mexicana en la educación formal y pareciera que 40 años después no podemos dejar de repetir los mismos discursos sobre discriminación.

Soy partidaria de que la solución incide en dejar de usar el salón de belleza como casa de la mujer bonita, comprender que un hombre puede jugar con muñecas y juegos de té porque debe hacerse la idea de que la tarea doméstica no es exclusiva, que las niñas puedan jugar con autos porque también deben involucrarse en comunicaciones y transportes, alzar la voz cuando nuestros representantes (sea cual sea el género) discrimine (en cualquier forma) a la mujer, pronunciar discursos donde los motivos no insistan en los derechos de la mujer y más bien comencemos a usarlos naturalmente y tanto hombres como mujeres compartir nuestros saberes de equidad con quienes no tienen la posibilidad de acceder a esta información o aún no comprenden lo que esto significa. Pues quienes tenemos la fortuna de haber nacido en la era de la tecnología estamos ahogados en estos saberes e incluso es molesto leerlo a cada minuto en diferentes palabras, pero creámoslo o no, aún existen mujeres que no imaginan el eco que su voz puede llegar a generar. Ese es el reto, que la voz pública no sea con fines políticos o lucrativos. El cometido de hoy que llegará a ser la resonancia del mañana reside en tomar decisiones. Verdaderamente y para terminar, ¿vale la pena seguirnos defendiendo entre nosotras en módulos de la mujer o conferencias desabridas de emprendimiento?

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