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La Cuarta Transformación, Empezó Antes del 2000

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La cuarta transformación empezó, cuando Ernesto Ruffo Appel y Cuauhtémoc Cárdenas, llegaron a ser, el primero, gobernador de Baja California y el segundo jefe de Gobierno de la ciudad de México, lo que marcó la tendencia hacia la alternancia en el ejercicio del poder público en México, mediante elecciones.

Empezó cuando México abre sus fronteras al comercio internacional y se constituye, en parte del mercado mundial, destacando el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN), señalando con datos que pueden corroborarse y que fueron mediáticamente utilizados por Trump, para alardear que cancelaría el TLCAN, que México solo fue deficitario frente a Estados Unidos, el primer año, es decir en 1994, pero a partir de 1995 hasta la fecha, México exporta más a Estados Unidos, de lo que importamos como país, de ellos. Esto explica porque México es el segundo socio comercial de Estados Unidos.

La cuarta transformación empezó con las reformas constitucionales que permiten ahora que cualquier mexicano o mexicana de a pie, pueda acceder a la información pública y que ésta empiece a ser conocida dentro y fuera del país, lo que implicó un principio de rendición de cuentas.

Igual ocurrió en materia de Derechos Humanos, que aunque más ampliamente vigentes en la ciudad de México, es materia vinculante, por lo que todo avance alcanza a la totalidad de las y los mexicanos, independientemente de su lugar de residencia; Transparencia; Poderes Legislativo y Judicial abiertos, igual, deberían generalizarse ya, los Cabildos abiertos; entre otras transformaciones que jurídicamente y muchas de facto, ya están vigentes y socializadas.

La cuarta transformación está en marcha desde antes del año dos mil, producto, no de un solo hombre, sino de un conjunto de esfuerzos y luchas sociales encabezadas por distintas organizaciones sociales y políticas que han desembocado en reformas constitucionales, que han transformado a México, en tanto el país ya no es el mismo de los cuarenta, ni de los sesentas, tampoco de los 70´s y 80´s.

Tan no es el mismo, que Andrés Manuel López Obrador, pudo gobernar la ciudad de México y va por su tercer intento presidencial, de la mano de lo que él mismo ha denominado “la mafia del poder”, de salinistas consumados, como Manuel Bartlett, Marcelo Ebrard y Elba Esther Gordillo; de un calderonista 100%, como Germán Martínez; de un potentado líder sindical, como Napoleón Gómez Urrutia, hijo de un Sada, como don Napoleón Gómez Sada, líder sindical minero durante 40 años y del que heredó el sindicato, después de haber sido director de la Casa de Moneda. En 2006, huyó a Canadá, al producirse una explosión en la mina 8 de Pasta de Conchos, que provocó la muerte de 65 trabajadores. Fue denunciado de fraude, por la cantidad de 55 millones de dólares.

También se ha dejado apapachar por Marcos Fastlicht Sackler, suegro del presidente de Grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean; Alfonso Romo Garza, empresario del agro, beneficiado ampliamente con las reformas salinistas al artículo 27 Constitucional y dueño de casas de bolsa, moviéndose como pez en el agua en el mundo financiero altamente especulativo; Miguel Torruco, consuegro de Carlos Slim Helú y aunque no es empresario, el zedillista, Esteban Moctezuma, presidente de Fundación Azteca.

Como podemos ver, si los empresarios están con él, tienen su bendición, si no están con él, son rapaces, “no quieren dejar de robar… tienen confiscadas las instituciones… han robado mucho, han destruido al país, están desgraciando al pueblo, háganse a un ladito ya” (El Universal. 4.05.18). Todavía no llega al poder, y ya está discriminando, a quienes no están con él. Si llegara a ganar, ¿gobernaría en contra de más del 60% del electorado que no votaría por él? y ¿en contra del 80% o más, de la población?

La posición de Andrés Manuel en contra de los empresarios que no están con él, es similar a la que tuvo contra periodistas y escritores que tampoco están con él, el asunto es que a ese paso, va a terminar estando en contra de maestros, que no están ni con Elba Esther ni con la CNTE; en contra de trabajadores, que no estén con Gómez Urrutia.

Grave es la ceguera de alguien que aspira a gobernar un país como México, que es multicolor, diverso, plural y extremadamente distinto y distinguible de frontera a frontera y de costa a costa. En particular, porque ante la escasez de fuentes de empleo bien pagados (que durante la presente administración federal se incrementaron como en ningún otro sexenio se había visto), la mayor parte de las empresas y por ende, de los empresarios, son empresas familiares, micros, pequeñas y medianas, que en conjunto constituyen, el 95% del sector productivo nacional. Al 80% o más de dicho sector, le dirá también: “háganse a un ladito ya”.

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de un peje, que pretende engullírselo sin misericordia alguna. ¿Así pretende llevar a cabo lo que llama, la cuarta transformación? Parece que no hubiera vivido en México. Él mismo, su presencia pública y su persistente búsqueda del poder, son la evidencia diáfana de que el México de 2018, es otro México, lamentablemente ensombrecido por el crimen y la barbarie del narco poder, que él pretende, bueno, ya le dio, su perdón.

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