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“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Gobernanza

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Madurar en democracia como nación significa poner cimientos de esperanza en un país mejor en donde no sólo encontremos lo necesario para desarrollarnos, sino también en donde aportemos gustosos nuestro trabajo para que otros se beneficien y, así, vivir en una sociedad de la cual nos sentimos parte de manera responsable y con orgullo.

Una y otra vez se equivocan los que piensan, desean y piden que los políticos mejoren las cosas, particularmente los gobernantes elegidos por mayoría. Una y otra vez los ciudadanos nos engañamos con la falsa expectativa de creer que los gobernantes, por sí solos y desde su natural bondad y adquirida capacidad, nos sacarán del atolladero nacional.

Una y otra vez los candidatos a cualquier puesto de elección popular explotan las expectativas de la gente y mienten. Saben que lo que prometen no se puede cumplir, o que no saben cómo hacerlo y fincan sus esperanzas en que el resto de fuerzas políticas cooperarán con ellos sin más, y mienten deliberadamente para su fin: ganar votos.

La democracia resuelve casi nada y, sin embargo, pone las condiciones para mantener equilibrios en las fuerzas políticas de una nación, para hacer participativa la toma de decisiones sobre lo público, para poner límites al poder, para castigar a los malos ciudadanos o gobernantes y a sus partidos, para corregir el rumbo si la mayoría lo quiere. De esta forma, la dignidad de las personas, en tanto que ciudadanos y no súbditos, se promueve y respeta.

México necesita más que de políticos ocurrentes, mediáticos o ideológicos, requiere de ciudadanos informados y participativos en lo público, actuando permanente y ordenadamente a manera de cogobernantes con las autoridades que deberán dejar de creer que lo saben, lo pueden y lo deben hacer todo.

El sentirnos responsables del todo social en el que somos, solidaridad social, así como el ser libres y responsables de participar ayudando a los menos aptos, subsidiaridad política, son dos valores o virtudes que requerimos con urgencia en tanto son vías hacer frente a la corrupción, al paternalismo político y al conformismo en el que nos hemos instalado.

No se trata de que los ciudadanos suplanten las funciones y atribuciones propias del gobierno, sino de implementar esquemas de colaboración en los asuntos de interés común, máxime que, tarde o temprano, los miembros de la clase política dejarán el poder y volverán a su rol de ciudadanos, respirando el mismo aire que los demás, conviviendo con el mismo ambiente natural y viviendo en la misma ciudad.

Para ello, es preciso que los líderes y representantes de las organizaciones de la sociedad civil organizada dejan de ser simples gestores ante el gobierno, y adquieren nuevas responsabilidades de participación en las decisiones de los municipios, de los estados, del país, conforme al principio esencial de la gobernanza colaborativa. Esta nueva relación entre sociedad-ciudad-gobierno es propicia para ejecutar acciones con valor compartido y, por lo tanto, valor recíproco.

Este es el reto de esta nueva forma de gobernar: en la construcción de redes efectivas de colaboración que ayuden a los gobiernos de los tres niveles en la definición de los problemas prioritarios y más urgentes que pueden ser resueltos a escala social. Es decir, nuevas formas de enfrentar los problemas y disolver cualquier impacto social, de determinar los instrumentos y métodos para evaluar las decisiones públicas en un periodo limitado y con recursos limitados.

Gobernanza, es una legítima aspiración para vivir en un país digno, próspero y respetable, en donde los ciudadanos seamos capaces de achicar a la clase política, de hacer gobernantes menos poderosos, realistas y honestos; trabajar, hombro con hombro, con la sociedad civil organizada, desideologizada y habilitada para cosas mayores que recibir solo dádivas.

Recuerden que: “La gobernabilidad del país no puede depender de grupos a los que el país no les importa”. Fernando Savater.

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