Código Tlaxcala
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Gobernabilidad y Gobernanza

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Tal parece que el término gobernanza moderna que usó el gobernador Marco Antonio Mena durante su toma de protesta no ha sido del todo comprendido, no solo por la sociedad o la clase política del estado, sino por propio equipo de gobierno.

Durante las dos semanas de gestión de esta administración el concepto que más se ha utilizado ha sido el de gobernabilidad. El cual ha sido usado por algunos miembros del gabinete como sinónimo de gobernanza.

El equívoco es hasta cierto punto comprensible toda vez que fue el propio gobernador quien no alcanzó a señalar con toda claridad a qué se refería cuando convocó a pasar de la “gobernabilidad a la gobernanza moderna”.

El concepto gobernabilidad aparece por primera vez en un estudio que publicó en 1975 Samuel Huntington sobre la crisis de las democracias. El cual se refiere a “… la relación con el exceso de demandas ciudadanas hacia el sistema democrático de Estados Unidos y la incapacidad del gobierno para satisfacerlas”.

 

El concepto de gobernabilidad tiene muchas aproximaciones pero bien podríamos resumirlas en “la habilidad del gobierno y de los distintos sectores sociales para combinar en forma: un crecimiento económico dinámico basado en el mercado, márgenes satisfactorios de equidad, igualdad de oportunidades, protección social y grados creciente de participación ciudadana en las decisiones políticas”.

Es decir, que la gobernabilidad implica una correlación entre necesidades y capacidades a través de las instituciones. Es decir, la gobernabilidad dependerá tanto de la calidad de las reglas de juego, como de la influencia sobre ellas. Por tanto, a mayor gobernabilidad mayor capacidad institucional de satisfacción de necesidades de la sociedad.

En tanto, la gobernanza hace referencia a la relación que se establece entre la sociedad civil y el Estado. Pero no como la del Estado protector y la sociedad protegida, sino que más bien se debe entender como una relación de cooperación entre ambos para el diseño de políticas públicas. Donde no existe un modelo jerárquico en que el Estado ejerce un poder soberano sobre los integrantes de la sociedad civil.

Mientras la gobernabilidad se refiere a la capacidad de respuesta técnica y política que tiene el Estado a las demandas de la sociedad, la gobernanza tiene que ver con la calidad de la respuesta que ofrece el Estado, es decir, el entramado institucional que soporta la respuesta.

De lo anterior, se entiende porque la gobernabilidad depende, entre otras variables, de la gobernanza, “pues la calidad del gobierno o la efectividad de su respuesta, obedece a la manera como están organizados y el poder relativo de los actores y organizaciones al interior del entramado institucional para determinar a quién, cuándo y cómo responder a los aspectos determinantes en los resultados generados con la intervención estatal y la generación de confianza y legitimidad en la sociedad”.

Desde el punto de vista analítico la gobernabilidad se entiende como la capacidad de un gobierno para formular e implementar decisiones públicas, es decir, “hace referencia a las condiciones necesarias y suficientes para que las instituciones políticas transformen de manera efectiva las demandas o necesidades en políticas o regulaciones”.

Y desde la perspectiva normativa, asocia la gobernabilidad con mayores niveles de democracia y bienestar, dado que por medio del ejercicio de la democracia se canalizarán de mejor forma las demandas ciudadanas y las políticas públicas se verán reflejadas en una mejor calidad de vida.
Así pues, si la apuesta del gobernador Marco Antonio Mena es por un Tlaxcala gobernable que sea capaz de alcanzar los objetivos latentes a la idea de gobernabilidad es necesario aplicar aquellos conceptos que contiene la idea de gobernanza, es decir, participación y cooperación entre los actores de la sociedad civil y el Estado; entre el gobierno y los gobernados.

Para ello se debe descentralizar la administración pública y esparcir el poder que se encuentra en una cúpula para entregarlo a la sociedad civil. Es decir, la gente debe tomar el poder en sus propias manos y actuar en conjunto con las instituciones públicas para avanzar hacia el progreso.

Es decir, una nueva administración pública menos centralizada y elitista, que admita la cooperación de otros actores sociales y cuyos procedimientos se vuelvan menos rígidos.

Pero para que esto ocurra, claramente se necesita una sociedad civil fuerte, proactiva y organizada, con grupos capaces de poner en la agenda pública los temas de su interés.

La inclusión directa de la sociedad civil en la administración del Estado llevará a que los procesos se vuelvan más transparentes, pues habrá ciudadanos más responsables y realmente comprometidos con la labor del Estado, ya que se sentirán parte de ella y no verán al Estado como el ente alejado que ejecuta políticas y toma medidas para alcanzar el bien común.

Cuatro años y ocho meses parecen pocos para alcanzar estos objetivos, pero tal vez sea el tiempo necesario para sentar las bases de la gobernanza moderna y trascender en el tiempo.

Recuerden que: “Siempre parece imposible hasta que se hace”. Nelson Mandela.

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