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Reformas, Economía, Mexicanos

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2017 y 2018, serán años cruciales para el país, no por la elección presidencial de nuestro país, sino por las circunstancias que estamos viviendo las y los mexicanos, que nos han tocado vivir y que viviremos en las próximas décadas, pero que serán resultado de las decisiones que se tomen éste año y el próximo.

Así de cruciales para el país, serán éstos dos años.

A contracorriente nuevamente, insisto en sostener que las reformas estructurales impulsadas por el Primer Mandatario, eran necesarias para el país desde el final de la segunda guerra mundial, aprovechando el impulso del periodo denominado “Desarrollo Estabilizador”, pero no se hicieron en ese entonces, engolosinados como estábamos, por los índices de crecimiento económico que alcanzaba el país por primera vez durante el siglo pasado.

 

Crecimiento económico inducido por “… las exorbitantes tasas de crecimiento de las explotaciones petroleras, las cuales no se extienden a otras ramas de la economía o inclusive las obstaculizan.” (Medios de comunicación y sistemas informativos en México. Karin Bohmann. Alianza Editorial Mexicana y Conaculta. 1990)

Para la década de los 70´s y 80´s, eran más que urgente dichas reformas, en tanto era insostenible ya desde entonces, mantener subsidiados los precios de los energéticos, cada vez que éstos subían de precio.

Tales subsidios tuvieron un costo tan altísimo, que todavía hoy, en pleno siglo XXI, seguimos pagando las consecuencias.

Todo ello ocurrió en tanto México era conducido por un Estado intervencionista en economía, no solo intervencionista, también monopólico, como lo fue en política.

Hoy, medio siglo después, seguimos discutiendo todavía en México, si debe intervenir la iniciativa privada o no, cuando Cuba, China, Rusia, hace mucho que dejaron de cuestionar la intervención de la iniciativa privada en la producción de energéticos.

El asunto es que no debe haber lugar para seguir manteniendo los mercados en manos de un solo productor aunque sea privado, pues el resultado sería el mismo: productos y servicios, malos y caros. Los mercados generan bienestar social y económico, porque hay competencia, sin ésta, no hay Mercado.

La inestabilidad económica actual deriva de una carga histórica que se ha agudizado con los más recientes acontecimientos externos, lo que evidencia la vulnerabilidad de nuestra macroeconomía, porque aún no hemos desarrollado nuestro Mercado interno, o mejor, nuestros mercados y no hemos alcanzado una seguridad jurídica suficiente que garantice la propiedad privada.

En este sentido urge que los tres niveles de gobierno y los sectores productivos, realicen un esfuerzo mayor en los ámbitos económico, político y legislativo, para acordar medidas que coadyuven a la consolidación de cada una de las reformas estructurales, cuyo proceso aún está muy lejos de haber concluido.

Legislativamente falta afinar el tránsito de los preceptos constitucionales y leyes secundarias, a la reglamentación y a la consecuente generación de planes y programas, que traduzcan el espíritu innovador de las reformas en acciones concretas que mejoren el nivel de vida de los mexicanos.

México ha hecho las reformas necesarias para adecuar su andamiaje institucional –leyes, prácticas, valores y estándares- a las circunstancias de un mundo en mutación sociocultural y productiva que no admite demoras y requiere de operadores políticos y administrativos comprometidos con la Nación, con los mexicanos, no con ideologías ni con partidos, porque hoy como ayer, la Patria es primero.

Los retos y tareas están diáfanamente definidos: México requiere una democracia sólida, un sistema de justicia renovado, una economía abierta que encauce la energía social y productiva de mexicanas y mexicanos, políticas públicas que impulsen el talento de las nuevas generaciones y faciliten el esfuerzo de los emprendedores.

Los años que vienen deben propiciar la renovación institucional e instrumentación de las grandes reformas. Pretender dar marcha atrás a las reformas, constituiría la entrega del país a los peores intereses económicos y políticos, los mismos que han retrasado el avance de México y por ende, a quienes conviene que la pobreza económica, educativa y moral, sigan predominando y atando al pasado a México.

Con Trump o sin Trump, México es mucho más que él, aunque se convierta en el presidente de Estados Unidos, porque mexicanas y mexicanos somos mucho más y mucho mejores que él.

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