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El Problema no Eres tú, ¡soy yo!

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En la actualidad las relaciones sociales están saturadas de una serie de requisitos para poder tener una buena integración social. Bueno, al menos eso dicen los medios publicitarios, cuya influencia sobre los jóvenes y niños es muy fuerte. Para algunos padres cuenta mucho el concepto que puedan tener de sus hijos las personas con las que tiene contacto, ya que puede influir en su estado emocional. Los niños y adolescentes exigen que se les compren determinadas cosas para que puedan sentirse aceptados o integrados a sus grupos sociales, los padres hacen grandes esfuerzos en proveer a sus hijos de lo necesario y más para evitar que sufra algún deterioro su autoestima.

Como padres, estamos preocupados de que nuestros hijos obtengan lo mejor: ropa, calzado, educación y un sin fin de objetos que los hagan sentir de la “mejor manera posible”. Pero ¿te has puesto a pensar qué les hemos enseñado de manera inconsciente durante el tiempo que han estado a nuestro lado? Recordemos que desde que nacieron hemos sido sus guías de manera consciente, mientras aprendían a hacer cosas básicas como caminar, comer, vestir, expresarse,  comportarse, creer, respetar, temer, etc…

¿Pero qué hay de la cosas que venimos arrastrando en nuestro interior desde hace muchos años? No podremos ayudar a nuestros hijos por más amor que les tengamos y atención les otorguemos, si el verdadero problema está en nosotros, en la calidad de la información ofrecida todos los días de manera repetitiva a través de nuestro ejemplo. Hay hábitos muy arraigados en nuestra mente como la frustración, el enojo, la depresión, la culpa, la angustia, el apego y un sin fin de emociones que nos dañan y de las que en muchos casos no somos conscientes, pues fueron aprendidas desde nuestra niñez y han pasado a formar parte nuestra.

Recuerda que la preocupación de la que hablábamos al inicio debe reflejarse en la manera en que dedicamos tiempo a mejorar como personas. No se puede enseñar lo que no se sabe y me refiero a que si queremos que nuestros hijos sean felices, debemos primero ser felices y para ello se requiere que conozcamos más de nosotros mismos. ¿Te has preguntado cuánto valor le otorgas a ser aceptado o rechazado por otras personas, si vale la pena sacrificar algo que te agrada para quedar bien, o qué tanto afectan a tu vida diaria los sentimientos de culpabilidad y preocupación? ¿Las postergaciones te generan algún sentimiento que afecta tu relación familiar?

Sócrates decía que el primer paso para avanzar en el crecimiento personal es reconocer e identificar lo que no conocemos, los errores y los vacios de los que somos víctimas. A esto le llamaba “calibración mental” y solo se puede alcanzar si hacemos a un lado el autoengaño y somos realistas con nosotros mismos.

Po tanto, los invito a mejorar nuestro estado emocional, no solo con palabras de motivación sino informándonos y ejercitando nuestra mente para modificar conductas que por muchos años hemos alimentado. Inicia tu camino hacia una mejor relación contigo mismo.

La mente tiene su propio lugar, y en sí misma puede convertir el infierno en cielo, o el cielo en infierno. John Milton

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