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El Presidente Obama y la Larga Marcha

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Escrito por Consejo Editorial de The New York Times /28 Julio

Versión en español del original President Obama and the Long March, por Xavier Quiñones

El discurso del presidente Obama antes de la convención demócrata de Filadelfia la noche del miércoles fue, por supuesto, una ocasión para celebrar la candidatura de Hillary Clinton, su ex secretaria de Estado y primera mujer en recibir la nominación presidencial de un partido político importante.

Su presencia en el podio fue también la despedida de un hombre excepcional y un presidente que será recordado por defender elocuentemente los preceptos fundadores del país -incluso mientras los utiliza para ampliar el mandato de la inclusión y la definición de lo que significa ser Americano.

Desde ese punto de vista, la presidencia de Obama ha sido transformadora -quizás incluso milagrosa.

Pero la idea misma de un hombre negro en la Casa Blanca era demasiado difícil de soportar para los supremacistas blancos, los nacimentistas* y los grupos de milicia antigubernamentales que han tornado más salvajes al paso del tiempo. El nominado republicano, Donald Trump, negocia abiertamente sobre esos impulsos, la amplificación gradual del racismo, la xenofobia y la intolerancia religiosa que han envenenado el discurso público en esta nación.

El hermoso y emotivo discurso del miércoles por la noche llegó 12 años después de que Obama, entonces candidato a senador por Illinois, pronunciara en la convención demócrata de Boston el discurso de apertura que lo elevó al primer plano nacional. Mientras lo hacía, el Sr. Obama presentaba su historia personal, la del hijo de un keniano negro y una estadounidense blanca, y propalaba un tema que ha sido común en sus discursos desde entonces: el progreso en la historia de Estados Unidos es tocante a la creación de un pueblo – “de muchos, uno”.

Su optimismo inquebrantable en la capacidad del país para mover la división racial del pasado incluso en tiempos de tragedia y desesperación, es un tema constante en la filosofía de Obama. Y este año -con el aumento de los temores por el terrorismo y los homicidios a manos de la policía y los funcionarios- lo ha sido más.

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Obama volvió de nuevo este miércoles a la visión de largo plazo que ha animado siempre al espíritu americano. “La América que conozco está llena de coraje, y optimismo, e ingenio. La América que conozco es decente y generosa”, dijo.

“Nos frustramos con los embotellamientos políticos y la preocupación acerca de las divisiones raciales; estamos impactados y tristes por la locura de Orlando o Niza. Hay sectores de América que nunca se recuperaron de los cierres de fábricas; hombres que se enorgullecían de trabajar duro para mantener a sus familias, que ahora se sienten olvidados. Padres que se preguntan si sus hijos tendrán las mismas oportunidades que nosotros tenemos.

“Todo lo que es real, tenemos el reto de hacerlo mejor, para ser mejores. Pero a medida que he viajado este país, a través de los 50 estados, así como me he alegrado contigo y contigo llorado, lo que también he visto, más que cualquier otra cosa, es lo que está bien en América”. Dijo esas palabras a sabiendas de que en toda la historia siempre ha sido más fácil apartar a los estadunidenses, que descender al lenguaje de odio y la vendimia de chivos expiatorios para cada mal.

Al comienzo de su viaje a la Casa Blanca, Obama pronunció un discurso sobre la raza en 2008. Puso su historia en el contexto de una gran nación que nace con un gran defecto moral, uno que parecía imposible de corregir:

“Palabras en una pergamino no parecía suficiente para liberar a los esclavos de la servidumbre o proporcionar a los hombres y mujeres de todos los colores y credos sus derechos y obligaciones como ciudadanos de los Estados Unidos. ¿Qué necesitaron los estadunidenses de generaciones sucesivas que estuvieron dispuestos a hacer su parte -a través de protestas y lucha, en las calles y los tribunales, a través de una guerra civil y la desobediencia civil, siempre con gran riesgo- para poder reducir la brecha entre la promesa de nuestros ideales y la realidad de su tiempo?”

Obama dijo entonces que se postuló para un cargo a fin de “continuar la larga marcha de los que vinieron antes que nosotros” y para convencer al país de que podemos “perfeccionar nuestra unión por la comprensión de que podemos tener diferentes historias, pero mantenemos esperanzas comunes”.

En sus ocho años en la Casa Blanca -toda una vida para los jóvenes que no habían conocido un presidente negro-, Obama no fue capaz de curar las divisiones raciales y políticas a pesar de sus esfuerzos y su liderazgo. Ha expresado su pesar y decepción por ese fracaso.

Pero es una verdad fundamental de la historia que el cambio viene lentamente y con frecuencia es reconocible sólo en retrospectiva.

+ Birthers, creyentes de una teoría según la cual Obama no nació en Hawai y pudo llegar a la presidencia de E.U. merced a una conspiración. (N.T.)

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