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Desterrar el Cinismo Gubernamental

Raúl Jiménez Vázquez /Siempre! (México), 12 Ago

Muchas y sumamente graves son las patologías que aquejan a nuestro país. La pobreza, la desigualdad, el abuso de poder, el desprecio a la vida, la violencia estructural, la violación sistemática de los derechos humanos, la corrupción y la impunidad son apenas un puñado de ese gran listado. A ellas es preciso añadir el cinismo, otra aberración de la que poco se habla pero que, sin duda, fortalece el clima de desconfianza generalizada en las instituciones y en quienes las representan.

Descaro, desvergüenza o insolencia son formas de referirse al cinismo. Empero, su núcleo perverso se capta en toda su intensidad trayendo al presente su antónimo: la congruencia. Para Carl Rogers, figura emblemática de la psicología humanista, la llamada tercera fuerza, ser congruente significa ser fiel a uno mismo y mantener una relación lógica y coherente entre lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos.

Entre muchos otros, dos ejemplos corroboran la instalación del cinismo dentro de la psique, los patrones conductuales y las narrativas gubernamentales. El primero cobró vida hace unos días al darse a conocer la campaña #AQUIESTOY Contra la Trata de Personas, a cargo de la Secretaría de Gobernación, la cual está destinada a visibilizar este infame delito, ayudar a las víctimas e informar y sensibilizar a la población.

A tan noble propósito nadie podría oponerse, sino todo lo contrario. El pero estriba en el hecho de que este loable esfuerzo será financiado con fondos de la Iniciativa Mérida. Aquella que, a imagen del Plan Colombia, fue impuesta por el gobierno de la Casa Blanca con el fin de apoyar la guerra antinarco, propiciar la militarización del país y justificar la franca intervención de numerosas agencias de seguridad de Estados Unidos en la toma de decisiones gubernamentales de carácter estratégico. Aquélla que indiscutiblemente ha sido una de las principales causas de la terrible tragedia humanitaria que agobia a los mexicanos.

El segundo botón de muestra es el mensaje difundido por las altas jerarquías castrenses en el sentido de que “Ningún integrante de las fuerzas armadas está obligado a seguir órdenes cuando impliquen un delito, una violación a derechos humanos o a la disciplina militar”. Ello significa la inaplicabilidad de la figura de la obediencia debida y por tanto el subalterno está facultado, e incluso obligado, para desacatar las consignas del superior.

Tan impactante pronunciamiento ameritaría un reconocimiento histórico si no fuera porque la realidad evidencia su radical incongruencia. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Comisión Interamericana y la organización Open Society, entre otras instancias, han puesto de manifiesto que los milicianos son la fuente primigenia de las ejecuciones sumarias, las torturas y las desapariciones forzadas que han ocurrido desde que fueron sacados de sus cuarteles con la encomienda de combatir al crimen organizado.

Desterrar el cinismo gubernamental es un deber ciudadano de carácter insoslayable.

Link http://www.siempre.mx/2017/08/desterrar-el-cinismo-gubernamental/

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