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Cronicón del Congreso de Tlaxcala: Diputados se Abren y Dicen Algunas Verdades

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Cervantes y Aguilar Insisten en Auditar al Auditor; Lozano y Pérez Contraatacan

Toca Otra vez a Fortunato Macías Despabilar a los Diputados Tlaxcaltecas

Los diputados del congreso de Tlaxcala se confrontaron durante la sesión de este martes, tres horas después de acordar a instancias de Lilia Caritina Olvera un nuevo pacto de lavar en privado –a espaldas de la prensa y los ciudadanos- sus diferencias, en torno al tema de los adultos mayores y los indicios de corrupción en el propio congreso y el Órgano de Fiscalización Superior (OFS).

El orden del día de la asamblea transcurrió con la normalidad habitual: los demás diputados hablando por celular y chacoteando sin parar cuando uno lee al micrófono, hasta que en el oasis de los Asuntos Generales, el panista Fortunato Macías Lima prendió la mecha del debate libre, algo inusual dados los acuerdos de las bancadas de votar previamente en comisiones los acuerdos, dejando para el pleno una representación meramente teatral dedicada a Coracyt y los reporteros bien vistos en la dirección de Comunicación.

Así, mediante dispensas de segundas lecturas, un pleno mocho de entre 24 y 25 de los 32 diputados del congreso, unanimidades y cero intervenciones en favor y en contra de lo que se aprobó, los legisladores locales votaron una enésima ley de derechos indígenas, un exhorto al gobernador y los ayuntamientos para uniformar el color de las patrullas de policía, y una adhesión al congreso de Tabasco relativa al transporte público.

Entonces, luego de leerse la correspondencia, subió al podio Fortunato Macías Lima para dar vida a la democracia parlamentaria y reanimar la soporífera sesión.

SABROSOS ASUNTOS GENERALES

Desde la tribuna del Palacio Juárez, Fortunato Macías Lima denunció la confabulación de la rectora de la Universidad del Altiplano y columnista de El Sol de Tlaxcala, Susana Fernández, y una reportera del diario ABC, María Angélica García, con recientes declaraciones en su contra del gobernador Mariano González, formuladas en el marco de un evento celebrado en Apizaco.

Criticó en tal ocasión el mandatario estatal, explicó Macías, su propuesta de reducir de 70 a 65 años la edad mínima para acceder a los exiguos apoyos gubernamentales para personas de edad avanzada.

Según Macías, María Angélica atribuyó en su nota al gobernador una frase que éste nunca pronunció (“irresponsabilidad de Fortunato”); y agregó el diputado que, además, la coordinación poblana de prensa del gobierno estatal (CGIRP) le negó la versión estenográfica del discurso de González Zarur.

A Susana le reprochó Macías sumarse a la descalificación tumultuaria al escribir en su columna (“Deshojando el cempasúchil”) que el diputado panista es “una persona con poca visión”.

El tema en cuestión, claro, eran los adultos mayores. Comparó Macías que mientras durante el sexenio anterior 30 mil abuelos tlaxcaltecas recibieron apoyos; por su parte, González Zarur abatió la cobertura hasta únicamente 7 mil 500 viejitos.

Más aún: el legislador blanquiazul aseguró que el actual gobernador prefirió dejar de ejercer 72 millones etiquetados al sector, antes que entregarlos a los abuelos más necesitados. Una manía arbitraria describió Macías en la conducta del Ejecutivo estatal.

Concluyó pidiendo “iniciar un procedimiento a los responsables por la no aplicación de la ley de adultos” en Tlaxcala.

Fue el detonante. El primer buscapiés del jolgorio por venir para satisfacción de los que en las lunetas festejamos el advenimiento de la polémica pública. El fracaso, en suma, de la opaca pretensión de Olvera Coronel de alejar aún más al pleno de los ciudadanos.

TRANSPARENTES Y OPACOS

Desde que se encaminó hacia el podio se veía ganoso Gregorio Adhemir, si no el más joven, si el de corazón más juvenil entre los acartonados legisladores tlaxcaltecas.

Fue directo al grano: el titular del Órgano de Fiscalización Superior (OFS), Crispín Corona, era responsable del “desvío” (robo)  de 6 millones de pesos, y debía pagar por eso.

Ratificó la exigencia de aplicar una auditoría externa al auditor del congreso de Tlaxcala, y en favor de la transparencia, agregó dirigiéndose al ausente: “Lo exhorto a que renuncie inmediatamente”.

No lo hubiera dicho. Armado de una retórica ampulosa, como de concurso de oratoria de nivel medio-superior, le salió al paso un priísta, Carlos Augusto Pérez, en defensa de su gobernador.

Pérez arrancó su réplica a Macías preguntando “¿Dónde estaba Fortunato el sexenio pasado?”, y sin transición embistió ad hominem: “Le ha mentido a la gente de la tercera edad para utilizarla como bandera política”.

Se anotó varios puntos cuando arrancó la hilaridad del respetable por su alusión a una “Fortunatolandia”.

Ya no daría para más el joven tribuno tricolor. Se refugió en la evocación de una misteriosa “reunión muy importante donde los diputados hablamos de la unidad” y remató convencionalmente con un elogio abstracto de “las instituciones que han dado vida a este país”.

Fascinados, los del auditorio nos involucramos cada vez más en las argumentaciones.

Un picado Macías volvió al podio, desde donde reclamó su derecho de réplica. “Todos acá estamos acostumbrados a sus discursos pomposos”, clavó inmediatamente. Respondió luego a la pregunta inicial de Pérez que “en aquel sexenio un servidor andaba ayudando a repartir” los apoyos a 30 mil viejos.

Entonces saltó a la palestra, visiblemente escandalizado por el giro democrático de la sesión, Bernardino Palacios Montiel, el heredero del partido local creado por la gente del ex gobernador Héctor Ortiz, Alianza Ciudadana (PAC).

“Pienso de una manera, hablo de otra y siento de otra: ¡congruencia! – espetó con un discordante rugido a los polemistas.

“¡Se desbordan los ánimos!”, “Todos estamos expuestos a una crítica”, les advirtió a los que querían hablar.

Antes de desaparecer en la inmovilidad acostumbrada de su curul, Palacios le recomendó a Cervantes mejor ir a la Procuraduría a poner su demanda contra Crispín Corona.

Tocó turno al profesor Héctor Martínez García, e hizo  un nuevo llamamiento a la opacidad. Primero pidió “que seamos congruentes con lo que hablamos hace tres horas en el Salón Verde”, y al final, como si comprendiera la posibilidad de otra lectura de la intención de Olvera Coronel,  prometió sin gran convicción: “No se trata de ocultar a la sociedad”…

DARDOS ENVENENADOS

Fausto Lozano Tovar, por mucho el diputado de más fina elocuencia, ocupó con parsimonia el podio para fustigar con el látigo de su prestancia tanto al escudero del gobernador (Pérez) como al acusador de Corona (Cervantes).

A Pérez lo ridiculizó de plano. Aludió a la cada vez menos misteriosa reunión convocada por Olvera y causante de un retraso de casi dos horas en el arranque de la sesión, asegurando que como aquél “entraba y salía, no entendió nada”.

Le dijo Lozano que anda “con un grillete que dice Mariano González Zaur”. “Debería darle vergüenza”, le repitió dos o tres veces.

“Usted no conoce la ley de adultos, póngase a trabajar de diputado”, regañó mientras Pérez se empequeñecía.

Y, habiendo reivindicado éste la autoría priísta del proyecto de ley de adultos mayores, aprovechó Lozano para recordar que la autora fue Lorena Cuéllar ¡actualmente senadora del PRD!

“Creo que usted lo ha olvidado porque le estaban dando su dinerito. Es el problema de recibir dinero, que se borra la memoria”, postuló con dejo de experto.

Intempestivamente, Lozano apuntó sus obuses aniquiladores contra Cervantes. No para defender a Corona, sino para amenazar al diputado verde. Para proteger el delfín Orlando Santacruz, acaso.

Dueño del escenario, Lozano degustó como en éxtasis las cifras leídas de un fajo de fotocopias. Se deleitó dejando caer gota a gota, entre pausas dramáticas, cantidades en miles y cientos de miles.

Eran copias de cheques de cuando Cervantes fue tesorero del ayuntamiento de Apizaco. Los mismos de la fallida acusación en su contra por desvío de 30 millones de pesos, encabezada por dos alcaldes panistas y el auditor Corona, y que lo llevaron a declararse perseguido político el 31 de diciembre de 2010, a dos semanas de su asunción al congreso.

Sin embargo, no menos sorpresivamente, el cicerón azul desdeñó las evidencias que él mismo llevó a tribuna “porque no sé quién me los entregó, fueron aventados en mi oficina”. “Por eso para mí todos estos cheques son panfletos”, ofreció con actitud de perdonavidas.

Así descubrió Lozano el propósito de su representación: así como Cervantes acusaba a Corona mediante textos apócrifos, así podía cualquiera acusarlo a él. El típico estatequieto.

“Tenga el valor de firmar” su acusación contra Crispín, exigió Lozano a Cervantes. “Estoy de acuerdo en que hay que agarrar a los pillos, pero a todos, con o sin fuero”, volvió a amenazar oblicuamente.

Y no dejó la tribuna Lozano sin pronunciarse asimismo en favor de la opacidad, mediante un elogio ditirámbico de las “grandes habilidades que tiene la presidenta de la JCP”, su correligionaria Olvera, promotora del acuerdo matutino de no discutir de cara a los ciudadanos y reporteros.

Mas no se arredró Cervantes, para nada. Volvió a la tribuna para denunciar que Lozano obtuvo esas copias o del auditor Corona (“ese delincuente”) o de la Procuraduría de Tlaxcala, únicas instituciones donde podían estar tras el conato de juicio en su contra de 2010.

Arrobado en sus virtudes de polemista, Lozano vaciló ante la réplica de Cervantes, acabando por enredarse y sufrir un notorio traspiés.

“No tengo ex jefe, tengo un jefe que se llama Héctor Ortiz”, reveló urbi et orbi sin venir a cuento, obviamente más que orgulloso del esposo de su hermana Lupita Lozano Tovar.

IZQUIERDA EXTRAVIADA

Así por el estilo. Y La izquierda, perdida.

Acaso cilindreada por la retórica de Lozano, una despistada Eladia Torres Muñoz se levantó de la butaca contigua a Olvera para pedir sin más un “juicio político” contra Cervantes.

Gelacio Montiel Fuentes en la luna para no variar. No quiso ser menos que Palacios, claro, y propuso a su vez  “una moción de orden y respeto”.

Y finalmente, Javier Potrero Tizámitl externó una sincera y convencional ¡preocupación por “la reputación institucional de este congreso”!

-Desconoce el diputado perredista que todas las mediciones ubican a los congresos mexicanos como la institución peor calificada por los ciudadanos, hasta con 1.5 en escala de 1 a 10 -le digo a César por decir algo.

-A lo mejor por eso –me responde.

CRISPÍN CONTRA LA PARED

Nadie defendió este martes 4 de septiembre a Luciano Crispín Corona Gutiérrez, el negrito de la sesión.

“Nosotros estamos de acuerdo en que se audite”, pronunció el propio Lozano.

Potrero coincidió, y aludió a 1.5 millones de pesos depositados por el auditor, sin autorización legal, en las cuentas de algunos diputados. “Es claro el agravio”, remachó.

Para colmo, el presidente en persona de la comisión de Fiscalización, Alejandro Aguilar, hundió el último clavo al ataúd del auditor, al reconfirmar la exigencia común de aplicar una auditoría externa al congreso y su OFS.

Si alguna lógica tiene lo que los diputados de Tlaxcala dijeron en tribuna durante la sesión de hoy, sin duda las horas del negrito están contadas.

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