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Comercio Justo e Integración de las Comunidades al Turismo de Tlaxcala

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No es sino a través de la integración de las comunidades sociales al desarrollo socioeconómico que generen los flujos turísticos que se logrará un avance social útil.

Ya se ha hablado de la importancia social de fomentar el patrimonio cultural como herramienta de desarrollo en una sociedad, la proyección económica de ésta actividad es digna de observar. Se entiende que al posicionar la gastronomía tlaxcalteca como atractivo turístico se promueve también la actividad agrícola en las comunidades productoras. En este sentido se está enfocando la producción de los rubros agrícolas necesarios para el desarrollo de la gastronomía tlaxcalteca no solo como atractivo turístico, sino también como una opción para las comunidades productoras de fortalecer su economía generándole beneficios tangibles a los grupos sociales principalmente rurales, entre ellos: agricultores de frutas, hortalizas y legumbres; artesanos que producen ollas, cazuelas, jarros, utensilios de madera, etc.; productores de bebidas tradicionales, etc.

El patrimonio cultural inmaterial gastronómico tiene un valor así como posibilidad de ser utilizado económicamente pero esta utilización debe ser llevada a cabo de una manera planificada con la prioridad de utilizarlo para apoyar a los grupos sociales que están al inicio de la cadena productiva y que por otra parte son quienes comúnmente han seguido preservándolo por generaciones. La Organización Mundial del Turismo (OMT) menciona que para lograr hacer un turismo sostenible ambiental y socialmente, “no se debe buscar transformar a la población ni a su cultura y pensamiento ni aun para su propio beneficio económico sino que la actividad turística ha de ser integrada en el pensamiento y formas sociales ya existentes respetando valores y particularidades de la comunidad local. Nunca ha de plantearse la trasformación de la sociedad y la cultura local o su adaptación para atraer o satisfacer a una cierta demanda turística.”

Esto es lógico pues para generar experiencias auténticas, las sociedades locales deben mostrarse tal como son en su pensamiento, actividades, valores, cosmogonía y folklore de una manera real, sincera y viva evitando fingimientos, “disneylandización” y generación de productos y actuares contaminados por la comercialización, idealización y montajes folklóricos irreales. Ante el turista y visitante del siglo XXI, carecen de atractivo los montajes turísticos que pretenden idealizar una cultura o que hacen de las sociedades locales “teatros turísticos” o museos, el visitante actual está mejor informado y también más sensibilizado hacia el respeto a las tradiciones y cultura de los pueblos originarios.

En ese sentido resulta más enriquecedor tan sólo conservar las costumbres, tradiciones y folklore actual simplemente facilitando al visitante su conocimiento y comprensión acercándole sus elementos sin tropicalizarlos para hacerlos “más digeribles”.

Por otro lado, el aprovechamiento del patrimonio cultural gastronómico puede adquirir una mayor importancia para promocionar una comunidad susceptible de desarrollo al captar corrientes turísticas desarrollando así localidades relegadas sirviendo también como instrumento de desarrollo local.

El visitante cuyo motivo principal de desplazamiento es la gastronomía, por lo común genera consumos mayores que los de un comensal local común, esto es debido a que el visitante gastronómico no solamente busca consumir la comida tradicional sino que también beneficia a la población local al llevar consigo como recuerdos los productos gastronómicos del lugar visitado (productos no perecederos como quesos, dulces, bebidas destiladas embotelladas, pastas de mole u otros preparados, etc.) ya sea para consumirlos posteriormente o incluso para regalarlos generando así un benéfico efecto de promoción del destino de boca en boca.

La integración de las comunidades sociales al desarrollo turístico no es una utopía ya que el tipo de turista generado por estas “experiencias gastronómicas”, no obstante ser de estratos socioeconómicos medio y medio alto, valora a la producción artesanal, la limpieza orgánica de los productos y el comercio justo buscando también involucrarse en este proceso de sentirse un visitante responsable y sostenible que como única huella, deja una derrama económica real y necesaria para la comunidad social.

Abel Cortés Altamirano

Coordinador de la Asociación de Restaurantes, Cafeterías,

Bares y Salones de Fiestas de Tlaxcala A.C.

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