Código Tlaxcala
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“Clavillazo” en Tlaxcala: Cavazos Chacotea Tarjetas N-Cubo

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Croniquilla Chocarrera de un Personaje en Claroscuro

El polémico ex gobernador de Tamaulipas Manuel Cavazos Lerma no se quita nunca el sombrero en las ruedas de prensa, y dicen que ni siquiera para comer. Usa uno de ala ancha, de un blanco que evoca (casi) la pureza.

Debajo hay un rostro casi albino cuyos ojillos van y vienen sin hallar al parecer tierra firme.

¡Ah cómo se divirtió Cavazos -y divirtió a los reporteros locales- esta mañana en la sede estatal de la Lira y Ortega! Algo ayudó que la chabacana actitud de no contestar lo que le preguntan, despertara una paradójica hilaridad entre los preguntones.

El tema anunciado en la invitación girada por la oficina de prensa del tricolor estatal fue la ya famosa Tarjeta del Bienestar, contratada para las elecciones de este año con la empresa N-Cubo.

“El que nada debe nada teme”, decía cuando cruzamos la puerta.

La misma frase que pronunció al amagar, el 30 de enero de 2012, con demandar al gobierno de Felipe Calderón por filtrar su expediente de investigación por lavado de dinero y crimen organizado, mientras Hernández y Yarrington guardaban silencio: “El que nada debe nada teme, por eso estoy aquí”.

-¿Cuál es el origen de la tarjeta? –cuestionó José Luis Ahuactzin, acaso pensando en las tarjetas Monex.

Y Cavazos contestó: “La creatividad, la tecnología. El origen es que hay un medio muy ingenioso, muy creativo de publicitar al partido. Lo que se está haciendo en esta tarjeta no es ofrecer una dádiva, es publicidad antes y después de la llamada”.

-Ustedes han usado la tarjeta, me imagino que sí…

-¡No, no, no nos han dado! –devolvió un coro a los brazos abiertos (un aire del genial Clavillazo) de Cavazos Lerma.

-¡Como! –exclamó dándose a querer.

-¡Llamada por llamada, tarjeta por tarjeta! –acompañó el coro griego el gesto del delegado al sacar una tarjeta de la bolsa de su camisa.

La blandió con irónica displicencia Cavazos, gustoso del momento.

-Muy bien. Al que se porta bien le va bien –prosiguió el juego.

Refirió luego tarjeta en mano que tras marcar el nip 01800, el usuario escuchará un silogismo más o menos así: “La comunicación es bienestar /El PRI quiere tu bienestar /Disfruta esta llamada”.

“Entonces ya pueden hablar”, sonríe Cavazos.

Risitas de la prensa llenan la pausa que abre.

“Y cuando termina (la llamada), dice: Bienestar es empleo, seguridad y servicio; vota por tu bienestar, vota por el PRI, te queremos”, cierra el delegado la exposición.

Hasta donde se le pudo entender a Cavazos, en resumen el PRI volverá a regalar tarjetas a los electores. No para comprar cosas en almacenes, no; esta vez la dádiva será inmaterial: un tiempo-aire más barato porque la conexión pasa por Internet.

Para ello, el PRI comprará a N-Cubo un “tubo de tiempo”.

-¿Cuánto tiene de crédito la tarjeta? –quiso saber una reportera.

-No, no se vende crédito, eso ni siquiera lo han entendido, no es una tarjeta de prepago.

-Entonces a qué número voy a llamar –tercia otra.

-A cualquier número.

-Pero debe tener cierto monto –persiste la primera.

-No. Esta tarjeta se activa automáticamente cuando empezó la campaña y se cancela automáticamente a las doce de la noche del miércoles 4 ó 3 de julio, que es el último minuto permitido. ¿Cuál es el secreto? Pues la nueva tecnología de banda ancha que permite comprar tubos de tiempo por los que puede pasar lo mismo una llamada que un millón –evade Cavazos.

-¿Cuánto destinaron para estas tarjetas y cuantas están regalando? –terquea la reportera.

-Eso depende.  ¿De qué depende? Empezamos (viendo) que aceptación tenía. Si nos siguen haciendo propaganda, va a tener una mayor demanda –propuso a los reporteros.

-¿Inicialmente cuántas fueron? –regresó otra reportera.

-Empezamos con una cantidad de prueba. Cuánto va a ser y cuánto costar, depende del número de tarjetas, porque hay economías de escala –siguió reacio Cavazos a precisar nada.

-¿Cuánto destinó el PRI?

-Todavía estamos haciendo, no el contrato, sino la exploración. Depende del éxito que tenga. Y ustedes nos van a ayudar –se enconchó.

-Nosotros le compramos a N-Cubo –reveló enseguida.

-¿Y cuánto le costó al PRI esta contratación? –volvió la primera reportera.

-¿Qué no ha visto usted que a veces le venden pruebas? –replicó con sequedad.

-Han de haber hecho una cotización –inquirió Juan Luis Cruz.

-No, depende del número –más osco ahora.

-¿Y nos podría dar un ejemplo, si son cien mil cuánto podría ser…? –insistió el reportero de La Jornada.

-No.

-¿No lo sabe, o no lo quiere decir? –cuestionó el de Código Tlaxcala.

-¿Hay un piso mínimo? -insisto.

-Más bien máximo. ¿Cuánto costaría si compráramos una tarjeta?…

-Si es el número mínimo de tarjetas, ¿cuánto pagaría? -interrumpo.

-Necesitamos un número máximo que es la lista nominal –se escurrió sin remedio Cavazos el excatedrático del Tec de Monterrey.

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