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Ceremonia de El Grito en el Zócalo de la Ciudad de Tlaxcala

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Croniquilla Fervorosa en Tres Actos

EL ALCALDE EN PALACIO

La muchedumbre que coreó El Grito en el zócalo de Tlaxcala desafió una llovizna que humedeció la noche del sábado y estuvo a punto de aguar la ceremonia. Desolada lucía la plaza faltando media hora, pero llegado el momento salimos de todas partes hasta llenarla.

Alguien explicaba a través de altavoces los significados de los elementos del rito patriótico, mas no fueron las palabras, sino la marcialidad de los militares de la banda de guerra y la escolta lo que ganó el interés de los asistentes.

Antes del grito reservado al gobernador tocó al alcalde capitalino, Pedro Pérez Lira -cuyo despacho de halla a escasos metros- leer desde un balcón secundario del Palacio de Gobierno el texto del Acta de Independencia promulgada por el Congreso de Anáhuac en la ciudad de Chilpancingo el 6 de noviembre de 1813.

Evocó el edil capitalino que el congreso de Morelos “declara solemnemente, a presencia del señor Dios, árbitro moderador de los imperios y autor de la sociedad, que nos da y nos quita según los designios inescrutables de su providencia; que por las presentes circunstancias de la Europa, ha recobrado el ejercicio de su soberanía usurpada”.

LA VIRGEN QUE FORJÓ UNA PATRIA

“¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!”, gritó el gobernador de Tlaxcala desde el balcón de palacio y la gente de la plaza le devolvió un coro de vivas.

Gritó vivas individuales a Hidalgo, Morelos, la primera Doña, Josefa Ortiz de Domínguez, y Allende. En parejas gritó los nombres de Aldama y Matamoros. “¡Viva la Independencia!, ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva Tlaxcala”, culminó Mariano González Zarur.

Enseguida jaló tres veces el cordón de la réplica de la campana de Dolores. Los tan tan tan de bronce salidos del penacho de la fachada fue señal de un estallido inmediato, mezcla de vivas, notas del himno nacional, confeti, estruendo de cohetes y fulgores de colores.

Simboliza el gobernador de Tlaxcala, al ondear la bandera nacional, a Hidalgo en el momento de enarbolar en el Santuario de Jesús Atotonilco un estandarte con la inscripción Viva Nuestra Señora María de Guadalupe.

“La virgen que forjó una patria”, la llaman.

Fuegos artificiales bañaron la fachada del Palacio de Gobierno con una cascada de luz blanca al son de la música del mariachi.

El gobernador y su hija Mariana observaron desde la plaza, rodeados de una nube de funcionarios y diputados, el prodigio musico-pirotécnico.

Allí, el mandatario viudo y la titular del DIF dieron la mano a decenas de personas que quisieron saludarlos.

COLOFÓN

Así en todo el país, la noche del sábado 15 de septiembre los titulares del poder Ejecutivo (presidente de la república, gobernadores, presidentes municipales y presidentes de comunidad) gritaron prácticamente la misma fórmula de vivas cuidadosamente legislada.

Encarnan los gobernantes a Miguel Hidalgo y Costilla, quien hace 202 años convocó en Dolores Hidalgo, Guanajuato, a la rebelión contra el gobierno establecido.

Gritó un grito por cierto muy distinto el cura Hidalgo en 1810. Los historiadores recogen las consignas “¡Viva la religión católica!”, “¡Viva Fernando Séptimo!”, “¡Viva la virgen de Guadalupe!” y “¡Mueran los españoles!” (ó “¡A matar gachupines!”, según otra versión oral).

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