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Castro Ruz: Aberrante Idolatría

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56 años en el poder. (lanacion.com.ar)

“En La Habana hubo tristeza, la música calló y las bodas se cancelaron; mucha gente lloró en las calles”, comienza un reportaje sobre el deceso de Fidel Castro Ruz publicado este domingo por el diario Milenio. Nada nuevo. A despecho de las ideas de Montesquieu acerca de la soledad de las tiranías, en la historia real nunca han faltado admiradores a los grandes genocidas.

Confieso que el insignificante “gusano” motu proprio que elijo ser ante las atrocidades de su dictadura militarista sonrió regocijado al conocer la noticia del deceso de Fidel. Es malo alegrarse por la muerte de alguien -pero hay excepciones. Me enteré hacia la medianoche. Desde entonces, la sucesión desconcertante de reconocimientos al comunista totalitario no ha dejado de sorprender. Cuenta el historiador marxista Deutscher una analogía pertinente: hubo desmayos en lugares remotos como Hungría y Rumania cuando, tras la muerte de Stalin, Kruschev reveló la verdadera naturaleza del superhéroe balín de los pueblos -y que también se mantuvo en el poder a sangre y fuego hasta la muerte. En ambos casos casi nadie quiso ni quiere prestar atención a las versiones de los disidentes. ¿Para qué, si los pastores descalificaron a los opositores al injuriarlos “gusanos”, “contra-revolucionarios” y “traidores”?

“¿Para qué” –parecieran pensar los camaradas y sus admiradores- “si nuestros sabios guías ya pensaron y concluyeron por todos nosotros?”.

Sorprende –aunque no debiera- la coincidencia del arzobispo Norberto Rivera con el presidente Peña Nieto,  mas sobre todo de la prensa latinoamericana en la apología post mortem. La ceguera de la antidemocrática izquierda mexicana, no. Tres líderes sudamericanos más que dudosos: Dilma, Lula y Maduro, se apresuraron en hacer guardia al ataúd. También hay buenas señales, aunque escasas. Entre la retórica política que llena los diarios mexicanos, una hija de Huber Matos ilustra en Milenio cómo forjaron los Castro su gobierno totalitario, eliminando a la mala algunos jefes guerrilleros partidarios de la democracia. Recibió más espacios la lucidez del Nobel Mario Vargas, para quien “la historia no absolverá a Fidel Castro”. Asimismo reconforta que Trump parece decidido a exigir al heredero Raúl libertad para el pueblo de Cuba a cambio de la relación bilateral. Y resulta esperanzador que hayan festejado los únicos cubanos libres: los millones que viven en Estados Unidos, ¡los “gusanos” vilipendiados por el fallecido!

Vergüenza nacional: las universidades públicas de México, incluidas varias que otorgaron honoris causa al tirano, están hoy de luto. Es una paradoja consanguínea de aquella famosa de jóvenes fanatizados exigiendo en las calles de los países capitalistas libertad a presos políticos, y al mismo tiempo, coreando loas a las dictaduras soviética, china, polpotiana, albanesa o cubana, campeonas en reprimir a los opositores políticos.

¿Es que ni siquiera habrán leído los universitarios de hoy y nuestros gobernantes y los líderes reigiosos el inmenso testimonio de la bloguera cubana Yoani? Si los activistas nativos se desgarran las vestiduras por las Madres de la Plaza de Mayo ¿cómo entonces ignoran o infaman a las Damas de Blanco de La Habana? ¿Habrán oído de tantos quijotes que luchan y lucharon contra el imperio isleño de los hermanos Castro, como los también hermanos Vianco, Django y Alexis Vargas Martín, condenados años de prisión por “desórdenes públicos”, mismo cargo enderezado contra Ciro Alexis Casanova Pérez por protestar solo y su alma contra el régimen en su pueblo de Placetas? ¿O, entre incontables casos más, los de Iván Fernández Depestre y Emilio Planas, encarcelados por “peligrosidad”, según reporte de la ONU? ¿Se habrán enterado siquiera del grafitero Danilo Maldonado Machado, alias El Sexto, a quien la dictadura arrestó en la Navidad de 2014 por “faltar el respeto a los líderes de la Revolución”? (transportaba en taxi dos cerdos que pensaba soltar en un evento artístico con los nombres “Raúl” y “Fidel” tatuados en el lomo).

No los oyen. No quieren oírlos. Como tampoco quisieron conocer los ex comunistas latinoamericanos, antes, los testimonios de Alexander Solyenitzin y Andrei Sajarov. Necesitamos entender porqué.

El diario argentino La Razón resume la verdadera herencia de Fidel Castro Ruz para Cuba, nación de 11 millones de personas, en los datos siguientes: al menos 7,365 asesinatos de Estado y 20 mil presos políticos documentados; y, 2 millones 500 mil exiliados que en gran proporción se arrojó al mar.

En comparación, los argumentos de los apologistas del tirano se siguen antojando francamente pobres.

Culpar al “imperio yanki” no tiene lógica. De entrada porque la decisión de Fidel de aliarse con el totalitarismo ruso (prácticamente poner la isla a disposición del otro imperio, el soviético, enemigo declarado de EE.UU.) fue su responsabilidad personalísima, volitiva, decidida por él. Por supuesto tuvo otras opciones. Una, la más usual en la política mundial de ayer y hoy: hacerse a un lado para no estorbar cuando no se puede ayudar (podría haber escogido sustituto entre los propios correligionarios, acaso Raúl). Mas el tirano -entonces en ciernes- no eligió la libertad ni la democracia ni el estado de derecho ni la humildad ni la sensatez.

En retrospectiva, el hecho duro es que el egocéntrico Fidel jugó a muerte con el pueblo de Cuba: contra el imperio democrático y en favor del imperio totalitario. Puso a la Nación como escudo de su delirio absoluto.

Por mi parte sigo esperando una justificación racional, no meramente retórica, de la tiranía comunista que casi destruyó Cuba. Además de rollos deben reunir los apologistas de los Castro Ruz evidencias muy grandes de los supuestos “logros de la Revolución”. Gigantescos logros deben ser esos que mi vista de aguilucho no alcanza a descubrir. Tan, tan grandes, que acaso puedan ¿justificar? tanto abuso y el sacrificio durante 56 años de las libertades connaturales de todos los cubanos.

Ojalá se animen, los apologistas de los macabros tiranos Castro, a tomar de buena fe la pluma y explicar por una vez, pública y racionalmente, su aberrante idolatría. Así sabremos los demás a qué atenernos, digo.

COHETERÍA

¿PANISTA? Si siguen así las cosas me volveré panista, supongo. Lo digo porque sólo el PAN –cuyo compromiso con la democracia no familiar es casi nulo- expresó una condena abierta del brutal dictador. ¡Cuando menos los panistas son congruentes en este caso con la legislación de México!

No sé si ya se pronunció al respecto el Instituto Nacional Electoral (INE). Entre sus obligaciones está promover la cultura y los valores democráticos, y este compromiso -si algo entiendo- obliga asimismo a los partidos políticos. Me pregunto si se atreverá el INE a cumplir su obligación y mediante exhortos o multas invitará a los subsidiados partidos de México a no rendir culto público a un tirano que en pleno siglo xxi censuró libros, suprimió la prensa y prohibió el Internet a sus conciudadanos. Por congruencia con nosotros mismos. Si desean adorarlo que lo hagan en privado, sin utilizar el dinero de México.

ENTERRADOR ¿Sabrán los fanis que Fidel preparó personalmente el espectáculo de su propio funeral? Aquí un enlace

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