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Vuelta Exprés a Tepoztlán, en 12 Fotos

En el Adoratorio de Ometochtli se Sacrificaba a los Ebrios Contumaces

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Los hay provenientes de numerosos estados del país, aunque no faltan heraldos de los cinco continentes. Brasileños, ingleses, franceses, españoles, japoneses y por supuesto, los infaltables norteamericanos, principalmente estadounidenses.

DOS El mercado es un muestrario de artesanías salpicado de dulces de amaranto y bolsitas de chía. En los puestos multicolores hallan los visitantes textiles, bisutería, souvenires de barro y madera. Abundan los puestos de comida: tlaxcales, quesadillas, tacos, chapulines fritos, y para pasar tantas exquisiteces, refrescos, aguas y cerveza.

 

TRES Caminando sobre la calle del mercado se llega al famoso convento del siglo XVI dedicado a la Virgen de la Natividad. El pórtico principal exhibe una especie de penacho elaborado con semillas que componen la imagen de un guerrero prehispánico, ataviado con el escudo o chimalli y la espada de madera con filos de obsidiana o macuahuitl.

 

CUATRO En el atrio que une el templo y el convento, se hallan sobre el piso cinco campanas que los lugareños fechan en el siglo de la conquista. Las más grandes ostentan los nombres de Doña Mariana y de Ignacio Comonfort, los patrocinadores. Son de bronce, probablemente enriquecido mediante aleación de plata para mejorar el brillo de los tañidos.

 

CINCO El patio del convento dominico invita al recogimiento y la meditación. La fuente al centro del patio está enmarcada entre dos pisos, cuyos muros disponen de un total de 32 vanos. Alguna vez crecieron allí naranjos que perfumaban el ambiente. Inevitable ponerse a imaginar la convivencia de los frailes de la rica orden de Santo Domingo, entre susurros, rezos y silencios.

 

SEIS En la planta alta donde hoy están las salas de exposición del Museo de la Natividad, estuvieron las celdas de los dominicos. Los corredores abovedados que conducen a las celdas llevan una decoración de nervaduras en las esquinas.

 

SIETE Entre las celdas se pueden ver todavía varias letrinas de las antiguas, sin agua corriente. Aunque desde un punto de vista moderno se antojan poco higiénicas, siempre eran preferibles a evacuar al aire libre. En los muros se aconseja sobre la defecación, en estos términos:

“Si en comer eres decente, en vestir y en hablar, en el modo de evacuar no te muestres indecente. Manéjate muy prudente: en el hueco o agujero acomoda tu trasero, todo en él, sin ensuciar las tablas, que es regular se porte así un caballero”.

“No hay que cansarse, mortales: en obrar no hay excepciones, porque en todas las naciones en esto son muy iguales. De las materias fecales todos haremos morcilla, y cuando la gana pilla dando al intestino tono, el Rey baja de su trono y el Papa deja su silla”.

 

OCHO Desde una ventana del convento se puede observar el cerro del Tepozteco, en cuya cima se distingue la pirámide prehispánica. Entre las rocas y la vegetación, hileras de visitantes semejantes a hormigas que van y vienen del lugar donde se hacían sacrificios humanos.

 

NUEVE Durante casi dos horas recorremos los húmedos senderos del Tepozteco que desembocan en un estrecho cañón que parece haber sido cortado justo lo necesario para favorecer la defensa de la pirámide. Estamos ya en la puerta metálica que da acceso a la pirámide de dos cuerpos unidos mediante una escalera con alfardas, coronados por una cima de dos piezas. Allí se rendía culto a Ometochtli-Tepoxtécatl, deidad del pulque, la fecundidad y la cosecha. El Tepozteco, hijo de Ehécatl, el dios del viento, también fue una deidad. Cada 8 de septiembre se hace una fiesta en su honor.

 

DIEZ En la cima del Tepozteco habita una familia de coatíes, una especie de zarigüeya. Para sorpresa de los visitantes, los animalitos no tienen miedo a las personas, con las que interactúan sin inhibición y hasta con un poco de descaro.

 

ONCE La pirámide o Casa del Tepozteco tiene base cuadrada y mide casi diez metros de altura. En ella se encontró el ídolo Diez Conejo, representación de Ometochtli (en náhuatl: ometochtli, ‘dos conejo’‘ome, dos; tochtli, conejo’), un espíritu o dios menor de la embriaguez y uno de los cuatrocientos espíritus o dioses menores de los borrachos, hijos de Patécatl y Mayáhuel (este era venerado bajo la forma de un conejo y estaba asociado con la fertilidad vegetal y el viento que los mece. Al parecer, allí se sacrificaba a los ebrios intoxicados.

Se sabe que el adoratorio ubicado en la cumbre del cerro Tlahuiltepetl fue destruido por Fray Domingo en 1538, durante la evangelización.

 

DOCE Desde la pirámide es posible obtener vistas espectaculares del pueblo de Tepoztlán, cercado entre agrestes peñascos a los que debe su bien ganada fama de ser un punto de concentración e irradiación de energías cósmicas.

 

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