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“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Lecciones de Trump Para México

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Portada del Wall Street Journal.

Puede ser algo peor, o ser algo mejor, eso no lo podemos saber todavía. Eduardo Medina Mora

El sorpresivo triunfo de Trump implica diversas lecciones para México y el resto del mundo. Sobre todo, para México y los mexicanos.

Lección global: como la votación británica del Brexit y la colombiana del Acuerdo de Paz con las FARC, así los ciudadanos de Estados Unidos salieron a votar masivamente contra banderas enarboladas por sus presidentes -específicamente los Obama, Cameron y Santos. Al votar contra el establishment posiblemente muchos ocultaron su intención de voto. Podría no ser una coincidencia. Juntas, dichas votaciones se antojan señales del mismo humo de una protesta cívica global contra fallas sistémicas del actual orden político.

Para México, las lecciones del triunfo de Trump son francamente colosales. Lo expresado esta mañana de cruda ante las cámaras de Televisa por el literato neoporfirista e ideólogo del PAN Enrique Krauze (“una sombra ha caído sobre los mexicanos”), resume la confusión de los patriotas que cavaron trincheras desde las oficinas del gobierno y los medios de comunicación de México en contra del hoy presidente electo de la nación más poderosa.

Dicha  confabulación seudo patriótica de políticos, intelectuales y periodistas nativos contra el candidato Republicano entraña una lección irritante por cuanto abre la puerta de nuestra elección presidencial de 2018 al gobierno y los gobernantes de Estados Unidos. En particular, la prensa nacional acaba de abochornar al gremio con uno de los espectáculos más ridículos de su errática trayectoria al atizar de modo artero y francamente goebbelsiano el miedo hacia Trump. Nuestra prensa le debe una disculpa al ahora presidente electo, por conducirse como pandilleros y mafiosos y linchadores de rancho. Y a sus lectores; a estos por el engaño intencional -lo sabemos los que tuvimos la curiosidad de contrastar lo que narraron los portales digitales de México con lo que contaron los homólogos de lengua inglesa. Hubo acá una maquillación brutal, indigna de cualquier oficina municipal de Comunicación Social. Si un anti-Trump, seguidor de Bernie o Hillary, irrumpía un mitin republicano portando un cartel enemigo o insultando al candidato, la prensa de México no dudaba en titular “Otra vez violencia en mitin de Donald Trump” (o algo así, lo leí en Milenio). ¿Y qué decir de las mentes brillantes del duopolio Televisa-Tv Azteca, que con contadas excepciones se equivocaron paso a paso desde que Trump era apenas un aspirante? Fallaron nuestros guías mediáticos cada día y en cada viraje específico del curso electoral.

Nada estaban entendiendo de lo que veían, y no entendiéndolo contribuyeron a la confusión nacionalista mintiendo a propósito, exagerando, minimizando, soslayando, maquillando en suma lo observado -uncidos motu proprio a la postura del presidente Peña Nieto. Patético. Impropio del periodismo.

 

Sin meternos en honduras, la autodefinida inteligencia nacional y los autodefinidos líderes de opinión de México dieron, en conjunto, exhibición coligada de una impericia politológica casi infantil y de muy graves carencias éticas y profesionales. Mutatis mutandis -y con ánimo de restregar- equivale esa conducta fallida a las verdades históricas de la PGR. Ahí quedan, en Internet, las evidencias para asombro de cronistas menos parciales. ¡Que ahora no intenten justificar ineptitud y carencias persistiendo en su anti-campaña fallida contra el presidente Trump!

Porque la tercera lección es de democracia. Trump ganó con reglas más libres y muy distintas, opuestas en numerosas aristas al modelo IFE-INE. Si queremos aprender, ya sabemos que no es necesario pagar sueldos estratosféricos a una súper burocracia electoral corrupta para ser democráticos. Y aprendimos que no son democráticas las prohibiciones instauradas contra nuestros candidatos y medios de comunicación por los partidos políticos y sus faraones electorales injustificadamente llamados “consejeros ciudadanos”. Y, sabemos también que en democracia es preferible excederse en el discurso que evadir los asuntos realmente importantes para los ciudadanos de la calle.

Falló la vergonzosa anti-campaña del Estado mexicano. Nos queda aprovechar las duras lecciones del país vecino.

Y queda a los implicados asumir cada uno su parte de irresponsabilidad.

PEÑA EN SU LABERINTO

Así, llegado al límite del ridículo en redes sociales, principalmente por evidencias notables de corrupción gubernamental y personal, de pronto el gobierno de México se ve en una tremenda encrucijada faltando menos de veinte meses para el primer domingo de junio de 2018. Por lo pronto, el peso ya entró en caída libre. La cuestión es si los que mandan en México volverán a envolverse en la bandera, negados a toda empatía con los intereses de los poderosos vecinos del norte que dieron patria nueva a millones de mexicanos marginados acá.

¿Sabrán reconocer la parte sensata y válida –que la hay, al menos desde la perspectiva del interés estadunidense- en las posturas del ahora presidente Trump sobre temas comunes? ¿O seguirán negando al vecino su derecho elemental a resolver con un muro, si creen que es solución, lo que ningún otro país del mundo se permite: mantener unos 12 millones de ilegales en su territorio? No, esto no puede permitírselo nadie ni mucho menos una nación que es líder global y está amenazada por tantos. (A propósito, otro ejemplo de antipatía: nadie quiere pensar en México lo que haríamos si ISIS o EI bombardearan Palacio Nacional, Los Pinos, el Campo Marte y la Torre Latinoamericana. O si nos invadieran millones de extranjeros -aunque esto se puede imaginar por el terrible maltrato que propina nuestro gobierno a los ilegales centroamericanos.)

No hay empatía con nuestro principal socio comercial, insisto, y por eso no intentamos siquiera entenderlos.

El ultra nacionalismo -al que me gusta llamar nacionalerismo- ha causado históricamente mucho daño a los mexicanos. Nos enceguece ante el otro y la realidad global. Hoy, el mayor riesgo del “desastre” de la victoria de Trump es que nuestra clase política elija embarcarse en una paranoia del tipo Castro Ruz o Chávez-Maduro. Lo peor que nos podría pasar, a los mexicanos de a pie, es que las élites nativas impusieran de nuevo al resto de la nación la estrategia del avestruz. No deberían enconcharse los gobernantes de México ante el enigma Trump. ¿Acaso no presumen de llevar sus niños a Disneylandia, apostar en Las Vegas, esquiar al norte del trópico, comprar residencias, hacer posgrados en las magníficas universidades ajenas y pasar semanas o meses enteros en Gringolandia?

Pues bien, el pueblo de ese admirable país a donde tanto les gusta ir a turistear y vivir quiso que su próximo líder sea Mr. Trump. Respetemos eso. E intentemos, por fin, entender las razones de ellos que no tienen porqué ser las nuestras.

Otra vez se halla México ante un viejo dilema: encerrarse en sí mismo o abrirse con franqueza, sin miedo y de buena fe a la exitosa democracia del norte. Fuerzas internas poderosas están pujando a favor de la falaz opción nacionalera, la cerrazón y la opacidad.

Es, por cierto, un momento delicado.

COHETERÍA

PARADOJA HILLARY Paradoja de la sarcástica realidad: no es Trump quien desconoció el resultado de la elección que hasta la 1 de la mañana no había concluido. A través de John Podesta, la demócrata insinuó que exigiría ¡recuento de votos!, aunque el jefe de campaña pidió a los desolados seguidores mejor irse a dormir. ¿Qué podría significar ello? Nunca lo sabremos. Minutos después, Trump confirmó a sus propios simpatizantes, durante el mitin de la victoria, que la esposa de Bill lo llamó para felicitarle.

Para entonces, en la pantalla de Televisa Carlos Loret insistía en el triunfo de Trump contra una “serena” Denise Marker que se entercaba en postergar la noticia inevitable…

Unidos contra un candidato de una elección extranjera. (Red Política, El Universal)

FANTASMA AMLO Ahora que ganó Trump, ¿seguirá insistiendo el PAN en compararlo con Andrés Manuel López Obrador, nuestro aspirante anti-sistema y enemigo de “la mafia en el poder”?

¿Qué hará Margarita de Calderón, quien siendo senadora de la república llamó a votar contra el próximo presidente de E.U.? ¿Sabrá, llegado el caso, estar a la altura del mexicanísimo dicho “El que se lleva se aguanta” y no pedirá ir a la guerra contra la potencia global sólo porque Trump le reclame, si ella llegara a ser candidata, tantos muertos y desaparecidos que el esposo se negó a investigar -y de paso infamó en gran número al suponer sibilinamente que todos eran delincuentes?

 

MALDICIÓN COLUMBUS Sin duda, el choque clasificatorio al Mundial de fut entre Estados Unidos y México se desarrollará el viernes bajo el impacto de la elección presidencial. Los nuestros van contra la llamada “maldición de Columbus”. Los gringos llevan allí, desde que decidieron cambiar la sede del mexicanizado L.A. al pueblo agredido por Pancho Villa, cinco triunfos seguidos sobre la Verde.

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