Código Tlaxcala
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Jóvenes, Jóvenes y más Jóvenes

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En un México de impunidad y falta de oportunidades, la apatía de una generación de jóvenes mexicanos acentúa la desesperanza de los críticos y los espectadores. La política resulta una vocación para la caridad en la teoría y de perversión en la práctica.

Mucho se ha dicho sobre la juventud en estos últimos días, escuchamos la juventud por aquí, que la juventud por allá, que somos el futuro y muchas cosas más; pero difiero de eso, los jóvenes no somos el futuro, somos la esperanza presente de un estado (Tlaxcala) y una nación entera (México) que quiere un cambio verdadero en nuestro entorno, y nosotros le vamos a dar la esperanza a un pueblo que ya necesita un cambio, que ya no soporta lo que está viviendo en estos días.

Juventud y Política son dos términos difíciles de armonizar. El primero se relaciona con la rebeldía ante la injusticia, la pasión en la búsqueda de la verdad y el momento de querer transformar la realidad a pasos agigantados. El segundo engloba una serie de percepciones negativas enquistadas por generaciones y vinculadas a la búsqueda del poder por el poder mismo, la descomposición social y la existencia de una clase de gobernantes con intereses mezquinos, protectores del statu quo, enemigos de lo que es bueno y justo.

Decía Don Luis H. Álvarez que “ninguna edad es, como la de nosotros, buena para los grandes ideales, para la actitud generosa”, y es muy cierto, nuestra edad, amigo y amiga, es la idónea para poder realizar grandes cosas, ya que en nuestro tiempo contamos con las herramientas y creo estamos en el tiempo necesario para cumplir los ideales y sueños que tenemos para poder resolver las problemáticas que existen y así darle a nuestra ciudadanía un lugar mejor.

Y nos es casualidad que jóvenes destacados estén ocupando ya puestos políticos o siendo representantes, siempre buscando en su mayoría un bien común hacia los demás.

Los jóvenes, en su potencial, tienen la capacidad de crear e imaginar grandes cosas en beneficio de los demás, pero en ese ímpetu por hacer muchas cosas, muchas de las veces es desaprovechada esa capacidad que los jóvenes tienen, y más si no hay mentores que los puedan asesorar y más que nada, encaminarlos por un buen camino, hablando de política con un pensamiento político humanista.

Hoy hay toda una generación profundamente decepcionada por las decisiones de terceras personas sobre la vida de los jóvenes, porque no se les toma en cuenta como tal, solo son los “chalanes” que hacen el trabajo de los demás, y eso, tiene consecuencias concretas en la vida de los jóvenes. Tenemos también que buscar unidad generacional, y la unidad generacional no se va a lograr discriminando una generación a otra, la unidad generacional no se va a lograr si una generación cree que la otra solamente funciona para repartir volantes o para pintar bardas.

Pero la unidad generacional tampoco se alcanza cuando lo que se plantea es un relevo generacional, no se trata tampoco de que lleguemos unos a desplazar a otros, porque todos tenemos algo que aportar, porque quienes somos más jóvenes tenemos el deber de escuchar, de aprender a quienes pintan canas, a quienes ya transitaron por donde ahora nos proponemos andar.

Pero al mismo tiempo debe reconocerse que los más jóvenes venimos a aportar entusiasmo, fuerza, decisión y pasión.

La fórmula no es la discriminación, pero tampoco es el relevo, la fórmula es el diálogo entre generaciones, donde nos apreciemos, donde nos escuchemos y donde construyamos una visión común. Los jóvenes seremos los agentes de cambio para poder dar ese cambio tan hablado por varias personas, y así dar esperanza a la gente que está llena de un hartazgo por el actual gobierno en turno.

Para finalizar, y como decía Pio XII, que la política debe ser “la forma más excelsa de practicar la caridad”; dicho lo anterior, adquiere gran vigencia en nuestros días.

Solo así se hace vida nuestro sueño de dar esperanza hoy, en tiempos de tribulaciones, al sueño de dar a la patria esperanza presente.

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