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Joan Sebastian

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Joan Sebastian, su muerte detuvo indagaciones. (kebuena.com.mx)

“Joan Sebastian les decía a las ‘chicas’ que ellas eran sus princesas y él las cuidaría como su papá”.

Les regalaba, según “Amanda”, zapatillas y los “accesorios de todas, todo en oro”.

Lo anterior fue declarado en presencia de una psicóloga y trabajadores sociales por la menor ante personal de la PGR, el 19 de julio de 2014, un mes antes de los fusilamientos de Tlatlaya y dos antes del ataque a los normalistas en Iguala.

“Amanda” había sido secuestrada siendo niña a la salida de una escuela primaria por El Boloncho, un miembro de Los Rojos de Morelos, quien la utilizó como “burra” de drogas en Morelos y prostituyó en Taxco.

Las “chicas” aludidas por “Amanda”, a las que al parecer fue aficionado el “poeta del pueblo”, lo eran -según consta en declaraciones de víctimas de trata-  literalmente: tenían menos de 9 años de edad.

Las “grandes”, entre 10 y 12 años…

Según Héctor de Mauleón, las víctimas eran en su mayoría hijas de migrantes centroamericanos que buscaron llegar a los Estados Unidos cruzando México, quedando separadas de sus padres por exiliarlos nuestro gobierno o asesinarlos ex profeso los tratantes.

El testimonio de “Amanda” fue respaldado el 8 de mayo de 2015, dos meses antes del deceso del cantante, también ante la unidad de la PGR especializada en trata de menores, por “Julieta”, otra víctima.

A los 16 años fue empleada por un bar de Cuernavaca para servir micheladas por 700 pesos a la semana, y una vez allí, una mesera la invitó a trabajar en un antro de Temixco: El Sexto Sentido, con la expectativa de ganar el triple.

Un día fue invitada “Julieta” -refiere Mauleón- a servir de “dama de compañía” en una fiesta trágica (una joven fue asesinada) que presidió La Barbie. A lo cual siguió una segunda fiesta, en el rancho del admirado Joan Sebastian y a la que habría acudido también el famoso narcohomicida.

Afirma “Julieta” en su declaración, que entonces oyó al cantante referirse a las menores con la expresión “la mercancía”; y supo que escogió a las invitadas a la fiesta en un muestrario de fotos elaborado por los criminales.

El valeroso artículo de hoy del columnista de El Universal (Joan Sebastian, señalado por víctimas de trata), concluye así: “ ‘Julieta’ logró escapar después de ser explotada sexualmente durante tres años. Nunca estuvo en el bar donde fue explotada ‘Amanda’, y sin embargo, sus testimonios se tocan. La gran oscuridad de México las unió”.

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Con Juan Sebastián. (laopinion.com)

Tras leer la columna recordé que Joan Sebastián fue despedido como un héroe (leyendo topé este tuit de la cantante Lucerito: “Aquí te lloramos y aplaudimos hasta ese lugar tan bello donde hoy estás feliz y en paz”); y que dos hijos suyos fueron asesinados a balazos.

Juan Sebastián, en lo que la prensa llamó “un ajuste de cuentas” y precisamente en un bar de Cuernavaca.

Así, después de oír tantas cosas buenas durante tantos años acerca del cantante educado por sacerdotes cuya máxima era “Cada día es de Dios”, no puedo superar el ansia de hacer preguntas pesimistas.

¿Cómo pudo el compositor disfrutar y en tales compañías de mujeres apenas niñas: vería con ojos cómplices a La Barbie, acaso relamiéndose los bigotes encanecidos, cuando las escogía?

¿Cómo es que tantas autoridades, artistas, empresarios y periodistas lo consintieron a sabiendas y permitieron que el pueblo lo creyera hasta el final un hombre bueno?

¿Acaso en México es asunto menor tener sexo forzado un adulto con niñas de 6 ó 7 años? ¿De veras será más importante para la sociedad la aprobación de una ley, la inauguración de una obra o el discurso de un servidor público?

¿De veras?

Tal vez para algunos las niñas de Joan Sebastian sean una mera cifra, peccata minuta –algunos que por desventura son muchos, y muy connotados a juzgar por la protección de que gozó en vida en México otro célebre fallecido impune: el monstruoso pederasta michoacano Marcial Maciel.

COHETERÍA

Las revelaciones de Mauleón me hicieron recordar -además del caso ineludible de Sergio Andrade- cuando otro cantante, el creativo Buki Marco Antonio Solís, fue señalado por una concursante jaliciense durante un programa de televisión, de hacerle propuestas indecorosas en el contexto de la competición. La reacción de los organizadores fue de antología: se negaron a conceder ni una pizca de razón a la denunciante y en red nacional le advirtieron que criticar a una estrella de tal magnitud significaba condenar sus sueños al fracaso. Así anda México desde hace un buen rato.

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