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Gobernanza Moderna

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Durante la presentación del mensaje ciudadano del exgobernador Mariano González Zarur el pasado 5 de diciembre, el hoy titular del Ejecutivo estatal, Marco Antonio Mena Rodríguez ofreció que en la elaboración del Plan Estatal de Desarrollo para su mandato tomará en cuenta la opinión de la ciudadanía.

Mena Rodríguez destacó que “… el gobierno debe tomar en cuenta a la gente para trabajar y construir las ideas, y no solo presentar lo que ellos como autoridades piensan que debe hacerse, o los expertos creen que debe hacerse”.

En este mismo sentido, en su discurso de toma de posesión convocó a elegir el camino de la modernidad, entendiendo y aceptando la diversidad para construir y crecer juntos, pasar de la gobernabilidad a la gobernanza moderna.

Sin lugar a dudas como suele ocurrir en cada cambio de gobierno, sea este federal, estatal o municipal, los nuevos gobernantes tratan de imprimir un sello que los distinga de sus antecesores. Y este no ha sido la excepción.

Sin embargo, por el momento no se vislumbra la pretensión de querer reinventar al estado como ha ocurrido en otros tiempos. Antes bien invitó “… a ser modernos al tiempo que mantenemos nuestras tradiciones más nobles y el orgullo por nuestra historia”.

En este sentido, el término “gobernanza moderna” a la que se refirió Mena Rodríguez, es un nuevo modo de gobernar, conforme al cual, en la formulación y aplicación de políticas públicas no sólo participan las autoridades estatales, sino también las organizaciones privadas.

Pero para que la gobernanza moderna funcione, la socióloga alemana Renate Mayntz advierte que se deben satisfacer  “… algunos prerrequisitos institucionales y estructurales, tanto del lado de la estructura política como del lado de la sociedad. Las autoridades políticas tienen que ser fuertes y competentes, pero ni arbitrarias ni omnipotentes”.

Pero además, añade Mayntz, las autoridades “… deben tener frente a ellas una sociedad civil en la que los individuos gocen de igualdad como ciudadanos, y en la que los intereses privados encuentren una expresión organizada. En muchas partes del mundo no se logran estas condiciones e incluso en las partes más desarrolladas y más democráticas del mundo encontramos sólo una aproximación del ideal de gobernanza moderna”.

Para la socióloga Renate Mayntz “la condición más general para poder desarrollar una gobernanza moderna es que el poder debe estar disperso en la sociedad, pero no de manera fragmentada e ineficiente”.

La autoridades, señala, “tienen que haber sido legitimadas democráticamente, de modo que se pueda estimar que los representantes electos reflejan los intereses de todos los grupos socioeconómicos, étnicos o religiosos principales de la sociedad; sólo así se puede suponer que una legislatura y un gobierno electos actúan en el interés de todos y no en el interés de una clase dominante o un partido político”. En otras palabras, asegura, “las autoridades políticas deben poder ser aceptadas, de modo general, como guardianes del bienestar público”.

Pero lo anterior no basta, prosigue la directora emérita del Instituto Max Planck para el Estudio de Sociedades, “para que haya gobernanza moderna, la sociedad civil tiene que estar diferenciada funcionalmente en subsistemas, en donde organizaciones especializadas lleven a cabo las funciones económicas y sociales importantes, tales como la producción, la enseñanza, el cuidado de la salud, etc. Además, para que la gobernanza moderna sea posible, la sociedad civil tiene que estar bien organizada.

Así que la implementación de la gobernanza moderna no resultará fácil ni rápida. Antes bien, se tendrán que hacer cambios muy profundos en el sistema político estatal. Y es que aun cuando las nuevas autoridades hayan sido legitimadas democráticamente, lo cierto es que todavía hay resabios de descontento y una seria radicalización entre la sociedad.

Es decir, no todos los tlaxcaltecas se sienten representados por las autoridades, gobernador, legisladores y ediles. Y la sociedad no está del todo organizada.

Mientras tanto, esperemos que en el diseño del Plan Estatal de Desarrollo se den los primeros pasos de la gobernanza moderna.

Recuerden que: “Un buen gobierno es como una buena digestión; mientras funciona, casi no la percibimos”. Erskine Caldwell.

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