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¿Está Despistada la Suprema Corte Sobre Corrupción?

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Escrito por Carl Hulse /NYT (E.U.), 5 Jul

Versión del original Is the Supreme Court clueless about corruption? Ask Jack Abramoff, por Xavier Quiñones

Tómelo de un lobista corrupto: Cuando se trata de tráfico de influencias y la compra de políticos, la Corte Suprema simplemente no entiende.

Jack Abramoff, el ex súper lobista que acabó en la cárcel, teme que la decisión unánime del tribunal para tirar la condena por soborno de Bob McDonnell, ex gobernador de Virginia, refleje una inocencia lamentable acerca de cómo funcionan las cosas en el mundo real.

“Sigo preocupado por lo que parece ser una falta de comprensión por parte de los jueces de que un poco de dinero puede generar corrupción,” dijo Mr. Abramoff cuando le pregunté sobre el caso McDonnell.

“Cuando alguien solicita actuar a un servidor público y ofrece algún tipo de recurso extra -dinero o un regalo o cualquier cosa-, eso afecta al proceso”, dijo el Sr. Abramoff.

Él debería saberlo.

Una vez un hombre con conexiones republicanas chapadas en oro y fácil acceso a las suites de liderazgo de la Casa Blanca y el Capitolio, Abramoff y sus socios eran maestros en propagar favores alrededor de Washington. Se repartían boletos para grandes eventos deportivos, acompañaban en giras de golf a funcionarios influyentes con todos los gastos pagados, pagaron hasta las cortinas de cenas de lujo a políticos en el confortable Firmas, restaurante propiedad alguna vez de Abramoff, en la Avenida Pennsylvania.

Mientras, solicitaban y obtenían ayuda en cuestiones que van desde los juegos de azar hasta los salarios y la política tributaria.

Todo se estrelló ignominiosamente en enero de 2006, cuando el Sr. Abramoff se declaró culpable de conspiración, fraude y delitos fiscales, finalizando su carrera y aterrizando con él tras las rejas los miembros de su círculo íntimo.

Por estar relacionados con Mr. Abramoff también enviaron a la penitenciaría a Bob Ney, ex representante republicano de Ohio, contribuyendo a la caída de Tom DeLay, de Texas, número 2 de la Casa Republicana.

Abramoff, ahora castigado y arrepentido, pasó casi cuatro años en prisión.

Desde su liberación, se ha pronunciado en contra de los peligros de lo que dice es un sistema inherentemente corrupto donde la ayuda financiera y otros beneficios son proporcionados por políticos de forma natural a benefactores considerados amigos.

“La gente piensa que aquellos que buscan su favor y le dan cosas son sus amigos, sus compañeros”, dijo, recordando sus días de insider privilegiado.

La naturaleza humana es tal que tu inclinación natural es: ‘Ha hecho algo por mí, ¿qué puedo hacer por él?’ En el momento en que se ha deslizado en la discusión del servicio público, eso es un problema”.

Tales favores estaban en el corazón de la causa contra el Sr. McDonnell.

Durante un período de agitación financiera personal, recibió un Rolex, préstamos, viajes, ropa y otros beneficios de Jonnie R. Williams Sr., un rico hombre de negocios que buscó la ayuda del gobernador en la obtención de las pruebas de un suplemento dietético.

Mientras el gobernador organizaba reuniones, hacía recomendaciones y comparecía públicamente con el Sr. Williams, la Corte dictaminó que podría nunca haber acometido un “acto oficial” en nombre del Sr. Williams y que el jurado debería haber recibido instrucciones claras sobre el punto.

Para muchos observadores, la corte esencialmente dice que un político sólo puede ser declarado culpable de corrupción si el gobierno muestra definitivamente un “quo” oficial en respuesta al “quid” de un benefactor -un listón muy alto en un mundo de guiños y gestos.

“Cuando se tiene un sistema que define la línea entre legal e ilegal como se está haciendo, hay modos de trabajar a través suyo,” dijo el Sr. Abramoff. “Tal vez el 95 por ciento o 99 por ciento de lo que hice no era realmente ilegal”.

La decisión del tribunal fue celebrada en silencio por políticos que creen que los fiscales tienen la intención de criminalizar la política ordinaria al ir demasiado lejos en una serie de casos, y que necesitaban ser abofeteados. Les preocupa que una red demasiado amplia pueda atraparlos a ellos y sus colegas.

Pero el fallo fue fuertemente protestado por defensores del buen gobierno, a los que preocupa que el tribunal haya abierto la puerta a más fechorías y socavado el nivel de confianza del público en el gobierno.

“Este es un mensaje absolutamente terrible para el público en el peor momento posible, cuando nuestras campañas están siendo inundadas con enormes contribuciones que van a comprar influencia a futuro”, dijo Fred Wertheimer, de un experimentado organismo de supervisión de campañas y presidente de Democracia 21, grupo que presiona por la transparencia del gobierno. “La corte se olvidó del público.”

La decisión fue la última en la cual la Corte ha parecido frivolizar, incluso minimizar, el poder del dinero para influir en los resultados.

Los jueces no parecen convencidos de que las donaciones, viajes o comidas caras puedan endeudar a los políticos con el donante. Después de todo, los propios jueces toman viajes gratis a lugares de lujo para conocer y hablar con grupos privados.

En este caso, la corte pareció aceptar el argumento de Mr. McDonnell de que sus esfuerzos en favor de míster Williams significaron un trabajo de rutina, algo que podría haber hecho sin el reloj ni los $ 15,000 para la boda de su hija.

Durante la argumentación oral, en abril, algunos jueces parecían preocupados de que los políticos estuviesen a merced de normas vagas que los pudiera convertir en presa de fiscales demasiado entusiastas.

“Para mejor o peor, pone en riesgo un comportamiento que es común a lo largo de este país, sobre todo cuando el quid es un almuerzo o un billete de béisbol”, ironizó el juez Stephen G. Breyer.

Abramoff dice que los jueces parecen estar muy alejados de las realidades desagradables de su vida pasada. “Creo que hay una desconexión, y lo entiendo, porque ninguno de ellos ha estado en el proceso político”, dijo de los jueces.

Y que debería ser removida, ahora que han disminuido tanto la práctica como la percepción pública de la política.

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