Simon Jenkins /TheGuardian.com (Gran Bretaña), 29 Sep
Traducción Código Tlaxcala
Olvida el Brexit. El referéndum que realmente importa está este domingo en la rica provincia española de Cataluña y su gran ciudad Barcelona. Un voto catalán por su independencia de España desencadenaría un voto similar en Euskal Herria, el País Vasco, y podría arrastrar a España por el camino de la desintegración. Por considerar que el desenlace del referéndum está demasiado próximo a la convocatoria, el gobierno de Madrid lo ha declarado ilegal y ha hecho todo lo posible para suprimirlo.
Cualquiera que piense que la balcanización fue un fenómeno del siglo XIX es un tonto. A comienzo del mes los Kurdos, el «pueblo sin Estado» más grande del mundo, votaron por separarse de Irak, sin mencionar las regiones kurdas de Irán y Turquía. Señales de guerra. La secesión en Ucrania ha producido dos estados de facto. Yemen lucha con eso mismo. Myanmar está forzando la secesión de los Rohingya, a quienes la mayoría de los birmanos no quieren viviendo en su tierra. En Bretaña, el Brexit es una forma de secesión.
Cuando los estados soberanos ven su poder erosionarse, actúan irracionalmente. Los intentos del gobierno español de suprimir la votación del domingo con redadas policiales, censurando a los medios de comunicación e importando policías antidisturbios, difícilmente podrían ser más contraproducentes. Fue la inepta negativa de Londres en los años ochenta de reintegrar Escocia lo que provocó el nacionalismo escocés. En gran medida el ritmo vertiginoso de acumulación de poder por la Unión Europea fue lo que arrastró a Gran Bretaña a la puerta del Brexit.
El problema es que la democracia como «la voluntad del pueblo» no dice cuál pueblo. Gran Bretaña defendió el deseo de los Falklanders* de permanecer británicos, pero no el de los ciudadanos de Hong Kong** o Diego García***. Gran Bretaña fue a la guerra para que Bosnia y Kosovo se separaran de Yugoslavia y Serbia, respectivamente. Estaría contenta si Irlanda del Norte votara separarse y volver a unirse a la República de Irlanda, pero se opuso fanáticamente a la independencia escocesa.
La secesión es un concepto plagado de doble rasero.
La única conclusión sensata es reconocer el derecho de los grupos territoriales de darse alguna forma de autogobierno. La libertad de un Estado democrático para impedir su propia ruptura se califica por el derecho de sus provincias a decidir por sí mismos cómo quieren ser gobernados y por quién. La partición pacífica de Checoslovaquia fue un ejemplo.
Cuando no se alcanza un acuerdo, la secesión es un defecto. La alternativa es el conflicto y, en el extremo, la violencia.
Es por eso que el tema no es la secesión como tal, sino el centralismo estatal que usualmente es su causa. El conflicto entre Madrid y los Vascos llevó finalmente a un compromiso y una «autonomía lite». Esta debería ser la salida sensata de la disputa catalana.
Cómo el poder superior trata a los derechos inferiores ha estado en la raíz de la política desde los albores del tiempo. Reembolsarlos no es una opción, sino una necesidad.
NOTAS DEL TRADUCTOR
*Pobladores de las Islas Malvinas.
**Alusión a la devolución realizada por Gran Bretaña, al margen de la voluntad de los pobladores, de la ex colonia el 1 de julio de 1997 a la República Popular China.
***La isla fue bautizada por Portugal, que en el s. xviii la cedió a Francia, nación que la pobló con esclavos africanos para cultivar cocos. En 1814 el atolón pasó por el Tratado de París a dominio de la Corona británica que suprimió la esclavitud en 1838, convirtiéndolo en depósito de carbón además de productor de copra. En 1966, Bretaña arrendó la isla a E.U. por medio siglo (venció en 2016, pero E.U. la utiliza aún como base militar), y bajo común acuerdo expulsaron hacia las islas Mauricio y Seychelles a unos 1800 pobladores. El Tribunal Supremo británico falló la reinstalación de las familias, pero a la fecha el gobierno sigue sin cumplir la resolución.


