Código Tlaxcala
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Entre Cuestionamientos, Román Sánchez Niega Irregularidades

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Distraída Croniquilla de una Rueda de Prensa Sen-sa-cio-nal

En un meme de la víspera se ve al alcalde de pequeños ojos –más pequeños entre el rostro mofletudo- jurando en su toma de posesión. Arriba de la imagen: “Mañana platico con los medios de comunicación”.

Y abajo: “Qué chinga me van a dar”.

El nuevo meme, posterior a la rueda celebrada este mediodía en El Traspatio, confirma el augurio.

Muestra a Francisco Román Sánchez sosteniendo uno de los documentos que esgrimió en su defensa inane pero no quiso repartir a los reporteros.

A su derecha se ve al diputado local Julio César Álvarez García, el victimario de Noé Rodríguez Roldán.

A su izquierda, dos colaboradores del edil con el cuello rendido y la vista clavada en el mantel.

Arriba se lee: “Por más que me defendí me revolcaron”.

Abajo: “Y mi súper secretario no hizo nada”.

El súper de Román es un tal Alejandro Salgado, célebre por su afición a remirar Playboy en horarios de trabajo.

Lo ha defendido tanto a contracorriente de las evidencias, que el alcalde panista se ha ganado a pulso el mote de “Playboy bis de Zacatelco”.

Cuando le preguntaron a Román Sánchez cuánto le paga a su súper Playboy, el edil intentó justificar la ascensión de Salgado desde el desastre que dejó en Comunicación hasta la Secretaría municipal, con un argumento fútil: “Es facultad del presidente municipal”.

“¿Cumple el perfil?”, rezongó otro de los asistentes a la rueda.

“¡Es su compañero!”, reviró a los reporteros el edil del zacate, a modo de elogio.

Un silencio sepulcral selló la defensa banal del desconocido que la única vez que ha sido visto en la ciudad de Tlaxcala tuvo a bien presentarse con la frase: “Soy el papá de los pollitos”.

JAUJA DE LOS CANAPÉS

Mientras Román esgrimía ante los flashes los papeles dizque probatorios que no quiso fotocopiar, la mayoría de los reporteros hastiados de su defensa siciliana nos concentramos en los canapés.

Una colega rellenó su bolso de latas de soda; otro de plano se puso al hombro una charola entera entre bromas y veras –como quien recoge un botín al cabo de una batalla jocosa-; y el que escribe, comió más que en las últimas diez ruedas de prensa juntas.

Abundantes charolas regaló el alcalde del zacate a los reporteros de Tlaxcala, mas ni eso le valdría.

Nada ilustra mejor el descrédito del edil panista de la tierra del zacate que el unánime repudio granjeado entre la prensa, a pesar del gastronómico desprendimiento.

Minutos antes, la edilesa panista Lilia Caritina Olvera no tuvo que ofrecer ni un café para atraer el interés de la nube de reporteros hacia su Festival de las Luciérnagas.

Madurez del gremio que sabe cuando un servidor público está haciendo bien su labor.

Horas antes, el martes, bastó a los opositores de Román Sánchez invitar un cafecito para atraer nuestra atención a unos pasos de El Traspatio, en el Fabrik.

Buena señal, tal independencia de criterio hacia el estómago.

Ergo, un mal cálculo –otro más- resultó ser la estrategia maiceadora seguida por el obcecado edil este jueves caluroso.

CITA EN CABILDO

“¿Por qué vino a la rueda acompañado de diputados locales?”, cuestionó un reportero a Román el mediodía de hoy.

“¡Porque tuvo miedo!”, siseó un colega.

Al lado de Román Sánchez se removieron en su asiento, incómodos a esa altura del show, Julio César y Ángelo.

“Porque son de mi bancada” (sic), atinó a responder el alcalde zacatero.

“¿Cuántos de los colaboradores que lo acompañan aquí, participaron cuando usted le tomó la presidencia municipal a su antecesora Blanca Águila Lima?” –insistió el preguntón.

Román balconeó in situ a un regidor apoltronado a la vera de Salgado.

“Pero tiene en su administración a todos los que tomaron la presidencia”, completó por lo bajo una zacatelquense.

El otro coronel de la batalla fraguada por Román Sánchez, Vicente Hernández Roldán, alcalde de Calpulalpan, emprendió la retirada al otear el calamitoso desastre del campo romanista.

Se puso a salvo en el patio, Chente, donde entabló una animada charla con los colegas de e-consulta.

Por cierto, ninguno de los oficiales del general neopanista se atrevió a abrir la boca.

Solo y su alma libró Román como Dios le dio a entender su batalla perdida.

Al momento de la retirada, afuera del salón dio de bruces el edil con el jefe guerrillero de los opositores pluripartidistas.

“¿Cuándo nos puede recibir, presidente?”, solicitó el transparente Francisco Fierro Orea.

“Nos vemos en el cabildo”, respondió con vengativa hosquedad el oscuro Román.

EPÍLOGO

“No pude llegar a tiempo, ¿de qué habló?”, quiso saber Felipe Meza Temoltzi.

“De todo aunque de nada, sólo nos dio de comer”, lo puse al tanto.

“¿Qué le preguntaron?” –insistió el joven director de El Pregonero.

“Mejor pregúntame lo que ya no le quise preguntar”, repliqué.

“¿Como qué?”

“Si sería tan tolerante con los inconformes si finalmente le tomaran la presidencia municipal, como lo fue Blanca Águila con Román cuando él hizo eso mismo” –plantee al despedirnos.

Meza, siempre tan propio, nomás se sonrió.

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