Código Tlaxcala
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El Ángel y El Zorro

2,418

Para José Alan García Toriz

[I] La Estatua de Don Ginés *

-Primera de dos partes-

En uno de los dos anillos de la columna tritóstila 1 de 39 metros elaborada con acero y recubierta con cantera de Chiluca que reproducen nombres de ocho héroes de la Independencia de México, se halla uno que nadie grita durante la noche del 15 de septiembre: el de Agustín de Iturbide, principal consumador. Y al pie de El Ángel, tras la puertita de bronce que ostenta un medallón presumiblemente de Alicia Rivas Mercado, una hermana mayor de Antonieta la mecenas de Los Contemporáneos 2, está escondida desde hace más de un siglo la estatua de otro proscrito del culto oficial a la Patria: William Lamport. Al pie, reza una placa: “Guillén de Lampart, precursor de la independencia de México”.

Medallón en puerta de acceso al mausoleo, prob de Alicia Rivas Mercado. FOTO: César Flores

La estatua fue concebida para formar parte del grupo escultórico montado sobre el basamento de diez metros de altura. La esculpió como las demás en mármol de Carrara el artista italiano Enrique Alciati, quien imaginó a Don Ginés en base a una descripción contenida en los archivos de la Inquisición de México que retrata a un “hombre de mediana estatura, rubio de barba y cabello tirante a castaño, enjuto de carnes, quebrado de color y de ojos muy vivos”. Asume una actitud altiva -como si Don Guillén mirara, según el cronista del auto de fe celebrado un lluvioso domingo de noviembre de 1659 junto al tianguis de San Hipólito, “hacia las nubes a ver si venía un demonio a salvarle”-; aunque representa a un hombre vencido, vestido con jubón de paño, pantalón corto sin medias y zapatos de tacón, atado de manos por detrás a un madero: en el trance de ser quemado vivo.

Los motivos que tuvo la comisión del Centenario de la Independencia para ordenar la estatua de Don Guillén, y sobre todo, la respuesta al porqué fue escondida en vez de exhibirla junto a las de Hidalgo, Morelos, Guerrero, Mina, Bravo y las alegorías de la Historia y la Patria que completan el grupo escultórico de El Ángel, compone un capítulo emocionante del pasado mexicano que revela a trasluz algunas taras que nos persiguen y limitan desde la gestación misma de la nación mexicana.

La decisión de los organizadores del Centenario debió ser inspirada por una novela de título desafortunado: Memorias de un impostor, Guillén de Lampart Rey de México. La escribió en la época de la República Restaurada el liberal Vicente Riva Palacio –general, magistrado y coordinador de la enciclopedia histórica México a través de los siglos– en base a dos gruesos legajos archivados y escritos en su mayor parte por los inquisidores. Luego, a la vuelta de siglo aparecieron dos obrillas que poco agregan a lo rescatado por Riva, un opúsculo reivindicativo de Alberto Lombardo (partidario del homenaje) y un libro de González Obregón (opositor). Cabe imaginar que la elaboración de la estatua estuvo acompañada de tremendas discusiones. Según han sugerido varios especialistas, el propio dictador Díaz habría tomado la doble decisión de autorizar la estatua y esconderla en el mausoleo, dejando a futuras generaciones decidir sobre la peliaguda cuestión.

Guillén.

Un siglo después, un intelectual moderno resumió en el contexto del Bicentenario de la Independencia el misterio de la estatua aparecida en la portada de la edición de 1908 del libro de González, en el siguiente juicio provocador si bien algo más que justo: “En muchos sentidos, en los decisivos, Guillén de Lampart fue el primer moderno en estas tierras: este abogado de la libertad de conciencia no sólo fue un justo amigo de los judíos, sino un antiesclavista. Al enemigo pionero de la persecución religiosa y de la maquinaria inquisitorial para consumarla y del despojo de la propiedad privada en nombre de una religión de Estado, se agrega el adversario de la tortura en una intensidad que supera el ejemplo de Montaigne…. Quizá la presencia de Guillén de Lampart, en efigie e incrustado en esa columna vertebral, ha protegido a este país de mayores desgracias. Quizá deba ser, en otra esfera, no un impostor, sino el rey de México”. 3

Por supuesto, pocos historiadores y académicos mexicanos –tan apegados a estas alturas a dar por buenas versiones construidas por evangelizadores sesgados por el interés religioso e inquisidores a base de delaciones malintencionadas y torturas- concuerdan con la atrevida opinión de Christopher Domínguez Michael. Así lo confirma una somera revisión de medio centenar de libros, artículos periodísticos y académicos que componen el boom sobre Don Ginés desatado por la celebración del Bicentenario. El regateo de méritos, la reedición de prejuicios descalificados por investigaciones serias como las de Méndez Plancarte y el paleógrafo Fabio Troncarelli 4, asoman la cabeza aquí y allá bajo el ala raída de recetas seudo metodológicas mal entendidas.

Portadas de los libros de Riva y González.

Así, la persistencia en la historiografía nacional de la caricatura del hombre cuya estatua han mantenido sepultada en el mausoleo de El Ángel sucesivos gobernantes bellacos, la distancia temporal de la tragedia y la inevitable preeminencia de fuentes primarias eclesiásticas, todo parece condenar a Don Ginés a los sub géneros de la leyenda y la literatura pulp fiction.

ARRIBO, PRISIÓN, CARICATURA

El hombre honrado con una estatua por la comisión del Centenario vio la luz en un puerto de Irlanda, Wexford, entre 1611 y 1615. Frisaba los 27 años al arribar a Veracruz en 1640 a bordo de una nao de 650 toneladas capitaneada por el maestre Tomás Manito, “Nuestra Señora de la Concepción”, entre una flota de 18 navíos comandada por el general Roque Centeno y Ordóñez que habiendo zarpado en Cádiz en abril trajo al virrey Diego López Braganza de Cabrera y Bobadilla y de Pacheco, Duque de Escalona, Márquez de Villena, Conde de Xiquena y Grande de España.

Probablemente quedó agregado Don Guillén a la servidumbre –el sequito sumaba 100 esclavos, familiares, numerosos polizones y un avituallamiento de 200 gallinas, 12 vacas, 200 carneros y decenas de barriles con frutas en conserva, arroz, lentejas, castañas, garbanzos, pasas y vinos- por gestiones del valido Conde y Duque de Olivares, a la sazón hombre fuerte de la corona. Tal vez para espiar al nuevo virrey de ascendencia portuguesa.

Dibujo de galeón NS de la Limpia y Pura Concepción, almiranta de flota de Indias, arqueo hasta 600 ton y capacidad para 500 personas, hundida por huracán en 1641. (wordpress.com)

Asimismo desembarcaron en San Juan de Ulúa a finales de junio, 78 días después de zarpar además Cristóbal Gutiérrez de Medina –capellán y limosnero de Diego, a cargo de narrar la espectacular travesía por la ruta de Cortés hasta la Ciudad de México-, Carlos de Sigüenza padre y el visitador del juicio de residencia de dos virreyes y flamante Obispo de Tlaxcala con sede en Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, consejero del Consejo de Indias, ex fiscal del Consejo de Guerra y del Supremo de Indias, ex diputado de la nobleza ante las cortes de Aragón, ex limosnero de Felipe IV y ex capellán de la reina de Hungría y hermana del rey, Ana de Austria.

Nadie entre la muchedumbre que recibió con alborozo al nuevo virrey en el puerto y entretuvo su paso durante dos meses en pueblos y ciudades, podía imaginar que dos años más tarde el religioso secular ocuparía tras una conjuración a la que pudo concurrir el joven que se hacía llamar Ginés de Lombarda y Guzmán -quien tras diecisiete años de aislamiento y tormentos sería ejecutado en las inmediaciones de la actual Alameda de la Ciudad de México- el máximo cargo de la principal joya colonial del prolífico Rey del Planeta.

Virrey Diego Lopez Pacheco, retrato fechado en 1640. (Wikipedia)

Don Ginés viviría en la Ciudad de México 19 años y medio, de los cuales sólo 28 meses en libertad, pues fue aprehendido en una casa de La Merced el 26 de octubre de 1642. Siete años permaneció preso en las famosas cárceles secretas de las casas de Picazo (hoy Colegio Nacional), sometido a torturas que curaba un cirujano y barbero mulato, Juan Correa (padre homónimo del famoso pintor); y una década más en las mazmorras de la Santa Inquisición. En el ínterin se sucedieron en el gobierno teocrático de la Nueva España siete virreyes (los civiles Lope Díez, Diego López, García Sarmiento, Luis Enríquez y Francisco Fernández; y los obispos Juan de Palafox y Marcos de Torres); y cuatro arzobispos (Palafox, Juan de Mañozca, Marcelo López y Mateo Sagade).

Mucho se ha discutido desde que Riva Palacio descubrió a Don Guillén acerca de sus méritos históricos, oscilando los historiadores mexicanos entre el diagnóstico de un loco irreverente y temerario, el reconocimiento de su vasta cultura y agudo ingenio, y la admiración ante tan temprana anticipación del ideal independentista, de la convicción democrático-igualitaria y de la tolerancia religiosa exhibidas por el infortunado durante el largo tiempo de su injusta reclusión.

Mas ¿quién fue y qué hizo Don Guillén para merecer tal iniquidad y un sitio en el monumento de El Ángel de la Independencia? La respuesta no es sencilla, pues lo que sabían Riva, Lampart y González se limitaba básicamente a la parte en castellano del legajo de casi mil fojas del proceso inquisitorial. Un problema adicional ya apuntado es la preeminencia que aún conservan las versiones de los frailes evangelizadores y los inquisidores entre los historiadores de México (quienes con curiosa candidez las consideran verosímiles a sabiendas del modo en que fueron construidas).

Auto de fe de 1718 en el pueblo mexicano de San Bartolomé Osolotepec. Museo Nacional de Arte, México. Óleo sobre lienzo

POETA ¿Y LOCO?

En el caso de don Guillén, apenas a partir de Gabriel Méndez Plancarte -quien reveló la presencia en la obra pergeñada con ceniza y residuos de alimentos en una sábana de algodón, de versos “acerados y conmovedores”, “de extraordinaria fuerza y energía”- se han ido conociendo para asombro creciente de muchos las traducciones de lo escrito en latín y completándose la semblanza con fuentes europeas.

Anticipo al lector dos de los 918 salmos “escritos en tela a falta de papel” que suman 117 fojas equivalentes a 234 páginas en folio, y que “viendo que ninguno de nuestros historiadores literarios se había ocupado en ese libro quizá por estar escrito en latín” buscó Méndez durante los años 40’s del siglo pasado y localizó en el Archivo General de la Nación. “Allí, en el segundo tomo -el 22-, como ya lo anotaba González Obregón es donde se encuentra la riquísima mina poética que nadie ha explorado hasta ahora y bien merece ser conocida y estudiada”.

“De la Nada, sin materia alguna previa, me creaste, Dios mío; antes de que fuese, era actualmente nada, y después que soy, existo como si no existiese. Me creaste maravillosamente del lodo; he ahí la obra de tus manos;  y puesto que de la Nada fui hecho, pídote que a la Nada atribuyas todas mis maldades” (Salmo 4).

Firma de Don Guillén en carta a Felipe IV datada en 28 noviembre de 1641. ITESM-BDM-ITESM

“Como el alfarero del húmedo polvo, me plasmaste, oh Señor, quebradizo como vidrio; caí y rompime; tú, como artífice, créame nuevamente. Soy formado de la tierra fétida y conculcada, morada de gusanos, y mi final trocárame de nuevo en escuálida ceniza. Engendrado en corrupción de podredumbre, como de un esputo espeso, y envuelto por mí mismo en otro esputo, horrible como el menstruo, fui concebido enemigo tuyo, manchado por el augurio del pecado, y siendo muerte que habita con la vida, nací con vida en la muerte. Si desnudo y en delito me parió mi madre, ¿cómo, si tú no me limpiares, no acabará mi iniquidad conmigo desnudo en el pecado? ¿Qué soy en la entrada del mundo, y en mi salida del mundo, sino crimen? Apiádate pues de mí, y duélete…” (Salmo 11).

La tragedia del protohéroe de México sólo resulta comprensible si además se toman en cuenta las circunstancias históricas de su tiempo: por una parte la pérdida definitiva de la hegemonía militar de la monarquía católica en Europa; por otra, el consecuente y creciente poder terrenal del clero regular, brazo directo del papado; y además, el ascenso en ese siglo xvii de Francia, Inglaterra y Holanda como potencias emergentes.

Repasemos en lo que sigue el momento histórico; de la obra de Don Ginés habremos de ocuparnos en la segunda entrega.

LA TRAMA IRLANDESA

A pesar de coincidir una abrumadora mayoría de historiadores mexicanos en la caricatura inquisitorial de un Don Guillén “aventurero”, “loco”, “magalómano” y “mitómano”, estudios más recientes han esclarecido su historia envuelta en sombras. Por ejemplo, Natalia Silva Prada da noticia de que Felipe IV efectivamente sabía del envío del preso a España; que procedía de familias de la baja nobleza católica de Irlanda (los Sutton y los Stafford, además de los Lamport); que casi seguramente viajó como espía de Olivares y que efectivamente participó en planes de los Nugent para favorecer contra Inglaterra la presencia de la corona hispana en su patria natal.

La historiadora refiere un expediente localizado en el AHN de Madrid, titulado “Carta del Rey pidiendo a Guillén de Lombarda, 1643”; y reproduce en un artículo la lámina de un árbol obtenido mediante la plataforma genealógica online MyHeritage que arrojó para Don Guillén ascendencia que incluye un conde de Ross (John Lamport) y una abadesa (María de Jesús Lamport).

La hipótesis de la existencia de una red irlandesa de espionaje utilizada por el monarca, el Consejo de Indias y/o el jefe de facto de la monarquía, el conde-duque de Olivares, está respaldada por la presencia de un fraile franciscano del clan Nugent, Diego de la Cruz, y un jesuita también paisano, Michael Wadding. Todos ellos, agregado el fraile franciscano adscrito a Zacatecas Juan Lampart, hermano de Don Guillén, “dejaron la península ibérica en 1640” con destino a América. Tras la ejecución de Don Guillén, Diego sería acusado en 1662 de “pronunciar alabanzas en su favor” (decir que Guillén era “más cristiano que los inquisidores”) y aseverar que el libertino Felipe IV, padre del bastardo Juan José de Austria y cuyo primer hijo varón con Isabel de Borbón había fallecido, debería casarse de nuevo (como lo hizo con Mariana de Austria, la que le dio por fin un sucesor legítimo), según delación de 1657 a la que siguió la recopilación de otros testimonios en Guatemala, Honduras y Nicaragua (en cuya provincia de Granada fue notificado Diego de que debía presentarse ante la Inquisición de México en un plazo de cuatro meses a partir de enero de 1662).

Escudo pintado o encargado por Don Guillén hacia 1939. ITESM-BDM

Al respecto, la mencionada historiadora trae a colación la amistad del viajero inglés de padre irlandés Tomás Gage, un partidario de Inglaterra, con el fraile irlandés Tomás de León. Crew alude a dicha red en estos términos: “En 1639, William [Don Ginés] se involucró en un plan rebelde irlandés para buscar el apoyo español en la corte para una reconquista de Irlanda. Un reclutador mercenario irlandés llamado Gilbert Nugent, conocido en España como don Fulgencio Nugencio, llegó a Madrid y se quedó con William. Nugent operaba secretamente con la asistencia de William en la corte”.

Ante los nuevos indicios, ¿por qué, entonces, desechar la considerada peor extravagancia de Don Ginés: ser un hijo natural de Felipe III, dado el ejemplo libertino del presunto hermanastro Felipe IV, progenitor de un medio centenar documentado de vástagos? ¿Y por qué juzgar con ojos modernos la visión de Mañozca en llamas, contenida en uno de los pregones pegados en Catedral y otros sitios de la Ciudad de México y entregado durante la breve fuga de 1650 a los guardias del palacio del virrey, si las alucinaciones religiosas eran cosa normal en la Nueva España del siglo xvii?

¿O achacarle locura a Don Ginés, si hay ejemplo insuperable de tal insania colectiva en el odioso espectáculo de los autos de fe con sus misales, sermones, cruces, paradas, lecturas públicas de acusaciones y sentencias, rogativas de arrepentimiento, venta de lugares en los graderíos para curiosos y familias, inquisidores en mulas, órdenes encuadradas de frailes, los oidores y otros funcionarios engalanados para la solemne ocasión, y como estrellas de la función, estatuas y ataúdes con restos de los asesinados en los interrogatorios, azotinas de “penitenciados”, ejecutados mediante garrote y “relegados” cubiertos con sambenitos y coronados con corozas decoradas con llamas y demonios?

Desde una perspectiva moderna, bien cabe atribuir más bien al oscuro fanatismo religioso y al simple celo nacionalista la reticencia a admitir a un extranjero irlandés como precursor y protohéroe de la independencia de México.

LAS GUERRAS DE FELIPE IV

Cuando Don Guillén fue encarcelado y dio comienzo el proceso de diecisiete años culminado en su ejecución por fuego, la monarquía española se encontraba sumida en tres guerras y confrontaba otras tantas rebeliones.

La Guerra de Treinta Años derivada de la Reforma Protestante, tras llegar a su fin la “paz de las religiones” firmada en 1555 en Ausburgo -la cual había permitido la coexistencia pacífica con los luteranos merced al precepto cuius regio, eius religio, el cual autorizaba a  los príncipes del este y norte de Europa elegir religión- suscitaría una conflagración continental con los alemanes, suecos y checos que causó la destrucción de varios miles de castillos y decenas de miles de villas y pueblos en Germania y  el centro de Europa, contribuyendo la mortandad que redujo en 30% la población del Sacro Imperio a hacer del xvii el siglo de las pestes.

Felipe IV El Hermoso, en óleo pintado por Diego Velázquez hacia 1655. (Wikimedia)

Por si fuera poco, en 1621 había reiniciado en la región calvinista de Flandes la Guerra de los Ochenta Años contra las Provincias Unidas de los Países Bajos –ya desde antes bajo gobierno de un lugarteniente neerlandés- que desembocaría en la paz de Westfalia de 1648, a la que siguió la conversión de Holanda en una potencia marítima y un temible competidor comercial, debilitando más aún a la monarquía de la casa de los Austria. El imperio de Felipe IV recibió entretanto dos estocadas no menos importantes en las propias fronteras de España.

Al Occidente, la Guerra da Restauração canceló la anexión realizada en 1581 por Felipe II de Portugal -gobernado por virreyes españoles relativamente autónomos desde el Pacto de Tomar- e instauró la dinastía de Braganza, culminando la guerra de secesión con el Tratado de Lisboa que  oficializó en 1668 la independencia total de ese reino. Inevitablemente, la rebelión se extendió hasta Brasil. Y en la frontera con Francia, paralelo a la rebelión de Andalucía encabezada por otro Braganza, el duque de Medina Sidonia -y por la misma causa que agudizó el descontento portugués y asimismo de Aragón y Valencia: la Unión de Armas promovida por Olivares para comprometer a los reinos en la defensa común del imperio-, la irredenta Cataluña volvió a sublevarse en pleno trance de la guerra con la monarquía gala. Cuando las Cortes catalanas negaron apoyo al ejército de Felipe IV -ni siquiera quisieron aportar 250 mil ducados en vez de hijos-, el valido pronunció una frase desesperada, inspirada por la impotencia: “Si las Constituciones embarazan, que lleve el diablo las Constituciones”. De hecho, seis meses antes de estallar la Guerra da Restauração los barceloneses habían asesinado a su propio virrey.

Óleo del conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, pintado por Velázquez hacia 1636, actualmente en el Museo del Prado. FUENTE Wikimedia.

Años atrás Olivares había advertido a Felipe IV mediante un memorial secreto sobre el problema de las autonomías e incitado a “reducir estos reinos de que se compone España al estilo y leyes de Castilla, sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza será el Príncipe más poderoso del mundo”. Empero en 1640, ante la rebelión Olivares confirmó con amargura que “Cataluña es una provincia que no hay rey en el mundo que tenga otra igual a ella”. “Si la acometen los enemigos” –agregó- “la ha de defender su rey sin obrar ellos de su parte lo que deben ni exponer su gente a los peligros. Ha de traer ejército de fuera, le ha de sustentar, ha de cobrar las plazas que se perdieren, y este ejército, ni echado el enemigo ni antes de echarle el tiempo que no se puede campear, no le ha de alojar la provincia. Que se ha de mirar si la constitución dijo esto o aquello, y el usaje, cuando se trata de la suprema ley que es la propia conservación de la provincia”.

Una semana después de la elevación del obispo de Yucatán Marcos de Torres y Rueda a Gobernador de la Nueva España, tocó precisamente a Francia dar el 19 de mayo de 1643, en Rocroi, la puntilla a la hasta entonces indiscutible hegemonía europea de la corona española.

La derrota de la temible infantería de la Casa de Austria, los Tercios, a manos de la tropa de un aristócrata galo de 21 años, el duque de Enghien, marcó el fin de una época y haría posible el viraje de la civilización occidental hacia la modernidad. El virrey López de Pacheco había ganado en dicho cuerpo el grado de coronel; y en la celebre batalla de seis horas de duración, comandó un Tercio bautizado con su propio nombre Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez de Cabrera, el virrey cuando Don Ginés fue ejecutado.

Batalla de Rocroi, un parteaguas de Europa, en intura de Augusto Ferrer Dalmau. FUENTE Wikipedia.

NUEVA ERA

Con Luis XIV la nación gala inició su ascenso como nueva potencia militar; y paralelamente la rival Inglaterra, nación que había encontrado en la monarquía constitucional la llave que le permitiría dejar atrás la rémora de la agotada cultura teocrática característica del medioevo europeo, pondría en jaque al paso de las décadas conjuntamente con Holanda el dominio español de los mares. Así, tres naciones excluidas por el tratado de Tordesillas que desde el siglo xvi hallaron en la piratería -autorizada por Enrique VIII e Isabel I con patentes de corso- un modo de tomar su parte del reparto del Nuevo Mundo, acabarían por romper, al generalizar el contrabando, el monopolio comercial ultramarino de la Casa de Contratación de Sevilla.

El momento histórico que atravesaba la monarquía católica ayuda a explicar, entre otras cosas, cómo pudo la Inquisición de México negar a Felipe IV la entrega de Don Ginés solicitada dos veces, formal e inútilmente, por el monarca.

Francis Drake, pirata y Sir, en dibujo anónimo. (Wikimedia)

Como suele ocurrir a las personas de carne y hueso cuando damos de bruces con las razones y sinrazones de Estado, el precursor de la independencia nacional pudo ser sacrificado para salvar innecesarias disputas con el Papa, abandonándole a su suerte en manos de doctores y licenciados egresados de los colegios Mayor de San Bartolomé (España) y San Ildefonso (México) y de las universidades Complutense y de Salamanca (España), San Marcos (Lima) y Real y Pontificia de México. En garras, pues, de una institución que un autor moderno no ha vacilado en definir como “el modelo de todos los totalitarismos posteriores”.

Casi termino ya, expresando la emoción que me produce saber que en El Ángel de la Independencia, sitio preferido por los mexicanos para externar sus júbilos y su saludable rebeldía ante las injusticias, acecha el espíritu indomable de un precursor del ser nacional que aunque incomprendido dejó una huella simbólica en el devenir de México. Un poeta y héroe genuino, trágico por destino y naturaleza que al paso de los años pudo inspirar a Johnston McCulley la historieta de El Zorro aparecida en The Police Gazette en 1919 -misma que derivó veinte años después (en Detective Comics, 1939) en el Batman de Bob Kane.5

Pero esas son otras historias que abordaremos en la entrega siguiente. Concluyo ésta agregando que no coincide lo que hoy se sabe de la vida del poeta Don Guillén con el bosquejo hilarante que trazaron sus inicuos juzgadores y siguen dando por bueno tantos historiadores y escritores de la tierra que concibió desesperadamente librar del oscurantismo teocrático y donde finalmente halló una muerte cruel.

*Al fin de no sobrecargar de citas un simple apunte periodístico, me limito a enlistar abajo de las notas la bibliografía consultada (y en modo descargable, la básica disponible en internet). Los interesados en conocer más a fondo la vida y obra de Don Guillén deben consultar los facsimilares del poeta, las transcripciones y las notas de la Biblioteca Digital Mexicana (principalmente los papeles de un baúl decomisado por la Inquisición que fueron a dar a la colección Conway y  fue donada a la Biblioteca Cervantina del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, aquí).

 

NOTAS

1 El neologismo (de tritos, tercio) empleado en la página oficial del gobierno de la CDMx fue propuesto por Manuel González Galván en su artículo “Modalidades del barroco mexicano” (Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, no 30, p 39-68, UNAM, 1961), y atañe en el caso de El Ángel a la superposición de formas que delimitan tres trozos del fuste o tallo de corte piramidal. Su utilidad para definir una modalidad artística es cuestionada por Jorge Alberto Manrique, quien propone restringir el término tritóstilo a la descripción de una columna y utiliza “neóstilo” para caracterizar obras tardías de la arquitectura colonial, propias del tránsito del barroco estípite -específicamente churrigueresco- al neoclásico. (“El ‘neóstilo’: La última carta del barroco mexicano”, Historia Mexicana, v. 20, n 3, p 335-367, Colmex, 1971.)

2 En una semblanza sobre María Antonieta Rivas Mercado, el oaxaqueño Andrés Henestrosa Morales  -al que “El Frijolito” Ortiz Rubio describió como “un hombre tan calculador que hasta la tibia la tenía fría”- propaló la especie de que la mecenas que lo acogió en su casa habría servido de modelo al rostro de la Victoria alada cuyo moldes en yeso trasladó Alciati desde México a los talleres Galli de Florencia, donde se hizo el vaciado en bronce a la cera perdida. La galantería queda descubierta si se considera que cuando Alciati moldeó el rostro –cuyos vestigio alberga el Museo Histórico de la CDMx sito en las calles de Chile y Donceles- la tercera hija de don Antonio frisaba los nueve años. (Se encargó al padre de la suicida de Notre Dame la obra artística del monumento a la Independencia a modo de consolación, pues habiendo ganado en 1898 el concurso del Palacio Legislativo su construcción fue confiada finalmente al arquitecto francés Émile Bénard. Como dato curioso, cabe mencionar que don Antonio había realizado hacia 1880 en Calpulalpan, Tlaxcala, la remodelación de una hacienda pulquera y de toros bravos, San Bartolomé del Monte, a la sazón propiedad de Manuel Fernández del Castillo y Mier y cuyo origen se remonta a 1660, cuando la poseyó Melchor Urbano.) En su libro La Patria en el Paseo de la Reforma, Carlos Martínez Assad recoge el testimonio (reproducido por el diario La Prensa en su edición del 14 de septiembre de 1957) de Ernesta Robles, una secretaria del tirano Díaz que afirma haber posado para la Victoria alada. Ernesta tenía al reivindicarse como modelo 77 años, de lo que se deduce que cuando posó rondaba la edad de 29. Fuentes: México Desconocido, México Máxico y Wikipedia.

3 Rey de México, Ch. Domínguez Michel, Letras Libres, 13 mayo 2014.

4 Junto a la obra indispensable de Méndez Plancarte aparecida en 1948, siguen siendo básicos el libro del paleógrafo italiano Fabio Troncarrelli (La spada e la croce: Guillén Lombardo e l’inquisizione in Messico, Roma, Salerno, 1999, traducido con el título La espada y la cruz. Guillén Lombardo y la Inquisición en México, España. Milenio, 2003); así como la tesis de Andrew Philipe Konove (“The devil and the irish King. Don Guillén Lombardo, the Inquisition and the politics of dissent in colonial Mexico city”, U. de Pennsylvania, 2004).

5 Ver Javier García Blanco, “La verdadera historia de ‘El Zorro’”, Historia de Iberia Vieja, 2015; y “El héroe que México creó… ¡para ocultarlo!”, Gerardo de la Concha, La Razón, 5 de septiembre de 2010. Así como Troncarelli recrea la hipótesis de haber inspirado Don Guillén a El Zorro, otros historiadores han sugerido que sirvió de modelo al óleo Retrato de un joven en armadura (Portrait of a Young Man in Armor), realizado sobre lienzo por Rubens en una fecha incierta entre la segunda y tercera década del siglo xvii, a la fecha resguardado por el Timken Museum of Art de San Diego, California. Ryan Dominic Crewe (“Lamport, William (Guillén Lombardo) 1610–1659”Irish Migration Studies in Latin America, 2007) da noticia de un dibujo inacabado que no he podido localizar en internet, realizado por Van Dyck o uno de sus aprendices y albergado en un museo de Budapest, donde aparece Lámport “vestido como un estudiante bajo su escudo de armas, presentando una larga pieza de escritura a Della Faille” (éste representante real).

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

Memorias de un impostor, Guillén de Lampart Rey de México. Vicente Riva Palacio, México, M.C. de Villegas, 1872.

D. Guillén Lombardo. Estudio histórico. Alberto Lombardo, México, Tipografía Económica, 1901.

D. Guillén de Lampart. La Inquisición y la Independencia en el siglo xvii. Luis González Obregón, París-México, Librería de la Vda. de C. Bouret, 1908.

-Guillén de Lámport y su Regio Salterio. Manuscrito latino inédito de 1655. Gabriel Méndez Plancarte, México, Ábside, 1948. Versión descargable en internet:

-“Quevedo, el Conde-Duque de Olivares y la Alquimia”, Miguel López Pérez, Revista Azogue, 7, España, 2013, p 310-326.

-“William Lamport (Guillén Lombardo) (1610-1659), author of an early declaration of Mexican independence and self-proclaimed ‘King of New Spain “, Ryan Dominic Crewe, Society for Irish Latin American Studies, Maison Rouge, s/f.

-“Tres salmos inéditos de Don Guillén de Lampart”, Citlalli Bayardi Landeros, Nueva Revista de Filología Hispánica, Colmex, México, t 47, no 1, 1999, pp 209-278.

-“Protestantes enjuiciados por la Inquisición”, Pedro Gringoire, Historia Mexicana, v 11, no2, Colmex, México, oct-dic 1961, pp 161-179.

Don Guillén de Lampart, hijo de sus hazañas. Andrea Martínez Baracs, México, FCE, 2012.

-“Narrativas en torno a Guillén de Lampart: vicios e inconsistencias de los inquisidores en las cárceles secretas”, Silvia Hamui Sutton, UNAM, 2011.

-“Las cárceles secretas de la Inquisición: las casas de Picazo durante la gran complicidad del siglo XVII”, Gustavo Adolfo Guerra Reynoso, Antrópica, v. 2, no. 3, 2016, pp. 93-99.

 

BIBLIOGRAFÍA DESCARGABLE

Memorias de un impostor, Guillén de Lampart Rey de México. Vicente Riva Palacio.

Guillén de Lampart. La Inquisición y la Independencia en el siglo xvii. Luis González Obregón. Facsímil.

Guillén de Lámport y su Regio Salterio. Manuscrito latino inédito de 1655. Gabriel Méndez Plancarte.

Tres salmos inéditos de Don Guillén de Lampart, Citlalli Bayardi Landeros.

Protestantes enjuiciados por la Inquisición”, Pedro Gringoire.

-Las cárceles secretas de la Inquisición: las casas de Picazo durante la gran complicidad del siglo XVII, Gustavo Adolfo Guerra Reynoso.

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