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Covid-19 genera crisis y alejamiento de las religiones en Tlaxcala

En poco más de seis meses de confinamiento a causa de la pandemia mundial y el temor de adquirir en las reuniones, misas o celebraciones el contagio por el Covid-19, las religiones en Tlaxcala viven su peor momento en 500 años.

El cierre de las actividades afectó por igual a católicos como ha protestantes, metodistas, bautistas, pentecosteses, mormones, Testigos de Jehová, La Luz del Mundo y hasta a los practicantes del culto a la “Santa Muerte”.

La crisis económica vino aparejado al confinamiento, al dejarse de recibir los diezmos, las ofrendas y los multimillonarios ingresos que se reciben en todas las parroquias católicas de Tlaxcala; por supuesto sin pagar impuestos al SAT.

De esta forma se suspendieron todas las entradas económicas por bodas, bautizos, XV Años, presentaciones de los niños y niñas, confirmaciones, primeras comuniones, celebraciones de matrimonios, bendiciones de casa, autos y hasta medallitas.

También no hubo, ni hay oportunidad de tener ingresos en las misas de cuerpo presente o impartir los responsos y rezos, que también se cobran, ante el ultimátum de las autoridades.

Así muchos cuerpos se fueron directamente a la fosa o al horno crematorio, sin posibilidad de una despedida familiar, debido a que las muertes por Covid-19 causan que los contagios se multipliquen.

Los efectos fueron brutales, al grado de que en muchos casos se realizaban celebraciones en domicilios particulares y a puerta cerrada, que hicieron revivir la época de las misas en la clandestinidad.

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El precio fue alto, se perdieron vidas de ministros y sacerdotes y ni así se logró que los ministros acataran las indicaciones y recomendaciones de sus autoridades eclesiásticas.

También se dejaron de percibir millones de pesos por la ausencia de las peregrinaciones, principalmente en los santuarios de Ocotlán, San Miguel del Milagro y la Virgen de la Caridad, en Huamantla.

ALGO NUNCA VISTO

El impacto económico que causa -en estos momentos- la pandemia mundial en tierra tlaxcalteca, solo tiene antecedentes en el siglo pasado durante la recesión que al igual que ahora afecta mundialmente.

Apenas hace un año, era impensable la suspensión de las fiestas patronales en los municipios y sus comunidades, el, efecto es devastador tan solo por mencionar que se suspendieron las ferias de Tlaxcala, Chiautempan o Huamantla.

Mucha gente sufre porque en torno de estas ferias patronales se mueve gran parte de la economía de los tlaxcaltecas, miles de  familias ya se acaban sus bienes, luego de agotarse los ahorros en los primeros meses de la pandemia.

Nuestra economía está herida mortalmente porque las familias dependen y han sobrevivido de esta actividad, desde los  comerciantes, artesanos, panaderos, textileros, y toda la gente que acostumbra ganarse el pan con servicios y actividades en torno a las fiestas patronales y sus ferias.

Ni se diga toda la gente que vive de los bailes populares, los taxistas y prestadores de servicios como hoteleros, restauranteros, lo que explica la urgencia de cambiar el semáforo para mejorar la “nueva Normalidad”.

Los efectos son sin precedente en la historia moderna y lo peor es que la pandemia se va a prolongar, situación que mantiene en constante zozobra y angustia económica a los tlaxcaltecas.

SE MULTIPLICAN SEGUIDORES EN SECTAS EVANGELICAS

La representante de la Iglesia Metodista en Tlaxcala, Carmen Castellanos, considera que el avance de las corrientes filosóficas alternas a la católica ya rivalizan en número de fieles o seguidores, a tal grado de ser del 50 al 50 por ciento.

Dentro del pueblo evangélico hay diferentes denominaciones como los protestantes, metodistas, bautistas, pentecosteses, mormones y Testigos de Jehová, La Luz del Mundo y recientemente el culto a la “Santa Muerte”.

En diferentes ocasiones, la Diócesis de Tlaxcala ha manifestado su preocupación por mantener unidad a su comunidad que en el estado abarcaba a más del 90 por ciento de la población.

Refiere que el crecimiento de otras religiones en Tlaxcala ha repuntado en los últimos años, debido al trabajo de unidad a través de la sincronización de sus objetivos.

Pero sobre todo el acortamiento de las diferencias doctrinales que la comunidad cristiana evangélica ha llevado a cabo, así como su acercamiento principalmente en los hogares y atención a problemas sociales o personales mediante la orientación bíblica.

Explicó que cada iglesia está registrada ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y en la medida que las misiones crecen éstas alcanzan un estatus oficial y en Tlaxcala hoy por hoy se tiene presencia en los 60 municipios.

En tanto, el Pastor Joel Hermenegildo Alejo, ex presidente de la Alianza Estatal de Pastores, lamentó que “pese a la labor social que hacemos con la comunidad”, el respaldo que recibimos por parte de las autoridades aún es bajo”.

Los eventos públicos se tienen que costear con recursos propios, aunque para permisos a actividades “nunca nos han cerrado las puertas”, recpnoció.

Calculó que en el estado existen alrededor de 600 iglesias de metodistas, bautistas y pentecosteses, así como otras tantas de los Testigos de Jehová, mientras que en Tlaxcala capital es donde considera que existe una mayor cantidad de feligreses.

Sin embargo, habrá que analizar lo que arrojen las cifras sobre las creencias religiosas una vez que pase la pandemia y al paso que vamos se va a extender quien sabe hasta cuando, para conocer qué es lo que está pasando, si los creyentes se alejan o regresan con más fuerza.

AUMENTA EL CULTO A SANTA MUERTE EN TLAXCALA

Víctor Sánchez Zarate, guardián de la Santa Muerte, informó que en Tlaxcala, cada vez son más los devotos de la “Niña Blanca”, en esta ocasión se espera alrededor de veinte mil personas.

Desde el Primer Aniversario del Altar en Público, hay mayor acercamiento y devoción a la Santa Muerte como ha quedado demostrado en nuestros rosarios que celebramos los días 15 y 30 de cada mes.

Por su parte Miguel Sánchez González, primer guardián manifestó que la decisión de poner al público el altar de la Santa Muerte, es en agradecimiento personal y de su familia.

Pero también a petición de los devotos que muchos se iban a otros estados a venerar a la “flaquita”, como le dicen de cariño, para darle gracias por  los milagros que ha concedido a cada uno de nosotros.

 “Nosotros antes que nada  somos católicos, creemos en Dios, en los Santos, en las Iglesias e Imágenes,  no estamos peleados con ninguna iglesia, lo que hacemos es venerar a la Niña Blanca, por todos y cada uno de los milagros que nos ha concedido”, acotó.

Rosario N., quien tiene un negocio de verduras en el mercado 12 de Mayo de Apizaco, asegura que en su vida le ha ido bien en el culto a la Santa Muerte, tanto en su economía como en su vida íntima al lado de su esposo e hijos.

Incluso, cuenta con negocios estables y amistades duraderas.

De acuerdo con autoridades de Apizaco, 90 por ciento de las familias dependen del comercio establecido e informal, de ahí que en los altares y predomina San Martín Caballero, el patrono de los comerciantes.

Sin embargo,  gana terreno la figura descarnada y tenebrosa de la Santa Muerte.

De hecho hay un altar en Apizaco, “los días uno y tres de cada mes, muchas personas se reúnen para orar, ha ganado muchos adeptos, aunque todavía no es reconocida por la iglesia en México”, dice.

Asegura que ha recibido bendiciones de la Santa Muerte con las acciones que hace en forma constante, tales como misas y flores. “Aquí tenemos un altar, muchas personas vienen y le dejan un regalo como una muestra de agradecimiento por los favores que reciben”, aseguró.

En los mercados “Guadalupe” y “12 de Mayo”, así como en establecimientos de la céntrica Ciudad Rielera, existen comercios de estas características con permiso de la Dirección de Industria y Comercio.

En las tiendas se venden imágenes de bulto y esculturas de la muerte, y las hay desde cinco centímetros hasta del tamaño de una persona, con precios que van de los 20 pesos, hasta los tres mil pesos cada una.

Carlos García Montesinos, comerciante, afirma que un sector de la población tiene una incorrecta concepción de lo que es la “Santísima Muerte”, aunque admite que “hay personas que la utilizan para hacer el mal”.

Cuando tenemos la vida, es Santa, y cuando ya no la tenemos, la muerte también es Santa; cada día incrementa su devoción hacia ella, hace muchos años no creían, pero poco a poco la vienen siguiendo y su culto crece.

En ese mismo negocio ofrecen escapularios y rosarios de la religión católica, veladoras de diferentes santos y bálsamos variados que utilizan las religiones en Apizaco, cuenta con licencia de funcionamiento y permiso para trabajar.

Destacó finalmente que en algunas detenciones policiacas, la figura de la Santa Muerte sale a relucir entre pertenencias de gente relacionada con el tráfico de estupefacientes y otros delitos.

Es de señalar que entre sus códigos personales y de organización, aparece invariablemente esta enigmática figura con su letal guadaña que mantiene viva la idea de que la  pandemia es un jinete del Apocalipsis que cabalga y arrasa parejo.

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