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El Nuevo Reyecito Criollo

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Anolan Ponce /El Nuevo Herald (E.U.), 15 May

¿Alguien recuerda El Reyecito Criollo, las tiras humorísticas de Silvio Fontanillas Quiroga que aparecían en la revista Bohemia de la Cuba republicana? Eran sátira política y mostraban a Batista, entonces presidente, con capa, cetro y corona.

La popular caricatura encaja muy bien ahora en la persona de Miguel Díaz-Canel, el “escogido” por Raúl Castro para ocupar el puesto más visible en la estructura del poder cubano. Y es que la voluntad popular no fue consultada por ninguno de los dos; Batista debió su mando a un cuartelazo, y El Nuevo Reyecito Criollo a un dedazo.

El entronamiento de El Nuevo Reyecito Criollo ha generado un sinnúmero de artículos y comentarios. Y aunque la gran mayoría concuerda en que todo seguirá igual, en algunos se percibe un velado optimismo en la gestión que comienza Díaz-Canel, llegándose incluso a sugerir un retorno a la política de acercamiento de Barack Obama. Ese optimismo es infundado y está basado en lo abstracto y no en la evidencia a la vista, porque nada en la biografía de quien ahora ocupa la presidencia del Consejo de Estado de Cuba indica que pudiera ser un Mijail Gorbachov.

Comencemos porque Gorbachov poseía verdadero mando y liderazgo y escaló a la cima del poder por su propio esfuerzo, rodeándose de aliados que después le sirvieron como anillo de protección y apoyo a sus reformas. En comparación, El Nuevo Reyecito Criollo fue sentado en el “trono” por Raúl Castro, su séquito lo componen los más fieles seguidores de este, y el poder continúa en sus manos con su hijo en el control de las armas y su ex yerno con las llaves del cofre nacional. Es obvio que El Nuevo Reyecito Criollo no puede ser tomado en serio.

Por ello asombra la sugerencia de intentar un retorno a la política de acercamiento de Barack Obama, solo porque el “rostro” de la dictadura ya no es Raúl Castro. Esa política que injustamente se negoció sin reclamar un solo derecho para el pueblo cubano a favor de un legado para Obama, benefició exponencialmente al régimen, apuntalándolo en el poder y enriqueciendo a la élite militar. Las migajas que llegaban al pueblo no causaron una rebelión como predecían los “expertos”, sino una estampida de cubanos escapando a los Estados Unidos en riesgosa travesía a través de cinco países.

La política de acercamiento sin exigir concesiones fue, y es, contraproducente al retorno de la democracia en Cuba, y sobre ello escribí en mi columna La Historia justifica el embargoPerspectiva, Marzo 2015. Porque la Historia demuestra que fue precisamente la precaria situación económica de la URSS, una potencia nuclear con economía tercermundista, lo que forzó a Gorbachov a impulsar sus reformas bajo la presión de Ronald Reagan, quien exigió y obtuvo concesiones de parte de este.

Dedazo del dictador heredero. FOTO: martinoticias.com

El célebre filósofo alemán del siglo XVII Gottfried Leibniz sostenía la doctrina optimista de que “vivimos en el mejor de los mundos posibles” y “en este mundo todo ocurre para bien”. Ello se traduce a “lo que sucede conviene”. Pero el famoso Voltaire no estaba de acuerdo, y en su obra cumbre Cándido —un cuento filosófico que satiriza este optimismo— cuando Cándido después de pasar por múltiples penurias termina “hecho leña”, concluye que en esta vida “debemos cultivar nuestro huerto”. Quiere decir: debemos forjar nuestro propio destino.

Creo que quienes sienten cierto optimismo ante el cambio de rostro a la dictadura y proponen negociar un acercamiento al régimen, piensan como Leibniz. Otros, yo incluida, piensan como Voltaire. Sin embargo, la idea de negociar un acercamiento con El Nuevo Reyecito Criollo puede que tenga mérito, y estoy de acuerdo con ello siempre y cuando se cumplan tres condiciones, las mismas que exigimos para levantar el embargo: (1) liberación de todos los presos políticos, (2) legalización de todos los partidos políticos y (3) convocación a elecciones libres internacionalmente supervisadas.

Si El Nuevo Reyecito Criollo no lo acepta, entonces olvídense de Leibniz, acójanse a Voltaire, y canten con Benny Moré a Díaz-Canel: “Para qué perder el tiempo, para qué volvernos locos, si tú sabes que nosotros, no nos entendemos ya…

 

Escritora cubana y activista de los derechos humanos.

Link  http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article211124354.html

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