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Todos Podemos una Mancha Llevar

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Félix Cortés Camarillo /Excélsior (México), 26 Mar

Tiene razón Milenio Televisión en su promocional diciendo que la campaña hacia la Presidencia ya comenzó con el programa de 90 minutos en el que sentaron a Andrés Manuel López Obrador, el inconvocable, al lado de seis de sus columnistas y el director editorial.

Sí y no. Todos tenemos claro que la campaña comenzó hace mucho tiempo —para AMLO mucho más— sin importar la careta o el título que los idiotas de la ley electoral e Instituto Nacional Electoral quieran ponerle.

No hubo en la versión revisitada del programa Tercer Grado ninguna novedad. Ni de uno ni de otro lado. Resultó más bien aburrido. Irritó ciertamente a los conductores de medios electrónicos que han buscado, provocado, incitado a Andrés Manuel a acudir frente a sus micrófonos o sus cámaras. Pero eso pertenece al capítulo de las vanidades ofendidas.

Para mí lo importante es otra cosa y no se deriva del encuentro del dueño de Morena con periodistas a los que no dejaba hablar.

Para efectos reales, el Domingo de Resurrección comienza oficialmente la campaña electoral. Al ser informado de la resurrección de Jesús, dice El Buen Libro que Tomás, a quien llamaban el gemelo, les dijo “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, si no pongo mi dedo en esos agujeros de los clavos y si no pongo la mano en el costado, no creeré”.

Bueno, ésa es la historia de Jesús.

Para una mayoría relativa de mexicanos pensantes es obvio que de la flaca caballada que se presenta, el menos malo es José Antonio Meade Kuribreña. Debiera darnos vergüenza que su mayor mérito es que no tiene una larga cola que le pisen o un historial de corrupción que le publiquen como pasa con tanto gobernante en todos los niveles y con todos los otros aspirantes a suceder a Enrique Peña Nieto.

Que no se vengan a dar baños de pureza MargaritaEl BroncoRíos PiterAndrés Manuel o mucho menos El chico maravilla.

El problema con Meade, quien puede llegar a ser Presidente de la República, es que no se puede borrar el lunar que se llama precisamente Peña Nieto. Cada día que pasa sin que se distancie de los innegables rastros de corrupción que conculcó la administración federal actual es un bonche de votos menos por la esperanza y una aportación igual al voto del castigo, de la ira, de la venganza. Sea cual fuere el resultado.

Aquí no son importantes los millones de pesos que costará abandonar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, como valió madres la indemnización a los chinos por el proyecto de tren ligero que se canceló ipso facto.

Los promotores del megaproyecto de este sexenio tienen razón: A la capital del país le urge desde los tiempos de Vicente Fox un nuevo aeropuerto, moderno, funcional, a la altura de su nivel y sus necesidades. Fox fue zacatón y Calderón medroso. Peña, osado.

Pero Andrés Manuel tiene razón: El valle de Texcoco es el peor lugar para hacer el aeropuerto nuevo. Como la laguna de Tenochtitlán no fue el mejor lugar para una urbe que quinientos años después iba a ser casa de 25 millones de canijos.

Tampoco Santa Lucía es la solución para el puerto aéreo, pero el hecho es que ya se está gastando nuestro dinero en la edificación faraónica y que la marcha atrás va a ser más cara que la marcha hacia delante.

José Antonio Meade, quien se reconoce católico practicante, tiene a partir del lunes la oportunidad de una resurrección importante.

Solamente de él y de sus pronunciamientos depende su crucifixión. Aunque acabara flanqueado, como aquel, por dos ladrones.

 

 

Link  http://www.excelsior.com.mx/opinion/felix-cortes-camarillo/2018/03/26/1228586

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