Código Tlaxcala
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Roy en Tlaxcala (¿Dónde Quedó Serafín?)

 

La fama de Consulta-Mitofsky está bien acreditada en México; y tengo la impresión de que es justa pues ha descrito con buen tino el desenlace de muchas elecciones. Yerros oficiosos aparte, el récord de mediciones del despacho es de veras envidiable. Un caso de éxito.

Dicho lo anterior, agrego que la exitosa empresa de los actuarios Roy Campos y Marcelo Ortega enfrentará el próximo domingo 6 un reto difícil en el bucólico municipio de Tlaxcala. “Será rudo”, me digo mientras observo un tabulado difundido en la capital del estado por la casa de campaña del candidato favorito.

Los números de la encuesta de marras sobre la elección de presidente de Tlaxcala son los siguientes: Jorge Corichi, 41 puntos porcentuales; Claudia Pérez, 17; Anabel Alvarado, 15; a lo que siguen otros seis candidatos cuyos puntajes varían entre un máximo de 3.5 y un mínimo de 0.2 puntos. Si eliminamos a los indefinidos (mismos que desaparecen como tales el día de la votación) obtenemos un tabulado neto. Grosso modo el puntaje del puntero se acerca a la mitad de las intenciones de voto y su ventaja neta sobre la perseguidora inmediata alcanza 27 puntos.

Especial

 

Resumiendo -y dado un intervalo de error cercano a 9 puntos-, cabe inferir de dichas cifras que el candidato de MORENA ganará la alcaldía capitalina con una ventaja neta en torno a 20 puntos. La máxima rondará según los 32 puntos. Insisto: tales guarismos pondrán a prueba una vez más a un despacho que ha superado no pocos retos.

Sin embargo, el gráfico implica una anomalía notable: entre las barras de colores no aparece Serafín Ortiz, candidato del partido local PAC.

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¿Dónde quedó Serafín?

Posiblemente el exrector reposa en una discreta barrita de 1.7 puntos -ni siquiera barra, apenas una mancha de color gris oscuro- mal titulada “Otro partido” (debió decir “Otro candidato o partido”). Hay 15 candidatos en contienda por la capital, así que Ortiz se reparte con cinco contrincantes 8.5 cuestionarios de la muestra de 500. Una mota de polvo.

Empero nosotros obtuvimos otros datos -como dice un clásico vivo- en una encuesta asimismo domiciliaria recogida proporcionalmente en todas las secciones INE del municipio justo el 22 de mayo. Si bien no aplicamos la técnica para exit polls del mítico Warren Mitofsky, en compensación la encuesta CEMIDE se basa en una muestra más grande, 800 entrevistas.

No ahondaré en ello por hallarnos en veda, aunque sí que precisamente Serafín Ortiz aparece en nuestra encuesta a la cabeza de un pelotón de perseguidores junto con Anabel Alvarado -y un poco más rezagada, Claudia Pérez. Apenas a una tercera parte de la ventaja que Consulta-Mitofsky concede al mismo puntero.

Coincidimos en identificar al puntero, pero captamos una diferencia sustancialmente menor (apenas 7.5 puntos brutos, 9 netos). Y en un corolario a la vista: el escenario de atomización de voto en 15 candidaturas es propicio al gallo del partido más popular. Sólo juntándose podrían los perseguidores aspirar a la victoria. Emocionante. Una de las encuestas se está equivocando y por bastante.

¿Tendrá razón Consulta Mitofsky: Jorge Corichi ganará por más o menos 27 puntos de diferencia la presidencia municipal de Tlaxcala; y Serafín Ortiz difícilmente sumará 1 punto porcentual de la votación?

Estamos a horas del evento real que resolverá el misterio. Pronto sabremos dónde está en realidad Serafín Ortiz.

COHETERÍA

Campos y Ortega podrían objetar a lo arriba planteado la advertencia que encabeza todos los reportes de Consulta-Mitofsky (así la encuesta del pasado 21 de abril sobre gobernador de Tlaxcala): “nada garantiza que los resultados del presente informe sea (sic) los que prevalezcan a través del tiempo”.

Opino que es una precaución inútil y bastante pusilánime. Los pronósticos son cosa usual en medicina, deportes, casas de apuestas, economía, deporte, astronomía y las ciencias en general. Son parte de la vida cotidiana. Nadie pretende que sean ciencia exacta; y por lo mismo, es superchería pretender que toda encuesta sería solamente “la foto de un instante”. El investigador no debe temer al riesgo omnipresente de quedar en ridículo.

Tuve ocasión de discutir el tema con una compañera de facultad de Roy, la también actuaria María de las Heras (qepd) durante su visita al CIISDER de la UAT. Mientras, como suele ocurrir, el auditorio se deshacía en elogios desmesurados a los certificados y la merecida fama de la fundadora de Demoscopia, por mi parte quise aprovechar tan extraordinaria ocasión al fin de examinar el punto. El seminario de dos días empezó un viernes, por cuya mañana la actuaria -quien acababa de publicar Uso y abuso de las encuestas , exposición de su modelo analítico- nos presumió la puntería de sus encuestas de la elección presidencial del 2000. Comparaba los datos de la encuesta final con los datos oficiales de la votación, y sí, se parecían mucho. Los que más.

Especial

 

Sin embargo, por la tarde María retomó un prejuicio del libro mencionado, mismo que resumió en la frase (cito de memoria) “los encuestadores no somos augures que lean el futuro en las tripas de las aves”. Quedé estupefacto. Le recordé que por la mañana nos había presumido con toda justicia la puntería de sus encuestas del 2000, lo cual implicaba cotejar prevenciones demoscópicas con los datos de la votación real. Presuponía, pues, que su encuesta habría pronosticado el desenlace de los comicios. Infortunadamente tuvo algún inconveniente personal y ya no se presentó a la sesión del sábado. Un par de años después me dio gusto oírla decir en TV que los encuestadores (vuelvo a citar de memoria) “por supuesto que hacemos predicciones ¿si no entonces para que nos pagan?”.

Y por supuesto que no todas las encuestas deben ser examinadas o juzgadas como pronósticos. Mas el punto no se resuelve con prejuicios sino con más ciencia. Como se sabe, la ciencia aplicada se rige por hechos. Así lo asumió Roderic Ai Camp en el prólogo a un libro compilado por él (“Encuestas y democracia en México”), donde refiere en base a comparaciones de encuestas finales contra resultados de elecciones presidenciales de los Estados Unidos, que las encuestas de 15 días previos deben ser consideradas, en base a la experiencia estadística y no a la mera teoría, cual pronósticos.

La encuesta de Consulta-Mitofsky sobre la elección municipal de Tlaxcala se halla dentro de dicho rango temporal de los pronósticos. ¿A poco no es emocionante?

DUDA METÓDICA

En este momento, de 163 países sólo tenemos 19 democracias en el planeta que pueden considerarse realmente democráticas.

Thomas Metzinger, filósofo alemán

Mis reservas hacia AMLO mutaron al paso de los meses primeros en desconfianza aguda, declive derivado ahora, durante la pandemia, en temor. El calosfrío es casi siempre asimetría, desconexión, ignorancia de algo inminente que intuimos amenazante. Aunque esfuerce no puedo entender al presidente.

Peor incomprensión la mía: hasta donde puedo entender el presidente piensa como un asambleísta de la facultad de Filosofía de la UNAM de los años 70, cuando el proyecto comunista alcanzó su cenit en Vietnam y Nicaragua. Más de la mitad de la población del orbe vivía al terminar esa década bajo regímenes que habían inscrito la propaganda soviética (marxismo-leninismo) en sus constituciones nacionales y los estatutos de sus respectivos partidos únicos.

Lo grave del asunto es que habiendo caído por propio peso el imperio URSS -hoy reconstruido precariamente por Putin-, nuestro presidente siga atrapado (discursivamente hablando) en el asalto al Palacio de Invierno. Como si no hubieran transcurrido casi 103 años desde entonces con las consecuencias dadas a conocer a cuentagotas por los Trosky, Kruschev, Solyenitzin, Sajarov, Gorbachov y Yeltzin, entre tantos. Se conduce nuestro presidente como si viviéramos en 1959 (el columnista tenía 5 años) y no hubiera pasado en la realidad (énfasis necesario) lo que pasó en Cuba. Peor de los peores: tal vez el presidente ni siquiera pueda distinguir entre la isla bullanguera, progresista y creativa del narco-soldado Fulgencio y el gángster “Lucky”; del actual páramo -tan pobre como aquél- donde desde entonces sólo vale strictu sensu la voluntad absoluta de una familia.

No voy a discutir aquí la conocida narrativa de la izquierda latinoamericana aderezada de marxismo, leninismo, castrismo, pensamiento-maotsetung, algo de polpotismo y -agregado del nuevo milenio- una buena dosis de “chavismo”. El lector curioso entenderá mejor lo que quiero decir si se toma tiempo para ver una grabación singular. Lo grabaron en 2019 y muestra al presidente y su mentor Enrique Semo, un viejo ideólogo del Partido Comunista Mexicano (PCM), en las salas de Palacio que ocupaba la guardia presidencial. Yo vi un diálogo gallego entre el Poder y la Sabiduría. En tal orden, por supuesto.

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