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¿Peligra el Capitalismo? /Leonardo Morales (Las Américas)

 

El diseño de un mundo dominado por una élite global (dirigida por China y no Estados Unidos) comienza a dejar de ser una utopía y se esparce por todo el planeta. La dosificada y edulcorada imposición paulatina de un “sistema socialista moderno” – que destruya el capitalismo occidental- se acerca cada vez más a su consagración.

Con el lema central The Great Reseat (el Gran “reseteo” o el Gran Reinicio, como se quiera traducir), se realizó el Foro Económico Mundial o Foro de Davos, de forma virtual a finales de enero; en mayo –del 13 al 16- será el encuentro presencial en Singapur.

El régimen de China es ahora un eje teórico-práctico del planeta bajo el auspicio de la edulcorada afiliación futurista y la nueva revolución industrial [como ha dicho Xi Jinping] de líderes mundiales, monopolios financieros y tecnológicos.

Durante la inauguración del evento virtual, Jinping, secretario del Partido Comunista Chino, ofreció un discurso idílico y triunfalista mediante un manual de deberes y órdenes al resto de los participantes; y advirtió: “el mundo ya no será como antes”.

PANDEMIA, ESCENARIO PERFECTO

La pandemia, la mejor plataforma de propaganda y ejecución de los planes de la potencia asiática, ha sido el jaque mate de convencimiento para muchos. China construyó una nueva realidad en el 2020 para el resto del mundo y se ha vendido como la alternativa de salvación.

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Excepto EEUU – en ese momento bajo la administración de Donald Trump- Japón, Australia, Gran Bretaña e Israel, ningún otro líder internacional ha recriminado a China por su responsabilidad al ocultar la gravedad del virus, dejar salir de su territorio a millones de contagiados y restringir información válida sobre la enfermedad para el hallazgo de tratamientos de urgencia.

Ahora, el país donde se originó y se diseminó el virus por todo el planeta, es el salvador, el más eficiente a la vista pública; el único que hizo crecer su economía en medio de una pandemia.

China se autoproclama en el Foro de Davos ejecutor del desarrollo justo e inclusivo, pro-unidad y defensor de los derechos fundamentales. En la realidad ocurre lo contrario. Las presiones que ejerce Pekín sobre la nación soberana de Taiwán es apenas un ápice de la verdadera política hegemónica, represiva e impositiva de China.

El gran peligro no solo radica en el poder real militar y económico del gigante asiático, sino en la efectividad de sus recursos persuasivos e “injerencia encubierta” para diseminar su ideología.

CORRIENTES CONTRA EL CAPITALISMO

Marck Benioff, presidente ejecutivo (CEO) de la compañía tecnológica estadounidense Salforces en Silicon Valley, dijo en una de las intervenciones en Davos que “el capitalismo, tal y como lo hemos conocido, ha muerto”.

“El capitalismo, el que se ha practicado en las últimas décadas, con su obsesión en la maximización de beneficios para los accionistas ha dado lugar a una desigualdad horrible. Es hora de un nuevo capitalismo más justo, un capitalismo equitativo y sostenible que funcione para todos y donde las empresas, incluidas las tecnológicas, no solo toman de la sociedad, sino que realmente devuelven y tienen un impacto positivo”, dijo Benioff durante su alocución virtual.

El “capitalismo equitativo” -como manifiesta Benioff- no existe ni existirá, porque el capitalismo precisamente se alimenta y se desarrolla del ingenio, de las diferencias, de la creación y de la competencia; no por el control del gobierno ni el papel rector del estado en la economía. El espejismo de la equidad es una quimera que promulgan los socialistas y cuyo propósito final radica en el control de una cúpula de poder enriquecida sobre el resto de la inmensa mayoría empobrecida.

Precisamente de esa competencia capitalista el señor Marck Benioff es hoy un multimillonario exitoso con su empresa Salforces; gracias a esa misma competencia nacieron Amazon, Apple, Google, Facebook y millones de compañías que emplean a su vez cientos de millones de personas en el planeta. Si China no hubiese implantado la estructura de economía de mercado, hoy no hablaríamos de una gran potencia. El socialismo no solo fracasó en la Europa del Este, sino en cada país que lo ha practicado como Cuba, Venezuela, Norcorea. El Muro de Berlín no cayó para unirse al globalismo, sino por lo insostenible de un sistema socio-político opuesto al desarrollo inherente, a la propiedad privada y destructor del alto valor individual, de las infraestructuras socioeconómicas y de la estimulación humana a la superación en todos los aspectos de la vida.

Este tipo de manipulaciones y promesas irrealizables las emplean ahora élites de poder en el mundo alineadas con China para confundir y crear expectativas a millones de personas; demagogia y falsa esperanza con las que sobrevive el modelo socialista y los regímenes autoritarios en el mundo.

El Foro de Davos nace en 1971 en Ginebra (Suiza), como una organización sin ánimo de lucro “independiente, imparcial y no ligada a intereses concretos”. Su fundador es Klaus M. Schwab, un profesor de la Universidad de Ginebra.

Muy lejos ya de esas supuestas nobles intenciones, el Foro Económico Mundial es hoy la plaza para desangrar y desbancar a EEUU de su posición de líder internacional. Trazar pautas concretas para un nuevo orden mundial y eliminar el capitalismo occidental, la autonomía e independencia de las naciones [menos la china]; borrar la historia y tradiciones culturales de cada territorio mediante una fusión global, erradicar la propiedad privada y sustituirla por un esclavismo moderno de producción donde “tú no tendrás nada, pero serás feliz”; “Estados Unidos no será la primera potencia mundial, un puñado de países lo sustituirán”; “los valores occidentales serán puestos a prueba”. Estos son algunos lineamientos de la agenda 2030 del Foro de Davos.

Habría que ver si los grandes multimillonarios y grupos de poder en el mundo que comparten esta filosofía del globalismo entregan su dinero y propiedades al beneficio de la humanidad y se unen a la masa homogénea proletaria que proponen. “Todos los productos se habrán convertido en servicios. “No tengo nada. No tengo auto. No soy dueño de una casa. No tengo electrodomésticos ni ropa”… Según esta élite totalitaria, el ser humano dejará de ser propietario para convertirse en un receptor de lo que le provea el sistema (gobierno).

MUltilateralismo, caballo de batalla del dictador Xi Jinping. FOTO AFP

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A AMBICIÓN CHINA

El fundador del Foro, el economista y empresario alemán de izquierda, Klaus Schwab, alabó al secretario general del PCCh: “Tenemos que comenzar una nueva era global y contamos con usted. Muchas gracias, señor presidente, por esta declaración de principios y por recordarnos que integramos una comunidad global que comparte el mismo futuro común”, señaló Schwab al dirigirse a Jinping. Y el líder comunista aprovechó para su mensaje: “En China seguimos el camino hacia un país socialista moderno. Ahora desempeñaremos un papel más activo para fomentar una globalización económica mundial que sea más abierta, inclusiva, equilibrada y beneficiosa para todos”.

La doble moral y cinismo de China no convence aún a organismos como Amnistía Internacional que denuncia que el gobierno de Jinping ha elevado la represión, detenciones y encarcelamientos de los disidentes en Hong Kong. Igualmente, miles de médicos, científicos y periodistas que han escapado del régimen comunista informan de los secuestros y muertes de quienes se atrevieron a desafiar al PCCh y hablaron sobre el origen verdadero del coronavirus.

El mismo Jinping señaló públicamente que los doctores serían acusados de espionaje e incluso condenados con la pena de muerte, según la agencia de noticias japonesa Kyodo.

Varias ONG han denunciado reiteradamente el sometimiento y explotación de la minoría uigur, grupo étnico y religioso perseguido en China e internado en campos de concentración denominados “centros de educación ideológica y entrenamiento profesional”. Pero Xi Jinping concluyó el encuentro virtual de esta forma: “La senda a seguir es un nuevo gobierno mundial en el que China tendrá un gran peso”.

Muchos piensan que China respetará las libertades que proscribe en su propio país, que favorecerá el comercio justo internacional y sin trampas. La balanza parece inclinarse a la propia esencia del comunismo de “haz lo que yo diga, no lo que yo haga”. A esta conducta se enfrentó la administración Trump desde el primer día hasta que –luego de una guerra comercial de casi dos años- China accedió a un acuerdo comercial beneficioso para ambas partes y no de manera unilateral a su favor, como antes.

COMPLICIDAD DE GOBIERNOS

Sin embargo, el silencio de la canciller alemana Ángela Merkel y las declaraciones del presidente de Francia Emmanuel Macron hacen pensar que muchos avanzan por el camino del socialismo global. “El modelo capitalista, la economía abierta no pueden funcionar en este entorno”; el capitalismo ha garantizado hasta ahora el crecimiento, pero al precio de la desigualdad”, dijo Macron al referirse a la era de pandemia y postpandemia, y precisó luego: (…) “el mundo debe ir más allá de la hostilidad a la intervención estatal en la economía. El capitalismo daña el medio ambiente”.

El presidente Macron al parecer desconoce que China es el mayor contaminante del planeta en tierra, mar y atmósfera. Y que Xi Jinping continúa potenciando las industrias que marchan al frente de la emisión de gases de invernadero, como el carbón y los químicos sin ninguna supervisión y mucho menos control de organismos internacionales. El llamado Acuerdo de París le otorga a China un plazo de 13 años para que comience su proceso de saneamiento ambiental, beneficio del que ningún otro país cuenta, incluso ni EEUU ni India.

Por su parte, la asesora del Banco Mundial y doctora en Medicina comparte la teoría de que los hospitales tradicionales desaparecerán y “los bisturíes y los donantes de órganos serán obsoletos, será el tiempo de los diminutos tubos robóticos y los órganos bioempresas”, los vehículos autónomos evitarán los accidentes.

“Comeremos poca carne. A diferencia de nuestros abuelos, trataremos la carne como un lujo en lugar de un alimento básico”, escribe Tim Benton, profesor de ecología de poblaciones en la Universidad de Leeds, Reino Unido; mientras que Lorna Solis, fundadora y directora ejecutiva de la ONG Blue Rose Compass, dice que “los refugiados sirios de hoy, serán los directores ejecutivos de las grandes empresas del 2030”.

“REVOLUCIÓN CULTURAL”

Decenas más de estas teorías invaden hoy la mentalidad y formación de los jóvenes del siglo XXl. Los sistemas de educación en la mayoría de los países promueven su práctica. La internet y los monopolios de la tecnología aceleraron un proceso que veíamos muy lejano, pero que avanza entre nosotros bajo la dicotomía entre una vieja y retrógrada generación y una nueva generación, distanciadas de los valores, las tradiciones y estrechamente ligada a la cultura de integración en un bloque monolítico de pensamiento que desecha todo lo opuesto.

El éxito del Partido Comunista Chino ha sido no desperdiciar el tiempo. El enfrentamiento militar de naciones por más de medio siglo y el deterioro de sus economías; el desgaste de EEUU y otras potencias en exterminar el terrorismo y la amenaza nuclear, han sido el espacio perfecto para que China (alejada de todo conflicto armado y coalición) se dedicara a fortalecer su economía, su industria, su ejército, su tecnología y su labor de inteligencia en las principales potencias del mundo durante décadas.

China no solo ha empleado el espionaje como medio de protección soberana, sino como instrumento de penetración ideológica durante decenas de años mediante su “injerencia cultural” y comercio. El régimen asiático detectó en un mundo de conflictos militares y crisis económicas, la oportunidad perfecta para vender su ideología maoísta-socialista, hacerse poderosa y ofrecer la “salvación del planeta”, que en realidad sería la nueva “colonización del futuro”. La pandemia del 2020, intencional o no, le ha dado a China la oportunidad de consagración de todos sus planes.

 

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ENLACE

¿Está en peligro el capitalismo? /Leopoldo Morales, Diario Las Américas (EEUU), Febrero 15

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