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Patsy Amaro, o el Aprendizaje de Servir al Prójimo

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La fachada del hogar Berruecos-Amaro fue modificado hace un par de años al fin de instalar oficinas para los hijos que eligieron la abogacía como el papá Víctor Hugo. Charlamos con Patsy en su casa, en el centro de Santa Ana Chiautempan, a donde llegamos unos minutos tarde tras sortear varias calles en reparación.

Fuimos en busca de la filántropa, fotógrafa, periodista y orgullosa mamá de Víctor, Aristóteles, Emanuel y su favorita, Patsy II. “Se parece a Conchita. Como no existe la mujer perfecta ¡la tuve que hacer!” -presume cuando la bella joven se ausenta.

Largo rato hablamos de periodismo. De su gratificante experiencia con El Valor de Compartir, la revista con que Patsy coronó el oficio heredado del padre. “Pero nosotros no somos de los que se pelean con Hugo, Paco y Luis. Mi periodismo es de Sociales, la parte bonita de la vida” -acota.

-¿Qué opinas de las redes sociales?

“Son una herramienta de cuidado. A veces, pienso que es como darle a un adolescente una pistola” -replica de bote pronto

Como suele ocurrir cuando se trabaja sin agenda (¿y cómo no, si colega?), la charla animada por la propia anfitriona derivó en asuntos variopintos al paso de la tarde. En lo que sigue se ofrece al lector un ajustado resumen de la conversación con una interlocutora inteligente y divertida.

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AARÓN AMARO

CT Cruz Roja, Hospital Infantil, Smail Train, iglesia… ¿nunca se te acaba la pila? Dónde y cómo empezó tu interés en los demás.

PAR Comencé con mi papá.

CT  ¿Cómo fue?

PAR Él era colaborador de la iglesia, así empezó todo. Nos enseñó que lo que fuera cambio, morralla, lo debíamos poner en una botella, la tapaba y le hacía una ranura de alcancía por donde pudieran pasar las monedas pequeñas. Luego, cuando había juntado lo suficiente, nos íbamos al Pollos Toledo, en Puebla. ¡Hacían unos pollos que babeabas!

CT ¿Se los comían ustedes?

PAR ¡Claro que no! Papá compraba lo que alcanzara y nos íbamos a los barrios de Tlaxcala, a regalar pollitos casa por casa. Así ocurrió.

CT Debió ser un gran tipo.

La evocación paternal abre otra ventana hacia el afamado y exitoso fotógrafo tlaxcalteca. Aparece allí un joven ambulante que se ganaba la vida congelando la felicidad de los recién casados y de padres de bautizados. También su increíble historia de amor.

PAR Papá conoció a mi mamá, que vino a Tlaxcala de Veracruz, cuando ella tenía 15 años. Él era pobre, pero ella más. Conchita -¡ni se te ocurra decirle Concepción, te mataría!- acababa de quedarse huérfana con cuatro hermanos menores y el gobierno los quería separar. Entonces, para evitarlo se casaron.

 

Tengo entendido que durante cierto tiempo, uno o dos años, ya estando casados no consumaron el matrimonio. Su prioridad era otra, pues mi papá, de 22 años, trajo a su humilde casa a todos. A Darío, Manuel, Carlos, Juan y Alberto les dio el apellido, crecimos como hermanos. Por eso mis tíos llevan el apellido de mi papá pero no el de mamá.

CT Porque es su hermana-mamá.

PAR Alberto murió dos años después. Mi mamá estuvo inconsolable.

Es una historia maravillosa, creo.

CT ¿El periodista Darío Amaro?

PAR Ese mero.

 

CT Entonces te guiaste por el ejemplo de don Aarón…

PAR En parte. Siempre fui algo rebelde y desesperaba un poquito. Cuando tenía 12 ó 13 años, tomé conciencia de que es mejor dar que recibir, pero luego pensaba: “somos tantos aquí y mi papá aún sale a buscar a más para ayudar, regalando afuera y aquí en casa todos bastante cortos”. Pero entiendes que en la medida de dar Dios regresa, y mira, mi padre dejó un legado importante gracias a no dejar de creer que siempre se puede dar más.

 

CARTOLANDIA

CT ¿Cuánto tiempo llevas en la Cruz Roja?

PAR Más de 25 años. Siempre como voluntaria.

CT ¿Por qué la Benemérita?

PAR Supongo que porque a través de Cruz Roja se puede ayudar sin que nos cueste, y de maneras que de otra forma no podríamos.

CT ¿Dónde más te has metido?

PAR En Cartolandia.

CT ¿Es una colonia pobre?

PAR Está en los límites de Chiautempan, le dicen así porque la gente hace sus casas de cartón. Allí dirigí el CDI o Centro de Desarrollo Infantil. Reuní a los amigos y les pedí que cada uno adoptara un niño o una niña. Empezamos desde lo básico: enseñarles a leer, y los organizamos para vender su propia agua purificada.

Don Héctor Ortiz les puso pies de casa al lado pero las familias siguieron viviendo donde siempre. Los pies fueron para los hijos que se casaban. No han podido acabar con Cartolandia.

CT ¿Por qué fue tan importante para ti el CDI?

PAR Ese programa cristiano cambió mi vida. Descubrí que hay gente a la que la miseria mantiene atrapada, gente pobre en lo económico y también espiritualmente.

 

Cuando entregué, teníamos a 420 niños tutelados por familias. Allí coincidí con Lorena Cuéllar. Ella también desde muy joven quiso ayudar al prójimo, desde mucho antes de entrar a la política.

CT Cuando no se ha sido pobre se idealiza la pobreza, como si fuera un estado de gracia que nos hiciera mejores…

PAR En el CDI apoyamos a niños de 3 a 12 años y supimos de cosas que te marcan. Hablamos de niñas que vienen de familias donde las violaron y las hicieron mamás a los 11 y 12 años. Personas que rompen a llorar cuando las escuchas o abrazas porque no se creen dignas de afecto. Algunas tan desvalorizadas, que aun siendo creyentes no se sienten merecedoras del amor o el perdón de Dios. Es tremendo.

 

FUNDACIÓN DE PALADAR HENDIDO

CT ¿Dónde andas ahora?

PAR Actualmente formo parte de la Fundación de Paladar Hendido. La trajo a Tlaxcala el Dr. Blas Domínguez, nos faltaría tiempo para hablar de lo que ha hecho este doctor. Viene de Smile Train (Tren de la Sonrisa), una organización global sin fines de lucro que opera gratuitamente a niños con la malformación.

La SESA pone sus instalaciones, los doctores la mano de obra y la Fundación se encarga de las comidas y el hospedaje a los familiares. También invitamos a nuestros amigos, como el Dr. Fernando Bretón que les presenté, un cirujano plástico a cargo de lo estético, una parte muy pero muy importante. Así como Fernando hay 12 médicos de todo México dispuestos a hacer las operaciones gratis. Son un grupo maravilloso, fruto del impresionante trabajo del Dr. Domínguez.

FATALIDAD DE LA POLÍTICA

CT Te recordamos como suplente de una candidata a diputada federal. ¿Por qué entrar a la política, Patsy?

PAR Porque si tú no te metes con la política, la política se mete contigo. Se lo escuché decir a alguien, aplica en ciertos casos.

CT ¿Tanto así?

PAR Mi esposo preside en nuestro municipio un partido político local, pero Víctor y yo siempre hemos sido de tierra, de los que trabajamos abajo. Además, esa experiencia al lado de Alejandra hace cuatro años me permitió ver las bondades de la política.

CT ¿Tiene la política algún lado bueno?

PAR La verdad es que sí, aunque siempre depende en qué manos está. Lo cierto es que siempre, los que logran hacer la diferencia son los que están en la silla. Por eso es un deber participar para mejorar las cosas.

SINE DÍE

CT ¿Eres una mujer realizada -o te falta algo?

PAR Las dos cosas. Me casé con quien quise, tuve los hijos que quise y los amo. Poco deseo, y lo que deseo lo deseo poco. Me siento una mujer plena. Si algo quiero hacer ahora, es poder apoyar, pero de veras, a las mujeres.

A que se reconozcan valiosas. Las mujeres multiplicamos el amor, las virtudes: todo el potencial de la familia. Somos las que damos esperanza. ¡Somos chingonas!

Me siento viva. Y, como todos, todavía tengo otro sueño pendiente.

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