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Patriota, Cómplice o Bufón

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Vicente Echerri /ElNuevoHerald.com (EE.UU.), 30 Jun

Este martes, el piloto de la policía venezolana Oscar Pérez atacó desde un helicóptero las sedes del Tribunal Supremo y del Ministerio del Interior, dos bastiones del gobierno chavista, al tiempo que difundía un mensaje subversivo en las redes sociales. Pérez, que, además de ser oficial de fuerzas especiales, ha trabajado de actor, hacía un auténtico performance en el cielo de Caracas en el que no hubo muertos ni heridos. Un acto más bien simbólico que hoy es tema de discusión de los bandos en pugna en Venezuela.

Para el desprestigiado gobierno de Maduro se trata de un terrorista y agente de la CIA que se propuso orquestar un golpe de Estado. Algunos portavoces de la oposición han dicho, por el contrario, que no pasa de ser un montaje del gobierno para justificar nuevas medidas represivas. El piloto, entre tanto, no obstante lo mediático que es y su afición a divulgar su imagen, parece haberse esfumado como un fantasma travieso. De momento el show sirve para acentuar la ya crispada situación de Venezuela. Si esto favorece a la causa de la cada vez más audaz y poderosa oposición popular o le presta argumentos al régimen ha de verse en los próximos días. De momento no está del todo mal que haya ocurrido.

Lo malo, en mi opinión —no se vaya a confundir el lector— no es el presunto acto terrorista del policía Pérez, sino que haya sido tan inocuo y tan fútil. De haber querido hacer algo serio y eficaz, debía haber aprovechado alguna reunión pública del presidente Maduro y su plana mayor y haber ametrallado minuciosamente la tribuna. Entonces hoy sería el héroe de los venezolanos y de mucha otra gente. Un auténtico libertador cuyo retrato yo tendría en mi escritorio para que me sirviera de diaria inspiración. Tal como ha sido —y si bien es muy pronto para opinar con rotundidad— toda la acción y sus secuelas tienen aires de farsa, en abierto contraste con la valiente resistencia de la oposición que lleva dos meses en la calle y que ha pagado su tesón con varias decenas de muertos.

El gobierno del presidente Maduro, cuyo creciente nivel de impopularidad hace su gestión cada vez más precaria, se aferra desesperadamente a un poder que se le reduce por días mientras lo muestra no sólo como un dictador, sino como un dictador fantoche, alguien que, no obstante sus esfuerzos por hacerse temer y sus bravuconadas de barrio, suscita, sobre todo, repulsión y vergüenza.

El chavismo no está llamado a perdurar. La Historia nos enseña más bien que su fin es ineluctable, aunque el desastroso experimento, librado a las torpes manos de Maduro, podría tener un final catastrófico y traumático para toda la sociedad venezolana, con la cual la opinión continental no se muestra aún lo suficientemente solidaria, gracias a unas cuantas republiquetas subsidiadas por el petróleo que los mandantes de Venezuela le roban a su pueblo.

La situación aún tendrá que agravarse, antes de que llegue a cambiar y la memoria de la revolución bolivariana vaya a archivarse, como un fracaso más, al rincón de los ensayos socialistas, que es casi lo mismo que el basurero de la Historia. Para entonces ya habremos podido opinar sin reservas si la acción del piloto Oscar Pérez esta semana fue un gesto simbólico para galvanizar la oposición, un recurso del régimen para acrecentar la intolerancia o un mero acto fallido de una persona sedienta de notoriedad.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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