Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Para Servir, no Para Servirse

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El Estado tiene como fin el bien común, mediante un orden jurídico que debe basarse en la justicia y que establece normas que otorgan derechos y obligaciones que deberán cumplir los individuos y los grupos que integran la sociedad.

El fundamento del Estado es la sociabilidad, ya que el ser humano, aparte de la vertiente individual que lo hace diferente de todos los demás, tiene una vertiente social que lo lleva a la convivencia que le permite poder satisfacer necesidades que exigen mucho más que el esfuerzo personal y lo hace crecer y desarrollarse y así realizar plenamente sus capacidades.

A través de la historia, la humanidad ha ensayado diversas formas de estructura política y la larga experiencia ha demostrado que la mejor forma de gobierno es la democracia, porque reconoce la igualdad de todos los hombres con base en su dignidad y por otra parte, reconoce el pluralismo, es decir, la libertad de cada quien de pensar de manera diferente y, por tanto, de alcanzar el bien común de la sociedad por distintos medios.

La democracia no es el sistema óptimo, adolece de muchas desventajas, pero no cabe duda que es la opción que va más de acuerdo con la libertad humana y es el sistema que privilegia la tolerancia, el respeto mutuo, el diálogo y la vía pacífica para alcanzar el desarrollo.

Hay que insistir en que la razón de ser del Estado, el fin que lo explica es el bien común. Pero no hay que entender el bien común como la suma de los bienes particulares ni tampoco como el bienestar de la mayoría.

Por bien común debe entenderse las condiciones que en forma organizada permiten y promueven el crecimiento de todo el hombre y de todos los hombres.

Cuando se habla de que un verdadero Estado se esfuerza por lograr la igualdad de todos, esto no quiere decir quitarle a los ricos para bajarlos a la condición de los pobres y que todos terminemos en la pobreza. Se trata de garantizar a todos la igualdad de oportunidades para que cada quien las aproveche y las utilice para su desarrollo. Es, por consiguiente, igualdad de oportunidades para todos.

Desde la antigüedad el hombre siempre ha luchado por el poder, porque ha visto el poder como prerrogativa, como pedestal, como recompensa y botín y como una manera de privilegiar la soberbia y el dominio sobre los demás.

Esta tendencia de obtener el poder como instrumento de dominio produjo en la historia reciente los totalitarismos que dejaron una estela de absurdas locuras, de increíbles matanzas y de crueldades inmensas.

Si tomamos en cuenta que el fin del Estado es el bien común, el poder que es necesario en toda sociedad porque así lo requiere el ordenamiento político-jurídico de la misma, no debe jamás entenderse como un fin en sí mismo, ni tampoco como el uso de la fuerza para imponerse arbitraria y despóticamente sobre los demás. La única razón del poder que se hace gobierno es propiciar la existencia de las condiciones jurídicas, económicas, políticas y culturales que permitan a cada integrante del Estado cumplir el destino que libremente haya escogido. El poder es para servir y no para servirse de él.

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