con información de excelsior.com
Su imagen y la de su padre, Josh, recorrió el mundo hace dos años y en ella ambos mostraban dos cicatrices idénticas en la cabeza: la del niño, que era real; la de su progenitor, era un tatuaje.
No me gustaba que se llamara a sí mismo un monstruo, porque para mí es hermoso», explicó Josh Marshall al medio local KWCH 12.
Esa fue la forma en la que Josh le enseñó a su hijo que no tenía que sentir vergüenza por una marca en la cabeza.
La foto se volvió viral y recibieron muchas solicitudes de medios de todo el mundo que querían escuchar su historia.
Seis meses después, el tumor cerebral volvió y, poco a poco, le quitó la vida.
El menor, que en ese entonces tenía siete años, luchaba contra un extraño tumor cerebral que le habían diagnosticado en 2015 y que acabó con él el pasado 2 de febrero.
En una publicación de Facebook el padre de Gabriel escribió que se “había ganado sus alas”.

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