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Ministra Prescindible /Juan Carlos Girauta (España)

 

La ministra de Educación, sin ir más lejos, no sirve para nada. No es por la persona: parece que Celaá sí hizo algunas cosas siendo consejera vasca del ramo. No sirve para nada porque su ministerio se hace el muerto, no quiere existir.

El nombre del departamento es agradecido; nunca nada tan inútil se ha designado con palabras más impresionantes. Las oye cualquiera y se cree que está ante algo gordo. Cualquiera que no sea español, o que no conozca la estafa del Estado autonómico: talar lo común y regar de privilegios los terruños acotados. Flores del mal.

Tú miras a Castells, el de Universidades, que tampoco da un palo al agua, y ya ves lo que hay. O sea, lo que no hay, porque el hombre, demostrando la coherencia del verdadero intelectual comprometido, ha desaparecido del mapa. Hace bien. El tiempo es oro, e ir para nada es tontería, que diría Mota. No se me ocurre modo más ejemplar de mantener a través del tiempo ese sentido de compromiso a la francesa, de cuño sartreano.

Castells sostiene que el mayo del 68 empezó en su clase, no donde estudiaba sino donde enseñaba como jovencísimo profesor. Bueno. Aquel trastorno es el receptáculo donde fueron a caer las ideas de un par de generaciones de marxistas notables, premiados todos por azotar al sistema que los idolatró. En el receptáculo se mezclaron bien esas ideas, se calentaron a fuego lento y salió un narcótico cuyos efectos perduran. Si Castells, antes de huir, se enseñaba en los salones con improbables camisetas, era para recordarnos su papel en aquel rito.

Nada parecido mueve a Celaá. O debería decir que nada parecido la inmoviliza. A ella no la verán con una camiseta de Humana. Está convencida de que lo adecuado es aquietarse. Así se mantiene fiel a la consejera que fue. Las cosas serias, para el terruño. Ahí es donde se proponen políticas, se trabaja, se obtienen resultados. No en el Gobierno central, donde procede convertirse en estatua. No hablar para que no te hagan trabajar, como aquellos hombres involucionados de Macedonio Fernández que fascinaban a Borges.

Isabel Celaá, educada por jesuitas, fue elegida diputada en 2018 y luego Pedro Sánchez la designó ministra de Educación y portavoz de su gobierno. (elperiodico.com)

 

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Insté una decena de veces a Celaá (y a su antecesor pepero) a detener dos atentados contra la libertad y la igualdad: el adoctrinamiento en la escuela catalana (y otros territorios donde florece el odio) y el incumplimiento de las sentencias del TC en materia de lenguas vehiculares. Los sucesivos ministros de Educación se encogen, callan, remiten -cual funcionarios de ventanilla- a las excusas de gobiernacos que usan la escuela para la construcción nacional. Con todo, el ministerio sigue contando con la Alta Inspección. ¿Qué hará con ella? Por no molestar a los nacionalistas, la tiene desnutrida, pálida y sin fuerzas.

Para gestionar la vuelta a los colegios en plena pandemia, asunto que debería quitarle el sueño, recomienda Celaá el uso de las bicicletas, que, como todo el mundo sabe, son para el verano. Para eso, mejor no ir. Como Castells.

 

 

ENLACE

Ministros prescindibles / Juan Carlos Girauta, ABC (España), Agosto 29

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