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Mejores Elecciones, sí. Ahora, Mejor Gobierno

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En los últimos 20 años, después de cada jornada electoral, se plantean nuevas reformas electorales, argumentando que hay imperfecciones que hay que corregir.

Tenemos ya un sistema electoral más avanzado que el de Estados Unidos, por decir lo menos. Desde que se ciudadanizó el que era el Instituto Federal Electoral (IFE), fue modelo para otros países del mundo. Si hubiéramos registrado la marca, México hubiera obtenido ingresos por ello.

Desafortunadamente, no se logró la ciudadanización de los órganos electorales de las entidades federativas. No en todos los casos fue y es igual, por lo que se buscó que lo que era el IFE, ahora INE, tuviera injerencia en los procesos electorales locales, situación que no ha dejado satisfechos a sus promotores, en tanto las reformas tampoco profundizaron la referida intervención en los procesos locales.

El caso es que en tanto los órganos electorales sigan siendo instrumentos partidizados o no autónomos, cualquier reforma que se realice, no bastará para que alcance autoridad y credibilidad, y tales déficits son generados por los mismos actores políticos, pues ni los hacen autónomos y luego quieren que actúen con independencia.

Se insiste en nuestros déficits democráticos o el déficit de la democracia. Ciertamente hay mucho trabajo por hacer y mucho camino por recorrer, en tanto como Democracia, no hemos alcanzado todavía la pubertad.

Luis Rubio, en el diario Reforma, el 25 de junio pasado, nos revela: “La incipiente democracia mexicana está en problemas porque tiene un sistema electoral mucho más avanzado que el sistema de gobierno existente. A México le urge una reforma cabal del gobierno para que los gobernantes que sean electos trabajen para la ciudadanía, resuelvan los problemas y creen condiciones para el desarrollo del país. Nada de eso es electoral…”

Desde los años 80´s del siglo pasado, se planteó la necesidad de realizar una Reforma de Estado, por ello fue que empezó a caminar la idea de un órgano electoral autónomo. En 1990 nace el Instituto Federal Electoral, dependiendo de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), cuyo titular era a su vez el presidente del IFE y fue apenas en 1996, que el titular de la SEGOB, dejó de ser el presidente del órgano electoral federal.

En tal sentido, Rubio tiene razón. Electoralmente avanzamos a partir de ahí, vertiginosamente. Fíjese, en 1996 se ciudadanizó el IFE, inmediatamente al año de su ciudadanización, hubo elecciones para legisladores federales y por primera vez en la Historia del país, la Cámara de Diputados quedó integrada por fracciones parlamentarias minoritarias, pues ningún partido político alcanzó la mayoría absoluta y en el año 2000, en solo cuatro años, se produjo también por primera vez,  la alternancia en el Poder Ejecutivo Federal.

Con la alternancia a nivel federal, en la ciudad de México, en entidades federativas, en los municipios y en distritos locales y federales, nuevamente se fortaleció la idea de una Reforma de Estado, para que la alternancia fructificara en un nuevo sistema político, con vocación de cogobierno, en tanto diferentes fuerzas políticas participaban gobernando en los tres niveles de gobierno.

La multiplicidad de fechas electorales en el territorio nacional, parecía imposibilitar los acuerdos entre las fuerzas políticas, fue así que se acordó ir homologando el día de la jornada electoral en los tres niveles de gobierno.

Así hemos venido electoralmente, de reforma en reforma, hasta llegar a 2014, con el cambio en la denominación y facultades del actual Instituto Nacional Electoral.

Como en todo proceso de cambio, porque México ha cambiado, hubo ganancias con la alternancia, también hubo pérdidas. Entre las ganancias, deben destacarse las que tienen que ver con la Transparencia, es decir, el acceso de cualquier ciudadano a la Información Pública y la Rendición de Cuentas obligada y obligatoria para todo servidor público.

A la par de las conquistas anteriores, logradas por los ciudadanos, hubo otras que tienen que ver con los Derechos Humanos, en todo el país, pero en particular, en la ciudad de México, lo que como quiera que sea, han llevado a México país, a dar un salto enorme en la materia, sobretodo porque no hay vuelta atrás.

A pesar de encontrarnos en un momento previo a una elección presidencial, las condiciones están dadas para generar acuerdos que procuren gobernabilidad inmediata posterior a la elección, cualquiera que sea el resultado, en tanto todos los actores y fuerzas políticas se sometan a la ley.

También y en paralelo a dichos acuerdos, ir construyendo, dándole forma al nuevo México, con instituciones cuyas acciones se llevan a cabo sin pausa alguna y conforme a derecho, por ello, es imperativo actualizar y renovar las instituciones que no están actuando conforme a su mandato, de tal forma que tengan eficacia plena y actúen para todos y todas. Es decir, apresurar la reforma de Gobierno, para que las decisiones sean más compartidas entre gobernantes y gobernados, y todos sujetos a la ley. México ya no depende de una persona. Vivimos en un México global e impele, obliga a todos y todas, actuar en consecuencia.

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