Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan
b2

La Sociedad Según Shaw y Borges / Roberto Alifano (España)

 

Conjugar de un modo armonioso los fundamentos de una convivencia social equitativa, solidaria y justa es una ardua tarea que alguna vez fue impulsada por escritores, pero que la política tiene aún por resolver. No es novedad que en el campo de las ideas la confrontación suele ser inconciliable; el solo hecho de que un principio benefactor se le ocurra a la corporación enemiga, es motivo suficiente para descalificarlo. John Milton, el poeta y ensayista inglés, conocido especialmente por su poema épico El paraíso perdido, fue un entusiasta de la democracia, un paradigma de los buenos propósitos y acaso el mayor propagandista de la célebre proclama de la Commonwealth of England (Mancomunidad de Inglaterra), un frustrado sistema de gobierno republicano que pretendió establecer los principios de una desarrollada convivencia en el Reino Unido y, posteriormente, en Irlanda y Escocia​.

En idéntico sendero de principios humanitarios y justicia social, hacia fines del siglo diecinueve, el inquieto dramaturgo George Bernard Shaw, cautivado por los ideales socialistas, encabezó en Londres la fundación de la Sociedad Fabiana, cuyo nombre fue tomado de Quinto Fabio Máximo, el denominado “Cunctator” (que significa “el que demora o el que retrasa”), un general de la antigua Roma que había conseguido frenar los avances del invasor cartaginés Aníbal, desgastando su ejército y aplicando una táctica similar al hostigamiento de guerrilla, hasta cortarle las vías de aprovisionamiento de víveres y derrotarlo.

Inspirados en esta experiencia, los socialistas fabianos, a diferencia de Karl Marx, que predicaba el cambio brusco y revolucionario mediante la lucha de clases, partían de una idea de evolución gradual de la sociedad hacia otro orden comunitario, y apostaban por el trabajo discreto y las reformas que conducirían poco a poco a un sistema de gobierno más justo y acorde con las necesidades de la gente. Partiendo de este principio, los fabianos se caracterizaron por su pragmatismo, alejándose de ideas utópicas, lo que los llevaba a prestar atención únicamente a las vías concretas que el cambio social imponía frente al avance de la Revolución Industrial.

Shaw, fundador del fabianismo. FOTO expansion.com

 

El socialismo consistía para ellos no en un movimiento revolucionario, sino en el desarrollo y la evolución de las instituciones existentes en un sentido solidario. En cuanto a la organización de la futura comunidad, los fabianos admitían la coexistencia entre las formas de propiedad pública y privada, en tanto los hombres sean -y seguirán siendo- “tal y como son ahora”, según lo expresaba el grupo encabezado por Shaw.​ El objetivo central era acabar concretamente con la desigualdad, el desorden económico y los abusos provocados por el incipiente capitalismo, impulsando la extensión de la sanidad y la educación gratuita para todos los ciudadanos, así como la regulación detallada de las condiciones de trabajo para acabar con la lacra de la explotación infantil y los accidentes de trabajo.

De este lado del Océano, Jorge Luis Borges, devoto lector de George Bernard Shaw y admirador de su genio literario en el campo de la dramaturgia y su original sentido del humor, le dedicó páginas esclarecedoras y exhumó las ideas políticas del escritor irlandés. En mi libro Cuadernos Borges, aún inédito, pero próximo a ser publicado por la Editorial Renacimiento de Sevilla, reproduzco un diálogo que mantuvimos al respecto con el autor de El Aleph. Fue en las lejanas épocas en que yo colaboraba con él y llegaba a su departamento, casi siempre con la ansiedad de comentarle sobre algo que, como empecinado curioso que soy, había descubierto. Sus pareceres eran para mí invalorables y luminosos. Qué mayor privilegio podía tener yo que disponer de la sabiduría de Borges. Así empezó el diálogo de aquella mañana:

Acceso a la actual Sociedad Fabiana. Fundada en 1884, dio base al Partido Laborista británico. (Wikipedia)

 

“Le quiero comentar sobre un texto que descubrí anoche en un viejo libro que, descuento, usted debe conocer. Me refiero a Thepartysystem, una suerte de pequeño volumen o solicitada que está firmada por los integrantes de la Fabian Society (Sociedad Fabiana) y figuran los nombres nada menos que de Bernard Shaw, Hilaire Belloc, G. K. Chesterton, H. G. Wells, Graham Wallas, el joven George Orwely, las primeras feministas Charlotte Wilson, Sidney Webb y Beatrice Webb”.

“Ah, sí -asintió el memorioso Borges-, todos eran miembros de la Fabian Society, antecesora del Partido Laborista Inglés. En ese documento, creo recordar que se ofrecía a los británicos un camino ético para impulsar el cambio social cuya base se debía establecer a través de una serie de ideas evolucionistas”.

Visiblemente complacido, apoyándose en el bastón e irguiendo su cabeza, Borges prosiguió:

Directorio de la sesión de 1886-1887. IMAGEN cabezademoog.blogspot.com

 

“Yo conozco ese documento. Lo leí cuando era muchacho; me lo descubrió mi padre, que fue partidario de la Sociedad Fabiana. También eran épocas en que con mi padre nos enfrentábamos por cosas tan menores como son las opiniones; aunque en ese aspecto estuvimos en todo de acuerdo. Nosotros vivíamos en Europa y ese grupo británico había encabezado el primer intento de oponer a la palabra ‘revolución’, una más adecuada, según creo yo; me refiero a la palabra ‘evolución’. Para mí es un gusto evocar aquellos tiempos; de manera que se lo agradezco y le voy a pedir que me lo lea. Todas las personas que usted nombró formaron parte de ese movimiento por la paz y la solidaridad humana que también se llamó Liga Distributista -y completó Borges, no sin emoción-. ¡Cáa-ram-ba, qué bueno que usted me reviva esas cosas, se lo agradezco! ¡Qué lástima que esas ideas nunca se llegaron a concretar!”.

Noté de inmediato que Borges tenía mucho para opinar sobre la Sociedad Fabiana y aquella proclama, y lo tenté para que lo haga. Diría que casi no fue necesario pedírselo; gustoso, el poeta dio mayor explicación a lo que yo le había leído:

“La intención de esos poetas y escritores era terminar con la partidocracia, que fue nefasta en el Reino Unido durante la época de la Revolución Industrial. ¡Bue-ee-no, salvando distancias, podríamos decir que es más o menos como sucede aquí, en la Argentina (y sonrió con un gesto de complicidad). En ese texto, ya casi olvidado, estos famosos escritores empiezan afirmando que para que haya justicia social debe tenerse esencialmente presente una medida humana que señale el rumbo y establezca las bases. Lo cual es esencial para el avance de cualquier comunidad”.

Borges con Ernesto Sábato, colega y gran amigo. FOTO pinterest.com.mx

 

“Luego señalan que la familia es el arquetipo de esta medida y todo parte de ella -agregué yo retomando la lectura del documento-. Es decir, que una sociedad en la que no se puede contar con un número de familias hecha a la medida del ser humano, puede resultar negativa para cualquier intento. En otro párrafo se señala que cuando los hábitos de la corrupción se han arraigado hasta convertirse en una costumbre nacional, es preciso eliminarlos de raíz. Y siguen diciendo: Consideramos nosotros que previamente a la aplicación del llamado ‘Sistema Distributista’, es fundamental un pacto por la decencia y la verdad que, sin duda, no será agradable para ciertos sectores que viven de las prebendas del Estado; pero todo cáncer precisa una cirugía para ser extirpado. De esta manera filosa y concluyente, lo consideramos los abajo firmantes”.

“Eso está muy bien -asintió Borges-. Sin embargo, la ambición de los hombres no ha permitido que se concreten esas ideas. Yo creo que en la palabra ‘evolución’, que a mí me gusta más que ‘revolución’, está buena parte de la clave de todo. ¡Pero, qué le vamos a hacer, Alifano, los hombres somos incorregibles y por eso nos va tan mal!”, terminó por lamentarse.

“Si usted me permite, Borges, yo voy a recordar aquella frase de Quevedo, que usted repite muy seguido y creo que viene bien para ilustrar este caso: Me dices que ves mal el mundo; te digo que ves el mundo”.

“Tiene razón Quevedo -aceptó Borges-. Todas las épocas han sido y serán parecidas; aunque, claro, lo difícil es siempre lo contemporáneo, lo que debemos enfrentar en el día a día”.

La opinión de Borges sobre ese gran precursor que fue George Bernard Shaw la podamos resumir en el párrafo que le dedica en un artículo publicado en la revista Sur. Con su lucidez habitual, relacionándolo a la consabida situación argentina, define al escritor irlandés de un modo incomparable:

“Los temas fundamentales de Shaw son la filosofía y la ética: es natural e inevitable que no sea valorado en este país, o que lo sea únicamente en función de algunos epigramas. El argentino siente que el universo no es otra cosa que una manifestación del azar, o el fortuito concurso de átomos de Demócrito; la filosofía no le interesa. La ética tampoco: lo social se reduce, para él, a un conflicto de individuos o de clases o de naciones, en el que todo es lícito, salvo ser escarnecido o vencido”.

 

+ Título, selección de fotos y pies de foto, por CT.

 

ENLACE

La sociedad organizada según Shaw y Borges /Roberto Alifano, El Imparcial (España), 1 Julio

¿Qué opinas?
Cargando...