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La Revolución Imparable de las Mujeres

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Diana Baccaro /Clarin (Argentina), 8 Mar

Hay días en los que viene bien tener a mano la receta de la sopa.

Apenas hay que remontar la memoria hasta la cocina de la infancia donde humeaba el caldo de verduras que cocinaba la abuela. Lo recomienda el escritor valenciano Manuel Vicent, quien asegura que con sólo asomarse a ese lejano aroma alcanza para recordar de dónde venimos y enderezar los días que se presentan torcidos. El humo que sale de una sopa real, dice Vicent, nos iguala a todos: a príncipes y a mendigos, a señores y a lacayos, a ricos y a pobres. También, claro, a hombres y a mujeres.

Agarrarnos fuerte de aquel aroma tal vez sirva hoy no sólo para recordar nuestra niñez, como los mejores años de la vida, sino para ponernos en el delantal de la abuela y revolver su pasado como ella lo hacía con la cuchara en la olla repleta de zanahorias, acelgas y espinacas. ¿Todo pasado fue mejor?

En su época, ellas tenían toda la responsabilidad doméstica, la crianza de los hijos y la maternidad era casi obligatoria. En 1930, el 70% de las poquísimas mujeres que trabajaban fuera del hogar eran enfermeras o docentes. Y ninguna podía votar. Recién en 1937 se presentó ante el Congreso el primer proyecto de despenalización del aborto, pero nunca llegó a tratarse: buscaba atenuar el castigo “cuando obedeciere al propósito de ocultar la deshonra”.

¿Qué pensarán nuestros nietos de nosotras, las mujeres, cuando tiren del hilo de la memoria y entren a nuestras cocinas? ¿Qué recuerdos se elevarán con el humo de la cacerola? Si es cierto que la sopa a todos nos iguala, habrá que empezar a usarla para extender esa receta a toda la sociedad y educar a las nuevas generaciones en la igualdad.

La marcha de ayer al Congreso no es una marcha más. Y seguro no será la última. Es parte de una revolución imparable de mujeres. El reclamo de aborto legal potenció la convocatoria, en la que se reclamó también por la paridad laboral y contra la violencia de género. El pedido se repitió en 150 países. Es que las mujeres están dispuestas a no dar ningún paso atrás en el camino que supieron construir en la lucha por sus derechos. Y confían en avanzar por los que aún faltan.

Los hombres tomaron nota de que esa ruta va en una sola dirección. Y saben del daño que les puede provocar quedar en el ojo del huracán #MeToo. Saben también que un chiste machista ya dejó de ser chiste. Ayer, por caso, tuvo que renunciar un fiscal de Río Negro que había mandado a las mujeres a limpiar y cocinar para “festejar” el Día de la Mujer y el 8M. “Este jueves pueden dedicarse a limpiar, cocinar y planchar. Todo el día tienen”, publicó en su cuenta de Facebook. Y ante una masiva reacción en las redes sociales debió salir a pedir sus “más sinceras disculpas”. También tuvo que pedir perdón Nicolás Repetto luego de preguntarle a una joven que había sufrido acoso si estaba “vestida de manera sexy”.

El presidente Mauricio Macri, que hace cuatro años dijo que “a todas las mujeres les gustan los piropos, aunque sea ‘qué lindo culo que tenés’”, anunció ayer el envío de un proyecto de ley “de equidad de género”, que incluye 10 días de licencia corridos por violencia de género y 15 días de licencia por paternidad, entre otras medidas.

¿Qué pasó en estos cuatro años? Desde las marchas NiUnaMenos, pasando por la conciencia en el dolor por tantas muertes, hasta la alfombra roja de Hollywood que se tiñó de negro, la sociedad cambió e impuso una nueva agenda a la política que va más allá de las ideologías.

Como la sopa de la abuela.

 

Link  https://www.clarin.com/opinion/revolucion-imparable-mujeres_0_S1jyKSyKf.html

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