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Inflación, Covid, Ucrania /Armando Montenegro (Colombia)

 

La inflación, adormecida durante muchos años, revivió en todo el mundo por la dislocación de las cadenas de suministro causada por el COVID-19 y se intensificó en 2022 como consecuencia de la guerra en Ucrania.

Las cifras son impresionantes. En Estados Unidos llegó al 8,3 %; en la zona del euro, al 7,4 %; en Chile, 10,5 %; México, 7,7 %; Brasil, 12,1 %, y en Colombia ya supera el 9 %. Como el alza de los precios les roba el poder adquisitivo a las personas, los gobiernos hacen esfuerzos para evitar el impacto político de un fenómeno que empobrece a millones de personas.

Cuando surgió el brote inflacionario, la primera reacción fue la negación. Se dijo entonces que se trataba de un fenómeno transitorio que se iba a arreglar por sí solo y que, en consecuencia, no había que hacer casi nada. Pronto, sin embargo, con distintas velocidades y énfasis, las autoridades de todas partes tuvieron que tomar medidas.

Han emprendido cuatro tipos de políticas.

El primer tipo, ortodoxo, es el alza de las tasas de interés por parte de los bancos centrales para contener una demanda desbordada que acelera el aumento de los precios, en buena parte importado del exterior. Casi todos los países, con diferentes intensidades, ya han elevado las tasas de intervención. En Colombia, esta tasa, que era del 1,75 % en septiembre pasado, ya va en 6 % y probablemente llegará hasta el 9 % en los próximos meses. Aunque efectiva, el costo de esta política es un menor crecimiento económico.

El segundo es la congelación subsidiada de algunos precios regulados por los gobiernos, una medida que tiene un alto costo fiscal. Impedir el aumento de los precios de los combustibles ha sido una iniciativa seguida en varios países, en forma notable en México y Colombia, donde la decisión de no elevar el precio de la gasolina se tomó aparentemente por razones políticas. Se calcula que el costo de esta decisión podría llegar al 3 % del PIB y le complicará notablemente la vida al próximo gobierno.

Inflación global, mediados 2021. GRÁFICO eleconomista.com.mx

 

El tercero es el control administrativo de algunos precios de bienes y servicios del mercado. El gobierno argentino lo intenta en la actualidad, con un discurso populista contra las empresas y pésimos resultados, pues la inflación ya casi llega al 60 % anual. En México, AMLO promueve una especie de controles voluntarios negociados con las empresas, también con escaso éxito. En Colombia, hasta ahora, no se ha intentado este camino.

La cuarta ruta habla confusamente de garantizar la soberanía alimenticia, de tal forma que se promueva la producción local de alimentos para que los países no estén expuestos a los vaivenes de los precios internacionales. El problema es que la medida escogida para incentivar la producción nacional sería el aumento de aranceles, lo cual atizaría la inflación e incrementaría la pobreza. En las condiciones actuales, forzar en los trópicos la siembra de productos de zonas templadas, donde se cultivan en extensos terrenos planos y con tecnologías avanzadas, solo podría lograrse a punta de mayores precios para los consumidores.

La lucha contra la inflación apenas comienza y será larga y difícil. Las autoridades tendrán que enfrentar la realidad de que, a causa de la guerra en Europa, la oferta mundial de alimentos va a mantenerse reducida durante varios meses antes de comenzar a mejorar. Y su efecto se sentirá duramente en nuestro medio.

 

 

+ Título de portada, selección de fotos y pies de foto, por CT.

 

ENLACE

Avanza la pandemia /Armando Montenegro, El Espectador (Colombia), 29 May

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